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Gustavo Martínez
12 de Octubre del 2017

Alcanzar al Mundo con el Evangelio

Rev. Gustavo Martínez Garavito

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”  Mar 16:15-18.

Le saludo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Espero que se encuentre disfrutando de las bendiciones del Creador y que siga creciendo y avanzando.

Dios ha responsabilizado a Su Iglesia de alcanzar al mundo con las buenas nuevas de salvación, por lo que la Iglesia debe procurar llegar a todas las personas a su alrededor, estableciendo nuevas congregaciones y apoyando a otros para que puedan ir a lugares distantes, ya sea dentro o fuera de su país.

La fuerza dominante en la obra misionera es la Iglesia local. Si la Iglesia se encuentra en constante crecimiento, entonces habrá hombres y mujeres dispuestos para ir al campo misionero. Todo esto exige un esfuerzo unido y voluntario para poder obtener resultados positivos y para cumplir con la gran comisión. Es responsabilidad de la Iglesia local formar y enviar misioneros, además de apoyarles tanto en oración como económicamente.

Una de las cosas que detiene la labor misionera es la falta de voluntad y disposición para servir. Lamentablemente, mucho pueblo cristiano ha puesto lo material como una prioridad y, precisamente, esto ha provocado que lo espiritual pierda valor y significado. Los jóvenes de la Iglesia, en general, se inclinan en buscar cosas que les produzcan ganancias por lo que muy pocos disponen su vida para el servicio de la Obra del Señor. Muchos de ellos se encuentran tan entretenidos en sus labores cotidianas, que no son capaces de dedicar ni tan solo una hora para la predicación del Evangelio.

La obra misionera debe estar en el corazón de la Iglesia y de cada creyente. Los apóstoles fueron hombres que tenían la visión de Dios, una gran compasión por los perdidos y sabían gemir por el dolor humano. Esta labor les fue encomendada con el fin de agradar a Dios y no para la exaltación personal; labor que realizaron con disposición y entrega. A ellos no les importaban los deseos personales, sino sólo ser instrumentos útiles al Señor para llegar a la humanidad; trabajando con afán y fatiga, noche y día, porque conocían por experiencia propia lo que predicaban y sentían.

Ore con todo el corazón, trabaje con intensidad y pasión, declarando con convicción la victoria del Señor. Amén.

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