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Gustavo Martínez
24 de Octubre del 2016

Prestando atención a la voz de su Señor

Rev. Gustavo Martínez

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”. Juan 8:47.

Uno no puede dejar que su mente se llene de diferentes conceptos u opiniones, cuando ya se ha acudido a Dios y tenemos una Palabra de parte de Él, y sabemos qué es lo correcto y qué es lo que debemos hacer y qué no debemos hacer. Por eso no podemos estar dando oído a otras voces, tenemos que apartarnos de aquellas voces, no permitir que otros vengan a desubicarnos; porque a veces estamos andando bien y otro viene y susurra, y nos desubica, porque nos da un mal consejo, y salimos desubicándonos y dejando atrás el proyecto y las cosas que teníamos que hacer.

Por eso hay que saber a quién acudimos, a quién oímos, saber que la verdadera oveja conoce la voz de su pastor, la voz del Señor, y que no importa cuántas voces se acerquen, usted reconoce una voz y es la de Dios, porque vive en una familiaridad, en una intimidad con Dios, que no es posible equivocarse. Hay muchos queriendo imitar la voz de Dios, pero esa es solo una, la voz de Dios no trae confusión, no desubica, la voz de Dios es la luz que tenemos que seguir.

Así que, una persona tiene que concentrase, prestar atención a la voz de Dios. Cuando usted ve en los dos constructores, que nos habla Mateo 7:24-29, ellos escucharon cómo tenían que construir sus casas, pero solo uno hizo conforme escuchó y edificó la casa sobre la roca y cuando vino la crisis este permaneció firme, pero el otro escuchó igual las instrucciones, pero al aplicarlas no tuvo en cuenta algunas cosas como edificar sobre roca, entonces cuando vino la prueba fue grande su ruina.

Hay que saber a quién oímos, cómo oímos. El profeta Samuel le dijo a Saúl: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22). Por eso hay estar con el oído atento, hay que entrar donde podamos oír solo la voz de Dios, donde Él se pueda manifestar. Amén.

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