• En el huerto
    Aunque su alma desfallecía y su cuerpo sentía el morir, pero en su corazón permanecía
    el amor que lo movía a la oración, aún hasta en sus últimos momentos por nosotros.
  • Un largo camino
    El caminó una larga vía de sufrimiento y dolor para abrirnos la puerta al camino de gozo,
    de paz y de amor.
  • El sacrificio
    Y estando allí, cuando la cruz sostenía su cuerpo, él sostenía sobre sí el pecado
    de la humanidad, derramando perdón en cada gota de sangre.
  • El comienzo de una gran historia.
    Su tumba vacía dejó, el sacrificio se completó cuando a la muerte venció.
    Y ahí es donde nuestra historia empieza. Nuestro viaje hacia el encuentro con él.
Devocionales
22 de Mayo del 2012

Con mi Espíritu

Rev. Luis M. Ortiz

El estar lleno del Espíritu de Dios es indispensable para vivir una vida triunfante y para llevar mucho fruto en la Viña del Señor. Ésta es una necesidad para todos, y es una promesa para todos.

Con mi Espíritu

En el libro del profeta Zacarías 4:6, leemos: “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es Palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

 

El propósito de estas palabras fue para alentar a Josué y Zorobabel en la gran labor que tenían de restaurar el templo y la nación de Judá después de la cautividad en Babilonia. Les fue dicho a ellos que la verdadera fuente de poder para realizar su tarea no era con ejército ni con fuerza humana, sino con la unción del Espíritu Santo. Y fue precisamente con esa poderosa unción del Espíritu Santo que Josué y Zorobabel realizaron el trabajo.

 

Vivimos en una era materialista. Los valores espirituales están en crisis. Y el vacío que existe en las vidas no puede llenarlo nada material. Porque es con el Espíritu Divino que ganaremos todas las batallas humanas. Revisando someramente las Sagradas Escrituras encontramos que el hombre nada ha podido hacer por sí mismo, por su fuerza, sino que ha sido por el poder del Espíritu Santo de Dios.

 

Bien al principio de la creación, dice la Biblia que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2). Con relación a la defensa del pueblo, Moisés actuó en su fuerza y mató a un egipcio (Éxodo 2:11-15), pero después ante las grandes manifestaciones del poder de Dios libertando a su pueblo, aprendió que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios.

 

Con relación al servicio, Nadab y Abiú en su propia opinión y fuerza ofrecieron fuego extraño a Jehová, y por tal acción murieron, y el pueblo aprendió que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios (Levítico 10:1-3).

 

Con relación al gobierno del pueblo, Coré actuó en su fuerza humana y se rebeló contra Moisés. Moisés acudió a Dios con el Espíritu de Dios, y la tierra se abrió y se tragó a Coré y los suyos, aprendiendo el pueblo que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios (Números capítulo 16).

 

Con relación a escoger líderes, el pueblo actuó en su fuerza y concepto humano, pidieron rey y vino Saúl. Ellos querían ser como las otras naciones. Aprendieron ya tarde que el verdadero Rey es Jehová; que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios (1 Samuel capítulo 8; 12:19-25).

 

Con relación al origen y permanencia del poder, Sansón confió en su fuerza física, y fracasó vergonzosamente, y aprendió que su fuerza física le venía por el Espíritu de Dios (Jueces capítulos 13-16).

 

Todas las profecías de los profetas antiguos no vinieron a ellos por su fuerza humana o intelectual, sino que es como nos dice el apóstol Pedro, “que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

 

En el caso de nuestro maravilloso Salvador Jesucristo, no vino por voluntad humana, sino que fue concebido por el Espíritu Santo, fue bautizado por el Espíritu Santo, ministró con la unción del Espíritu Santo, en su crucifixión fue ofrecido por el Espíritu Santo, en su resurrección fue levantado por el Espíritu Santo.

 

En los apóstoles vemos al Espíritu Santo usando a los grandes escritores en las grandes revelaciones e interpretaciones de la obra de Cristo. Vemos los dones y los frutos del Espíritu Santo en plena operación.

 

En el libro último de la Biblia – el Apocalipsis – encontramos el mismo poder del Espíritu Santo que recorre todas las escrituras, y dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu Santo dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7).

 

Y a lo largo de la historia de la Iglesia de Jesucristo, sus grandes victorias han venido exclusivamente por medio del poder, de la manifestación, de la unción, del bautismo, de los dones del Espíritu Santo.

 

En el gran avivamiento de Gales (1904), el poder del Espíritu Santo barrió como un tornado el pecado y la impiedad. El instrumento ungido por el poder del Espíritu Santo lo fue Evan Roberts. La gente confesaba sus pecados, las deudas olvidadas eran pagadas, los teatros se cerraban, hasta los mulos en las minas de carbón se dieron cuenta de la transformación de la gente, pues ya no los trataban con rigor. En cinco semanas 20,000 personas se rindieron al Señor.

 

En las Islas de Hawái otro gran avivamiento del Espíritu Santo sacudió estas Islas en 1837. El hombre lleno del poder del Espíritu Santo lo fue Tito Coan. Las multitudes acudían a escuchar la Palabra de Dios. La gente temblaba, lloraba, gritaba, clamaban por perdón. Un domingo 1,705 personas fueron bautizadas en las aguas, y 2,400 participaron de la Santa Cena. Cuando Coan salió de las islas de Hawái, él mismo había bautizado 11,960 nuevos convertidos.

 

En el año de 1,821 un joven abogado en el pequeño pueblo de Adams, en Nueva York se fue al bosque a orar. Allí fue lleno del poder del Espíritu Santo. Éste fue el gran evangelista Charles Finney. Mientras él predicaba el poder de Dios era tan grande que el pueblo comenzaba a gemir y a implorar el perdón de Dios, y él tenía que detener su predicación y dejar que Dios trabajara en esas vidas.

 

El gran predicador C. H. Spurgeon, dijo, y citamos: “Si dejamos que el Espíritu Santo selle nuestro ministerio con poder, muy poco significará el talento humano. Los hombres pueden ser pobres y sin preparación intelectual, sus palabras pueden ser hasta mal pronunciadas, pero si el poder del Espíritu Santo está en ellos, el más humilde predicador tendrá más éxito que el más erudito de los teólogos o el más elocuente de los predicadores. Es el extraordinario poder de Dios lo que necesitamos, no es talento humano. Es unción espiritual, no poder mental. Los ministros del evangelio necesitan tener ese poder del Espíritu Santo, porque de lo contrario no son aptos para el ministerio. Aún los propios apóstoles tuvieron que guardar silencio, tuvieron que esperar en Jerusalén, no pudieron comenzar su labor, hasta que fueron llenos del poder del Espíritu Santo”.

 

Amados, en nuestros días el Espíritu Santo desea hacer lo mismo que ayer. La razón por la que el mundo no ha sido totalmente evangelizado es por la falta del poder del Espíritu Santo. Es porque generalmente hablando, se estriba más, se depende más de la fuerza humana, de la sabiduría humana, del talento humano, de todo esfuerzo y recurso humano que del glorioso poder del Espíritu Santo. Nos olvidamos que el Espíritu Santo logra más en unos minutos, que todos nosotros en un año de trabajo en nuestras propias fuerzas. Como uno puede servir mejor a Dios y a su obra llenando el corazón del poder y del fuego del Espíritu Santo.

 

Cuando los cristianos se humillan, consagran sus vidas a Cristo, y reciben este poder del Espíritu Santo, ganan más almas para Cristo en un día que los que pudieran ganar en toda su vida sin ese poder maravilloso. Ésta es una necesidad para todos, y es una promesa para todos, no importa de qué iglesia sea. El estar lleno del Espíritu de Dios es indispensable para vivir una vida triunfante y para llevar mucho fruto en la Viña del Señor.