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UN ACTO VALIOSO Y COSTOSO Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto2   
jueves, 17 de diciembre de 2009
Rev. Gustavo Martínez GaravitoPara el pueblo de Israel el sacrificio era fundamental, diariamente se debía derramar sangre de animales a fin de que los pecados de la nación fueran cubiertos. Sin embargo, tras entregar su vida en sacrificio perfecto por la humanidad, Cristo entró una vez para siempre en el Tabernáculo de los Cielos, y su sangre limpia del pecado a todo aquel que se rinde a Él.

Dios es digno de que le ofrezcamos lo mejor en el momento indicado, y Él se reserva el derecho de rechazar un sacrificio que no le es agradable. Por ejemplo, Dios miró con agrado tanto a Abel como a su ofrenda, mas a Caín y su ofrenda la rechazó (Génesis 4:5). Caín sabía que Dios no había aceptado su sacrificio y se enojó en gran manera por ello.

“Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres. Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo. Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel”, 2 Samuel 24:14-25.

En el libro de Samuel (2 Samuel 24:14-25), la historia nos proporciona un modelo de lo que significa ofrecerle a Dios un sacrificio valioso y no gratuito. Este compromiso ha de estribar en un acto voluntario, y nadie tiene que obligarnos o presionarnos a hacerlo, porque, entonces, ese sacrificio involuntario no será agradable a Dios.

Dios quiere que le ofrezcamos un sacrificio según sus ordenanzas, y no a nuestro gusto o capricho. Cuando hacemos las cosas como queremos, Dios tiene que quebrantarnos para que entendamos que no tenemos el dominio sobre nuestra vida, sino que Él lo tiene.

Arauna jebuseo quiso regalarle al rey David todos los elementos del sacrificio, mas David no quiso aceptarlo ni ofrecerle a Dios una adoración barata y sin costo. Asimismo, tarde o temprano llegará a nuestras vidas la tentación de ofrecerle al Señor un sacrificio de adoración barata y gratuita. Por supuesto, la naturaleza humana es muy propensa a buscar la comodidad, y está deseosa de que le entreguen todo en las manos sin tener que pasar ningún trabajo.

En estos días los creyentes piden oración por fortaleza espiritual o para que Dios rompa las ataduras en su vida. Sin embargo, ¿quién dijo que el cristiano debe recostarse de otros mientras él no está orando? Sin duda, muchos creyentes llevan una vida cristiana barata y cómoda, con muchos paseos y diversiones, sin una búsqueda genuina del rostro de Dios.

La fortaleza espiritual sí llega a nuestras vidas, pero en el momento cuando nos ponemos a orar y a escudriñar las Escrituras. De igual manera, hay ataduras y amistades que nosotros mismos debemos romper voluntariamente en el nombre de Jesús.

David no permitió que Arauna entregara el sacrificio que él tenía que ofrecer a fin de parar la mortandad en Israel. Es muy fácil apropiarnos de lo que no nos ha costado nada, de las lágrimas de otros, del sudor de otros, de los sufrimientos de otros, y luego afirmar que todo lo logramos nosotros solos.

Lo barato y lo fácil no le agrada a Dios, es una ofensa querer darle a Dios aquello que nos sobra o lo que no tiene valor. El rey David había entendido este concepto, y por lo tanto, no quiso ofrecer nada que no le costara un esfuerzo y precio.

A Dios hay que darle lo mejor, con voluntad, con amor, en obediencia, con esfuerzo y sacrificio.