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Escrito por Impacto2
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lunes, 23 de agosto de 2010 |
“Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer”, Habacuc 3:2.
En el año de 1904 algo ocurrió, la ciudad de Gales estaba envuelta en una llamarada. La nación se había alejado de Dios. Las condiciones espirituales eran, ciertamente, muy bajas. La concurrencia a los cultos era muy reducida, y el pecado imperaba en todas partes. Repentinamente como un inesperado huracán, el Espíritu Santo se extendió en todo el país. Las Iglesias se llenaron de gente a tal punto que no había espacio en ellas para contener a todo el público que quería concurrir, las reuniones proseguían desde las diez de la mañana y todo el resto del día. Diariamente se celebraban tres servicios. Evan Roberts fue el instrumento humano, jamás había sucedido nada en Gales que hubiese dado tremendos resultados. Se convertían los incrédulos y los borrachos, los ladrones y los jugadores se salvaban, y millares volvían a la vida honrada y respetable. Por todas partes se oían confesiones de horrendos pecados; se pagaban viejas deudas, los teatros se cerraron por falta de público. Las mulas de las minas no querían trabajar, pues no estaban acostumbradas al buen trato; en el curso de cinco semanas, 20,000 personas se adhirieron a las Iglesias.
En el año de 1835 Tito Coan desembarcó en las playas de Hawái, durante su primer viaje grandes multitudes concurrieron a oírle. Le acosaban de tal modo que no tenía tiempo ni para comer. En una ocasión predicó tres veces antes de desayunar. En el curso de un año se añadieron a la Iglesia 5,244 personas. Se efectuaron 1,705 bautismos en un solo domingo y 2,400 personas que antes habían sido pecadores de la peor clase, ahora eran santos redimidos por la gracia de Dios. En la fecha que el señor Coan partió de Hawái había bautizado a 11,960 personas.
Oremos y comprometamos nuestro corazón para ver ese tipo de avivamiento. ¡Esa es la clase de despertar que debemos tener!… Que Dios abra nuestros ojos espirituales y podamos ser sensibles para que no pase desapercibido la poderosa mano de Dios, porque sería triste que el Espíritu Santo cambie su residencia por nuestra negligencia y nuestra apatía espiritual. |
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Escrito por Impacto2
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viernes, 20 de agosto de 2010 |
“Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y les contó Faraón sus sueños, mas no había quien los pudiese interpretar a Faraón”, Génesis 41:8.
Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y envió e hizo llamar a todos los magos, y a todos sus sabios; y les contó Faraón sus sueños, mas no había quien los pudiese interpretar.
El rey más poderoso de su tiempo estaba turbado y preocupado, consultó todos los medios que estaban bajo su autoridad, y no pudieron darle respuesta.
Era sin embargo importante y vital que entendiera lo que había visto en aquellos dos sueños. La interpretación correcta de estos era la clave para la preservación de su vida así como la de su nación. Esta era una hora decisiva, se había rodeado de magos y sabios en previsión de eventos como este, “mas no había quien los pudiese interpretar...”
La humanidad se encuentra hoy frente a la encrucijada de los tiempos. Las naciones y los gobiernos están tomando y están por tomar decisiones que van a cambiar el curso de la humanidad. Algunas de esas decisiones están operando ya y han mostrado sus errores e imperfecciones. Hoy, existen multitudes de consejeros, asesores, comisiones y una lista interminable de hombres y mujeres que están ocupando posiciones claves en las más altas esferas de los países, así como en las organizaciones internacionales, pero el caos sigue creciendo en el mundo.
Hay una multitud de consejeros matrimoniales, pero la familia está alcanzando las cumbres del fracaso; hay más sociólogos, psicólogos y psiquiatras que nunca; pero los narcómanos, los psicópatas, los asesinos en serie han aumentando. No estamos enfrentando un enigma, ni un sueño como Faraón, estamos viviendo una realidad alarmante y aterradora.
Satanás ya no se oculta ni se esconde, se presenta a la luz del día, es seguido y admirado por las multitudes. En las librerías hay otro libro de “Harry Potter” (el niño brujo), se han impreso millones de ejemplares y multitudes de niños las han adquirido. Es impresionante ver que de todas las nacionalidades, de todas las lenguas y razas los niños y adolescentes están fascinados por ese personaje.
Esta niñez se ha rendido a un personaje que representa la brujería y el satanismo, en las escuelas estos libros son presentados en el curso de Literatura. Los niños cristianos que no quieran leer este libro de brujería serán tildados de fanáticos y de incultos. ¿Es esto un sueño? ¡No! Es una espeluznante realidad.
Faraón buscó la respuesta en su palacio, entre sus aduladores y asalariados, pero, “no había quien los pudiese interpretar...” La respuesta vino de la institución más baja de su reino, no del palacio real, sino de la cárcel. En aquella donde se encerraba la escoria del reino, a los ladrones, los sediciosos y los asesinos. Pero la respuesta se encontraba en ese lugar, en efecto, había allí un inocente detenido injustamente, un hombre de Dios fiel, justo, afable e inquebrantable en su fe y carácter, este tenía la respuesta, la revelación que nadie podía darle a Faraón.
Pablo declara enfáticamente: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”, Romanos 1:18. Los hombres han detenido injustamente la verdad, la han encarcelado, pero la Palabra de Dios no puede ser encerrada, ella está hablando hoy con toda autoridad. “La Palabra de Dios no está presa”, 2 Timoteo 2:9.
¿Amado, se halla usted frente a un sueño que se ha tornado en una pesadilla? ¿Está usted buscando respuestas que no tienen magos, brujos, clérigos, psicólogos o científicos? ¿Por qué no busca en Dios la respuesta que necesita? Sólo Dios puede abrirle las puertas del futuro y de la esperanza.
¡Dios le bendiga! |
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Escrito por Impacto2
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martes, 13 de julio de 2010 |
La Biblia nos narra en 2 Samuel 24:14-25: “Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres. Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo. Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga de Israel”.
Para el pueblo de Israel el sacrificio era fundamental, diariamente se debía derramar sangre de animales a fin de que los pecados de la nación fueran cubiertos. Sin embargo, tras entregar Su vida en sacrificio perfecto por la humanidad, Cristo entró una vez para siempre en el Tabernáculo de los Cielos, y Su sangre limpia del pecado a todo aquel que se rinde a Sus pies.
Dios es digno de que le ofrezcamos lo mejor en el momento indicado, y Él se reserva el derecho de rechazar un sacrificio que no le es agradable. Por ejemplo, Dios miró con agrado tanto a Abel como a su ofrenda, mas a Caín y su ofrenda la rechazó (Génesis 4:5). Caín sabía que Dios no había aceptado su sacrificio y se enojó en gran manera por ello.
En los versículos que citamos del libro de Samuel, la historia nos proporciona un modelo de lo que significa ofrecerle a Dios un sacrificio valioso y no gratuito. Este compromiso ha de estribar en un acto voluntario, y nadie tiene que obligarnos o presionarnos a hacerlo, porque, entonces, ese sacrificio involuntario no será agradable a Dios.
Dios quiere que le ofrezcamos un sacrificio según Sus ordenanzas, y no a nuestro gusto o capricho. Cuando hacemos las cosas como queremos, Dios tiene que quebrantarnos para que entendamos que no tenemos el dominio sobre nuestra vida, sino que Él lo tiene.
Arauna jebuseo quiso regalarle al rey David todos los elementos del sacrificio, mas David no quiso aceptarlo ni ofrecerle a Dios una adoración barata y sin costo. Asimismo, tarde o temprano llegará a nuestras vidas la tentación de ofrecerle al Señor un sacrificio de adoración barata y gratuita. Por supuesto, la naturaleza humana es muy propensa a buscar la comodidad, y está deseosa de que le entreguen todo en las manos sin tener que pasar ningún trabajo.
En estos días los creyentes piden oración por fortaleza espiritual o para que Dios rompa las ataduras en su vida. Sin embargo, ¿quién dijo que el cristiano debe recostarse de otros mientras no está orando? Sin duda, muchos creyentes llevan una vida cristiana barata y cómoda, con muchos paseos y diversiones, sin una búsqueda genuina del rostro de Dios.
La fortaleza espiritual sí llega a nuestras vidas, pero en el momento cuando nos ponemos a orar y a escudriñar las Escrituras. De igual manera, hay ataduras y amistades que nosotros mismos debemos romper voluntariamente en el nombre de Jesús.
En ciertas ocasiones, nosotros no somos quienes hacemos el sacrificio, pero nos queremos llevar la gloria como si lo hubiésemos hecho. David no permitió que Arauna entregara el sacrificio que él tenía que ofrecer a fin de parar la mortandad en Israel. Es muy fácil apropiarnos de lo que no nos ha costado nada, de las lágrimas de otros, del sudor de otros, de los sufrimientos de otros, y luego afirmar que todo lo logramos nosotros solos.
Lo barato y lo fácil no le agrada a Dios, es una ofensa querer darle a Dios aquello que nos sobra o lo que no tiene valor. El rey David había entendido este concepto, y por lo tanto, no quiso ofrecer nada que no le costara un esfuerzo y precio.
A Dios hay que darle lo mejor, con voluntad, con amor, en obediencia, con esfuerzo y sacrificio. |
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Escrito por Impacto2
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viernes, 25 de junio de 2010 |
 Las circunstancias que determinan una sociedad como la nuestra, sin Dios, sin valores, ni principios, no pueden condicionarnos o hacernos menguar, negar o retroceder a nuestra fe y fidelidad hacia nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Un ejemplo digno de seguir es la conducta de Daniel, quien se conservó firme en medio de condiciones adversas, sin retroceder, sin ser infiel, ni claudicar en el más mínimo principio que había aprendido de la ley de Dios.
Daniel vio cuando su ciudad fue conquistada, el templo destruido y quemado; y los elementos de adoración, los utensilios, fueron tomados. Ver el templo en esas condiciones donde él y muchos otros habían experimentado la presencia del Dios vivo, el lugar donde la nube de Jehová había habitado, era algo muy terrible. Además la situación en la que Daniel y sus tres amigos fueron llevados cautivos a Babilonia donde trataron de cambiar su cultura e identidad, se les dio un nuevo nombre y se les ordenó ciertas cosas que ellos no querían hacer.
Cualquiera que no estuviera cimentado en Dios, se hubiera vuelto incrédulo ante todo esto y diría: “¿Dónde está el Todopoderoso que no pudo evitar que un ejército destruyera su casa y robara sus utensilios?”.
Daniel pertenecía al linaje real de los príncipes. Este hombre no era del “vulgo”, había sido educado y capacitado para gobernar, posteriormente, en Jerusalén. La visión que le fue transmitida, a través de sus antepasados, estaba orientada en el liderazgo, enfocada a un futuro próspero. Desde niño lo prepararon con todo el protocolo que exigía la ocasión.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, contaba con una proyección “futurista”. La Biblia detalla que, cuando conquistó Jerusalén, dio indicaciones a sus criados: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” Daniel 1:3-4. Este rey pensaba en el futuro: “Si esta gente es capacitada en todo lo necesario, mi gobierno será fuerte”. Muchas veces se falla por falta de conocimiento, formación y ciertos principios que no se han fundamentado en nuestras vidas.
Daniel, tenía una conducta irreprensible, había sido adoctrinado en la ley, adorando al verdadero Dios, no postrándose ante ídolos, ni hombres. Contaba con capacidades para el desempeño a nivel administrativo. Era un hombre sabio, inteligente, capaz de estar en cualquier palacio. Tres años fue el plazo que Nabucodonosor estableció para que estos jóvenes fuesen instruidos en las letras y lengua de los caldeos. Pero en medio de una sociedad pagana, Daniel se fijó una meta: crecer en la vida espiritual con determinación. Crecer tiene que ser el resultado de una determinación sólida e inamovible en nosotros.
Nada puede ocupar el lugar que merece la vida cristiana y nuestra relación con Dios. Debe existir una determinación: “Voy a buscar a Dios, voy a disciplinarme, nadie me va a quitar ese tiempo”.
Aunque le cambiaron el nombre, le inculcaron otra cultura, le quisieron imponer una religión extraña, condicionándole a cierto estilo de vida, Daniel no se dejó condicionar, se mantuvo y dijo: “Voy a serle fiel a Dios, cueste lo que cueste”. ¿Por qué este hombre es digno de imitar? Porque en el tiempo de la crisis reveló lo que era y a quien amaba.
Daniel determinó no apartarse, no contaminarse, ni descarriarse del camino de Dios y no se dejó llevar por la influencia extranjera. Para poder servir a Dios, usted no puede ser de “doble ánimo”, no puede servir a dos señores; al único que tiene que rendirle cuentas es al Señor. Él está buscando un liderazgo sólido, sano, muerto al mundo, crucificado con Cristo, que aborrezca la avaricia. Dios quiere fidelidad, hombres y mujeres de doctrina, identificados con su Palabra.
Tome hoy la determinación de honrarle por encima de usted mismo, de su familia. Vuelva a la vida de fidelidad, oración y consagración. |
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