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06 de Junio del 2012

El Ministro y la tentación sexual

Randy C. Alcorn

La actividad sexual que sale del contexto de un ministerio es comparable al abuso sexual de niños, donde el supuestamente maduro y adulto se aprovecha de su actividad y credibilidad para iniciar o permitir un encuentro sexual con el inmaduro y vulnerable.

  • El Ministro y la tentación sexual

Hace muchos años atrás hablé sobre pureza sexual en un Instituto Bíblico. Muchos estudiantes vinieron para ser aconsejados. Una estudiante fue derecho al punto: "Mis padres me enviaron a uno de nuestros pastores para aconsejamiento y terminé acostándome con él". Más tarde y el mismo día Elizabeth, la hija de un diácono, me dijo llorando: "Mi padre ha mantenido relaciones sexuales conmigo durante años y ahora está empezando con mis hermanas".

 

Al día siguiente me encontré con Pamela. ¿Cómo era su historia? "Vine al Instituto Bíblico para escapar de un affaire con mi pastor".

 

En otra Iglesia conocí a Mabel, una chica de 18 años. Estaba llena de culpa porque había tenido relaciones sexuales con el líder de los jóvenes. ¿Le has confesado esto al Señor y has cortado la relación? Le pregunté. Sí, respondió. Además, su esposa lo descubrió. Por eso se cambiaron a otra iglesia.

 

Por cada personalidad cristiana famosa o líder evangélico de televisión que "muerde el polvo" hay un número no conocido de pastores locales menos conocidos, además de los maestros de Biblia, obreros para eclesiásticos, líderes de diferentes áreas que renuncian (o son despedidos) por inmoralidad sexual, sin que se conozca el verdadero motivo. Innumerables son los hombres y mujeres laicos cuyos servicios como obreros cristianos han sido erosionados o se han detenido abruptamente por la misma razón.

 

Por más que odiemos admitirlo, el escenario evangélico tiene muchos "restos" de vida y ministerios diezmados por el pecado sexual. La primera conclusión es grave y las implicancias de largo alcance: hay entre los cristianos, incluyendo el ministerio, una epidemia moral de proporciones enormes y alarmantes.

 

METIÉNDOSE DE CABEZA EN EL PROBLEMA

 

Al escribir y hacer investigación para el libro "Cristianos en la estela de la revolución sexual", descubrí que una señal de identificación prominente de la iglesia primitiva fue su pureza sexual. Si no reclamamos este terreno perdido, la iglesia de hoy y su liderazgo están destinados a la impotencia espiritual, ¿por qué? Porque un mundo no santo nunca va a ser ganado a Cristo por una iglesia no santa.

 

¿Cuánto ha sufrido nuestra reputación como siervos de Cristo? ¿Cuánta credibilidad hemos perdido como resultado de las altamente publicitadas "hazañas" inmorales de algunos colegas? Una mujer comprometida me dijo con lágrimas en sus ojos: "Cada vez que escucho a un líder cristiano predicar, tarde o temprano me sobreviene el pensamiento de que es probable que ese hombre esté viviendo en inmoralidad". A pesar de las pérdidas, hay algunos cambios positivos que han salido de las caídas morales de los líderes cristianos. El más significativo es que un balde de agua helada nos ha sido arrojado a la cara. No podemos más negar la realidad de la debilidad moral entre aquellos que sirven a Cristo.

 

Líderes y laicos se han percatado de la crisis moral extendida, y la necesidad acuciante de apuntalar nuestra floja moralidad.

 

Se ha dicho mucho en los últimos años sobre la necesidad de cuidar y restaurar a aquellos que han caído en pecado sexual. Lo que nos falta y necesitamos desesperadamente son claras medidas preventivas.

 

Ante un precipicio peligroso desde donde la gente está cayéndose desde unos 50 metros de altura, podemos responder de dos formas: Uno es colocar ambulancias y enfermeros abajo. Otro es poner carteles de advertencia y construir una baranda arriba.

 

Para que este artículo no sea interminable debo asumir que los lectores saben lo que las Escrituras dicen sobre la moralidad sexual. Enfocaré primero tres factores críticos que debemos entender, para luego explorar las razones por las que los cristianos cometen pecados sexuales.

 

TRES FACTORES CRÍTICOS

 

1. Somos el blanco de la inmoralidad sexual

 

Hace algunos años hubo bastante ruido sobre una lista de señalados, un plan elaborado por asesinos a sueldo para eliminar a los líderes políticos mundiales estratégicos. Estoy convencido de que el enemigo Satanás, ha mantenido una lista similar con gente de la iglesia. Y hay buenas razones para creer que los obreros cristianos están en los primeros puestos de su lista.

 

Si usted es un pastor, misionero o evangelista, si trabaja con los jóvenes, es anciano, diácono, líder de estudio bíblico, obrero paraeclesiástico, profesor o estudiante de instituto bíblico, escritor, músico o tiene un ministerio de cualquier índole entonces preste atención; usted es un hombre o mujer blanco. Las fuerzas del mal han firmado un contrato sobre usted. Hay un precio sobre su cabeza, precio suficiente como hacérsele agua la boca a cualquier cazador de recompensas. Satanás está dispuesto a atraparlo. ¿Por qué? Porque quiere anular su ministerio. Porque más que cualquier otro, usted lleva sobre sus hombros la reputación de Cristo. Si usted comete inmoralidad el enemigo se apunta una victoria estratégica en un asalto sobre esa reputación sagrada.

 

"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12). Estos seres definitivamente malos tienen interés en nuestro deterioro moral, harán cualquier cosa en su poder para avanzar sobre Cristo y su Iglesia.

 

"Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8).

 

2. Somos vulnerables a la inmoralidad sexual

 

Todos los cristianos incluyendo aquellos activos en el ministerio, son susceptibles al pecado sexual. El mito de que somos moralmente invulnerables cae ante la evidencia abrumadora. No hay y nunca ha habido ningún anticuerpo místico que nos haga inmunes.

 

"Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Proverbios 16:18). ¿Qué nivel de soberbia se requiere para creer que el pecado sexual puede haber sorprendido a Lot, Sansón, David (un hombre según el corazón de Dios), Salomón, los corintios y una multitud de líderes cristianos modernos, ¿pero no a mí? Las advertencias de Pablo merecen un lugar prominente en nuestros escritorios: "Considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1). "Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Corintios 10:12).

 

3. Somos totalmente responsables por nuestras elecciones morales

 

A menudo se dice que la gente "cae" en la inmoralidad. La expresión es tan reveladora como defectuosa y peligrosa. El término caer denuncia una mentalidad de víctima. Suena como si estuviéramos caminando por una calle y alguien tropezara con nosotros o nos pateara los pies debajo de nosotros. Implica que el colapso moral viene de ningún lugar, que hay poco o nada que pudiéramos haber hecho para evitar lo que ocurrió.

 

No caemos en la inmoralidad, sino que caminamos hacia ella. La inmoralidad es una elección. No es algo que le ocurre a la gente. Es algo que la gente hace que ocurra.

 

Podemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar el tener cáncer. Sin embargo, aun así podemos contraerlo. No ocurre así con la inmoralidad. Si dependemos de nuestro Salvador y tomamos pasos deliberados y progresivos para cultivar la pureza y evitar la inmoralidad, podemos evitarla. Ella no nos elige. Nosotros la elegimos o elegimos evitarla.

 

Todo cristiano debe asumir las responsabilidades de sus elecciones. Y aquellos de nosotros que estamos en el ministerio, ya sea tiempo completo o parcial, pagos o impagos, en la iglesia o fuera de ella, debemos tener una mayor responsabilidad por nuestras elecciones. Nuestras vidas tienen mayor trascendencia y afectan la vida de aquellos que tenemos que aconsejar o darles dirección espiritual. Tales personas son particularmente vulnerables y fácilmente desviables. Nuestro rol conlleva autoridad y cierto poder sobre sus vidas que no deben ser abusados.

 

Aún en la profesión de aconsejamiento secular se considera como la infracción más grande es entrar en una relación romántica y/o sexual con un paciente. Ciertamente, el involucramiento sexual con alguien que ha venido a buscar ayuda emocional o guía espiritual no debería ser considerado solamente como fornicación o adulterio, es abuso sexual. La actividad sexual que sale del contexto de un ministerio es comparable al abuso sexual de niños, donde el supuestamente maduro y adulto se aprovecha de su actividad y credibilidad para iniciar o permitir un encuentro sexual con el inmaduro y vulnerable. En tales casos, la persona en el ministerio no es una víctima, él o ella son victimados. Y esto es peor cuando consideramos que somos representantes confiables de Cristo en la vida ante estas personas.

 

Hay una tendencia perturbadora en la iglesia a echar la culpa de la relación adúltera de un líder hombre sobre la mujer con quien él se ha comprometido. A menudo a ella se la considera automáticamente como la seductora, con tanta o más responsabilidad por lo que ocurrió, que al hombre. Por el contrario, aunque la mujer es también responsable, es el compañero en la posición de autoridad quien debe ser considerado como más responsable.

 

El ministerio no es solamente una tarea. Es un cargo sagrado. Pero usar y violar ese cargo para alcanzar conquistas sexuales o aunque no sea dependencia emocional, es deplorable. Cada vez que el pecado sexual de un líder cristiano se deja pasar como "algo desafortunado que llegó en un punto vulnerable de su vida", se evita o niega la responsabilidad, y se le enseña a otros que las necesidades emocionales propias y las insuficiencias de uno pueden de alguna manera justificar el enredo inmoral.

 

¿POR QUÉ LOS CRISTIANOS COMETEN INMORALIDAD?

 

Somos susceptibles al pecado porque somos pecadores. Más allá de eso, el ministerio cristiano activo trae con él serios peligros incorporados, "tierras minadas" que pueden destruirnos, a nosotros, a nuestras familias y aun a nuestras iglesias.

 

Entre estas "tierras minadas" está la posición de poder e influencia que comprende cada ministerio. Un maestro de escuela dominical o líder de un grupo pequeño es visto como una autoridad, y la autoridad siempre trae consigo poder e influencia. Cuando más prominente es el ministerio, mayor es el poder y la influencia. En el ministerio pastoral, por ejemplo, hay una mezcla extraña de adulación, que alimenta al ego y crítica debilitante. Esto puede llenarnos de orgullo o desesperación. Como el Señor, los pastores tienden a ser adorados o crucificados, a veces ambas cosas en el mismo día. En este proceso de altos y bajos, nuestra perspectiva se tuerce y nuestra resistencia a la tentación baja.

 

Nosotros en el ministerio generalmente tenemos personalidades centradas en la gente. Nos preocupamos y escuchamos, y eso atrae a otros hacia nosotros y a nosotros hacia ellos. Nos vemos envueltos en las vidas de la gente, a veces en formas poco saludables. Más de la mitad de aquellos con luchas emocionales o mentales van primero a ver a su pastor. La mayoría de los pastores son hombres y casi el 75 % de aquellos que vienen son mujeres. A menudo estas mujeres vienen porque, precisamente, tienen profundas necesidades emocionales y vacías de relación. Esta situación es difícil ya que, tanto los pastores como los laicos, rara vez están entrenados para entender la dinámica sexual envuelta en el ministerio.

 

Los ministros de tiempo completo a menudo hacen sus propios programas, llenan ellos mismos su agenda. Les falta la responsabilidad incorporada de la mayoría de los trabajos seculares, en que de alguna manera están más expuestos al control de otros. Así se crea soledad y se van permitiendo libertades que a veces favorecen una relación no sana.

 

Los primeros candidatos para el pecado sexual son aquellos que están muchas horas fuera de casa, que se van de noche y viajan frecuentemente. El evangelista es un caso típico. Estas son características de los líderes cristianos con éxito. A medida que van teniendo más demanda del público no es de extrañar que trastabillen.

 

El excesivo énfasis contemporáneo en la juventud, la apariencia exterior y el éxito están entre los muchos factores que contribuyen al fenómeno de desorientación general sobre la vida y a menudo lleva a intereses extramaritales. El hecho de que tanta gente esté comprometida en aventuras hace más común la inmoralidad. Las restricciones sociales se han roto y otras fuerzas favorables a la inmoralidad las han reemplazado. No debemos ser engañados al pensar que los cristianos son inmunes a todas estas fuerzas.

 

Por supuesto las razones por la que la gente comete inmoralidad son más que sociales o circunstanciales. Cada pecado es el fruto de un árbol que tiene un largo sistema de raíces. La confesión y el arrepentimiento señalan el comienzo de un cambio, pero hay a menudo un largo camino adelante para tratar con los problemas de las raíces.

 

Este es uno de los peligros de la filosofía que dice "el perdón por la inmoralidad requiere la restauración al ministerio". Muchos hombres y mujeres están siendo restaurados al ministerio cuando los problemas de raíz que lo llevaron a la inmoralidad nunca han sido tratados. En muchos casos no hubo suficiente tiempo para establecer una senda de pensamientos y vida correctos. Tales personas a menudo son bombas de tiempo morales esperando volver a explotar.

 

¿ES INEVITABLE LA INMORALIDAD?

 

Una mujer me dijo: "Hay tanta inmoralidad entre los cristianos que vivo con un miedo constante. Si le ocurrió a otros más devotos que yo, probablemente me vaya a ocurrir a mí. Parece casi inevitable".

 

Dios no quiere que seamos orgullosos y presumidos, pero tampoco quiere que seamos paranoicos. No tenemos que vivir cada día tambaleándonos en el borde de la inmoralidad o paralizados por el miedo de una caída repentina. En el contexto específico de buscar ser sexualmente puro y resistir la tentación sexual, el hombre sabio dice esto a su hijo: "Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blanco que el aceite; mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos.Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seol." (Proverbios 5:1-5)

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