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CONDICIONES DE DIOS PARA CUMPLIR SUS PROMESAS Imprimir E-Mail
Escrito por Impacto2   
martes, 16 de febrero de 2010
Rev. Álvaro GaravitoPor: Rev. Álvaro Garavito, Oficial Internacional del M. M. M.
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra”, Éxodo 19:5.

En el tiempo que vivimos oímos muy frecuentemente a las personas apoderarse de las promesas de Dios, y todos anhelamos esas promesas. Oímos aún personas caídas de la gracia, que encontramos en todas partes y no se les ve ningún tipo de testimonio ni por dentro ni por fuera. Sin embargo cuando se les habla, muchos toman el nombre de Dios en vano. Dios pone condiciones en todas las miles de promesas que usted encontrará a través de las Sagradas Escrituras; pero sino antes después de la promesa, viene la condición, no hay bendición sin condición. Dios tiene en sus manos el poder, Él es el dueño de los cielos, de la tierra, del mundo, del oro, de la plata y de todo lo que en existencia hay.

Dios tiene la facultad de ejecutar lo que Él quiera, pero la promesa con la cual el Señor se compromete es veraz, verdadera y eficaz, y todo hombre mentiroso (Romanos 3:4). El hombre se caracteriza por la facilidad de prometer, pero cuando se trata de Dios, las cosas cambian categóricamente. Cuando Dios promete, su promesa se cumple. Por tanto “cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:4-5). Si el Señor hiciera la promesa de llenar cierto lugar, la misma conllevará una condición y un compromiso, porque todos seremos participes de tal bendición. Si no nos movemos no habrá promesa. Por tanto, las promesas no se cumplirán si nosotros no cumplimos la condición.

La Palabra comienza diciendo esta frase: “pero si en verdad oyeres su voz”. Hay muchos grupos y congregaciones que les gusta oír la música, las alabanzas, y son agradables; pero cuando viene el compromiso de escuchar la Palabra de Dios, se levantan y se van, “si en verdad oyeres su voz”. Si oyes atentamente su voz algo ha de acontecer, si guardamos su Palabra y la ponemos por obra entonces se cumplirán esas promesas. Satanás que conoce esto, siempre estorbará para desviar la atención. El compromiso comienza con la necesidad y la responsabilidad de oír a Dios, sea dura la voz, sea una orden, una exhortación, una reprensión, hay que estar dispuestos a oír su voz. La Palabra dice: exhorta, corrige y reprende, pero las reprensiones no gustan a todo el mundo. La segunda condición es: “Si hicieres todo lo que yo te dijere”. Hay personas que trozan la palabra, que quitan la condición y añaden la bendición para ellos, diciendo cosas que Dios no ha dicho.

Si usted está dispuesto a oír la voz de Dios y hacer lo que Él le diga; entonces se cumplirá en usted su promesa, no se preocupe de enemigos ni de quién lo va a afligir, porque de ellos se encargará el Señor. En Éxodo 19:5 leemos: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto”, vemos que hay dos condiciones; luego viene la promesa, “vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra”. ¿Está guardando el pacto o está echando mano a la promesa, como robando algo que no le corresponde? Porque esto nos viene a corresponder cuando cumplimos la bendición, es cuando podríamos decir que somos su especial tesoro.

En Deuteronomio 28:1, leemos: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra”. Aquí se presenta una promesa en cadena, de muchas cosas que Dios promete pero con fuertes condiciones. Hay personas que han honrado a Dios, que entraron como conserjes en una empresa, y hoy son gerentes; jefes de personal que comenzaron limpiando los baños en la empresa, ahora son los jefes, los que tienen 40 o 50 personas bajo su cargo, porque honraron a Dios, y Él los exaltó poniéndolos por encima de otros.

En Deuteronomio 28:2, leemos: “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”. Mucha gente se ha perdido la bendición de Dios porque no tienen ningún interés de oír la voz de Dios. Van al templo a dormir, a hablar y a platicar con otros, hasta hacen chistes mientras el predicador imparte el mensaje, por tanto, están ahí pero no están oyendo, la mente está en otro lugar, la Palabra de Dios no puede producir efectos. Cuando oímos la Palabra, ella produce fe y efectos extraordinarios, todo aquel que deje de escuchar a Dios, la bendición se apartará de él. Dios le dio la promesa a Abraham de que Sara concebiría. Y todos sabemos que a Sara le dio risa, el ángel le reclamó a Abraham. ¿Quién no se iba a reír si era algo increíble, el que Sara pudiera concebir en su ancianidad? Pero fue promesa de Dios y así mismo se cumplió, concibiendo Sara y dando a luz un hijo sano, normal y vigoroso. Y aquél niño creció y se convirtió en un adolescente.

Dios vio que Abraham había depositado su amor sobre esa criatura, que era prácticamente su adoración. En Génesis 22:2, leemos: “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tú único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo”. Estando Abraham en el lugar no encontraba cordero para el sacrificio, mas dijo: ¡Jehová se proveerá!, pero pasó mucho tiempo. El corazón de aquel hombre, la agonía, la determinación y el compromiso para poder cumplir las promesas, dependía en su obediencia. Dios le estaba pidiendo estrictamente lo que más amaba.

Abraham ató a su hijo de las manos, le ató los pies y cuando levantó el cuchillo, el ángel de Jehová llamó a Abraham y le dijo: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo” (Génesis 22:12-13), “Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz” (Génesis 22:15-18). Y después de esto Jehová cumplió todas las promesas que dio a Abraham.

Hay que ver la cantidad de gente a la que Dios le ha pedido cosas fáciles, sencillas y nunca han sido capaces de cumplir, nunca han sido capaces de despojarse. Y mientras no estén dispuestos a cumplir la condición, Dios no obrará, es por ello que se detiene el ministerio, el propósito y el cumplimiento de Dios en sus vidas. Porque Dios no cumplirá la promesa hasta tanto cumplamos su condición impuesta. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, la misma produce fe y causa efectos extraordinarios y poderosos transformando todo su ser.

Cuando estamos prestos a oír somos sanados, somos redargüidos y reprendidos, somos libertados, confrontados, sanados, liberados y levantados. El Señor coloca la condición “si me oyes”, porque Él sabe que el hombre que le oye no va a quedarse igual. Si oyes atentamente la voz de Dios, algo ha de acontecer; y si guardamos la Palabra, entonces, solo entonces se cumplirán esas promesas, y vendrán sobre ti esas bendiciones y te alcanzarán.
 

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