Devocionales
17 de Diciembre del 2012

Dios escoge a sus líderes

 

Rev. Carlos Guerra

“Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré”, 1 Reyes 1:5. “Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón! Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos”, 1 Reyes 1:39-40.

Dios escoge a sus líderes

 

I. DIOS ESCOGE A SUS LÍDERES

 

Daniel 2:21 revela una gran realidad, y estriba en que Dios mismo es quien “quita reyes y pone reyes”. En efecto, nuestro Señor es un Dios de planes específicos, detallados, inequívocos y perfectos. Él nunca hace las cosas al azar, sino que hace las cosas a conciencia y tiene el control sobre el más mínimo detalle. Asimismo, dentro del cuerpo de Cristo, Dios, en su soberanía, es quien escoge, llama, coloca y levanta a príncipes ungidos para liderar por medio de ellos su obra, y ejecutar el perfecto plan que tiene para con su pueblo.

 

La elección de Dios no se basa sobre la eventual popularidad o fama que pueda tener una persona, los logros que haya obtenido por medio de los años de experiencia, ni tampoco sobre nuestro sentimentalismo o simpatía hacia ella. En otras palabras, no sirve de nada correr ni tratar de imponernos como líderes, si no tenemos el respaldo de la misericordia de Dios (Romanos 9:16).

 

Cualquiera que intenta tomar un puesto para sí sin ser llamado de forma inequívoca por Dios, por más esfuerzo humano que haga, por más estrategias políticas y espirituales que intente, por más propagandas y manipulaciones que realice, fracasará. Como todo dictador derrotado éste quedará solo, sin familia, sin gloria y sin nada.

 

En cambio aquel a quien Dios ha llamado, por más oposición, levantamientos y críticas que confronte; el Señor mismo habrá de ponerlo en alto, lo apoyará, lo levantará, y lo colocará en la posición que ha ideado para él. Así pues, no hay principado, ni potestad, ni ser humano en los cielos ni en la tierra que podrá impedir que Dios lleve a cabo sus planes y propósitos.

 

El pasaje del libro de los Reyes, que citamos al principio, narra los últimos días del rey David. A los setenta años de edad, víctima de un envejecimiento prematuro, originado por una vida llena de luchas continuas, desilusiones y traiciones, su cuerpo no se calentaba fácilmente. Mas aunque las palabras, la energía y las fuerzas ya no eran las mismas que durante su juventud, la unción que reposaba sobre David sí había quedado intacta. Él nunca cesó de ser el ungido de Jehová. No obstante, Adonías su hijo, intentó aprovecharse de la situación física de David para arrebatarle el trono de Israel. Además de poseer la belleza de su hermano Absalón, Adonías también tenía su carácter arrogante, su soberbia y su rebeldía. Era un niño consentido o mimado, al cual “su padre nunca había entristecido” (1 Reyes 1:6), o en otras palabras, no se le había corregido ni disciplinado. En aquel momento crucial, David iba a cosechar lo que él mismo había sembrado.

 

Ahora bien, es menester que entendamos que Adonías no solamente se estaba alzando contra la autoridad de su padre, sino también contra los planes y los designios perfectos del Señor. Según él, su padre era demasiado viejo para reinar y su hermano Salomón, el escogido de Dios, demasiado joven. Ciertamente, él tenía más logros, más experiencia que Salomón; mas la experiencia no es un factor que detiene los planes de Dios para con uno. David nunca había peleado contra ningún gigante, mas cuando se enfrentó con el primero, le cortó la cabeza.

 

Me llama la atención la frase que Adonías pronunció antes de cometer su golpe de estado: “Yo reinaré” (1 Reyes 1:5). Sin duda, esta declaración no deja de recordarnos la misma que hizo Lucifer antes de la creación del mundo: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré” (Isaías 14:13).

 

Amados lectores, todo lo que empieza por “yo” siempre va por mal camino. Las Escrituras dicen que: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). En la vida cristiana no es que yo digo, lo que yo siento, lo que yo creo, sino lo que Jehová de los ejércitos dice.

 

II. LAS ESTRATEGIAS DE UN REBELDE

 

Para llegar a sus fines, Adonías elaboró una serie de estrategias:

 

1. Intentó impresionar psicológicamente al pueblo, aparentando un poder ficticio “se hizo carros y de gente a caballo y de cincuenta hombres que corriesen delante de él”.

 

2. Se puso de acuerdo con gente ambiciosa y de influencia (Joab, un militar y Abiatar, un sacerdote), que odiaba al profeta Natán por cuanto éste no le profetizaba lo que ellos querían oír.

 

3. Hizo su propia fiesta, a la cual sólo invitó a los que le convenía invitar, a aquellos a quienes podría manipular y convencer, sus amigos, sus familiares y a los que tenían resentimientos contra el rey David.

 

4. Alejó de su lado a la gente fiel al rey, y los convirtió en sus contrincantes.

 

En 1 Crónicas 29:1, el Señor ya había revelado cuáles eran sus propósitos: “Solamente a Salomón ha elegido Dios; él es joven y tierno de edad, y la obra grande...”. Mas Adonías y su gentío habían olvidado que Dios escoge a sus líderes. Así pues, mientras ellos celebraban la coronación del rebelde, el Altísimo empezó también a mover sus fichas para poder cumplir sus propósitos y establecer al rey legítimo de Israel, a aquel líder que Él mismo había escogido para llevar hacia adelante a su pueblo.

 

David, el ungido de Jehová, fue quien dio las órdenes de parte de Dios para que Salomón fuera coronado. El rey ordenó que su hijo se subiera en su mula para que lo llevaran a Gihón. Este lugar era la única fuente de agua viva más cercana.

 

Salomón no estuvo cavando para hallar agua, o en otras palabras, nunca buscó ser hecho líder. Cuando una persona lleva a cabo estas acciones con vistas a ser promovido, pierde su tiempo y energía en vano. En el caso de la coronación de Salomón, y por cuanto Dios estaba en el asunto, todo este proceso se llevó a cabo de forma natural.

 

Al oír la fiesta del pueblo por motivos del ungimiento de Salomón, la fiesta de Adonías se turbó. Todos sus invitados “se estremecieron, y se levantaron... y se fue cada uno por su camino” (1 Reyes 1:49). Después de haberle seguido y coronado, todo el mundo abandonó a Adonías, y avergonzados, regresaron a sus casas para esconderse.

 

Adonías se quedo solo, sin familia, sin dinero y sin reputación, porque así sucede con los que se alzan y se rebelan contra los propósitos divinos. Y lo más terrible estriba en que si no se arrepienten, también se quedan sin Dios.

 

Escrito está que “si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo” (Juan 12:24). Por más talentoso, popular o famoso que sea, si el rebelde no se humilla y muere, quedará desamparado. La advertencia de Dios es clara. Es menester que caigamos en tierra y que le demos muerte a nuestro “yo” para que no nos pase lo que le sucedió a aquel príncipe.

 

Cuando Adonías vio que todos lo habían abandonado, temió por su vida y “se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar” (1 Reyes 1:50). El pidió misericordia y perdón a Salomón, y los obtuvo (1 Reyes 1:52-53). La actitud de este rey fue maravillosa, por cuanto aun sabiendo que era el escogido, dejó que Dios mismo acomodara todo y peleara por él.

 

III. LA ÚLTIMA MOVIDA DEL REY

 

Para llevar a cabo sus planes con Salomón, Dios movió al profeta Natán, al sacerdote Sadoc y a su madre Betsabé, dos hombres y una mujer leales al rey y que habían comprendido los planes de Dios. ¿Se goza usted al saber que Dios sabe mover sus fichas? ¿Se goza al saber que Dios tiene el control de los detalles aún más pequeños para cumplir sus propósitos? ¿Se goza al verle desarticular una a una todas las artimañas del enemigo de nuestras almas y de su pueblo?

 

Dios todavía puede voltear los planes de Satanás, y tornarlos en su contra. Todavía están vigentes las palabras que Dios dijo a Israel por medio del profeta Ezequiel: “Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hablé; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa de rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 12:25).

 

Un famoso pintor cristiano, que asimismo era un apasionado del juego del ajedrez, pintó un día un cuadro que tituló jaque mate. En éste, que todavía hoy se conserva en una galería, se pueden ver dos jugadores de ajedrez sentados frente a frente a una mesa. Un creyente, sentado en la parte derecha, y el diablo sentado a la izquierda.

 

El rostro del diablo se ve triunfante y casi se puede oír su risa diabólica, porque parece que tiene al cristiano atrapado. De otro lado, el creyente, cuya preocupación se refleja en el rostro, tiene las dos manos agarradas con toda su fuerza en los bordes de la mesa, con los nudillos de los dedos casi blancos a causa del esfuerzo y de la tensión del crucial momento.

 

La galería donde se iba a exponer el cuadro le dio mucha publicidad al mismo. Así pues, cuando la galería abrió sus puertas, el público empezó a detenerse junto a aquel para observarlo con curiosidad. Todos, al leer el título de la obra y la actitud de los personajes, sacudían la cabeza pensando que el diablo había ganado la partida contra el cristiano. Los transeúntes que más o menos tenían nociones de ajedrez, pensaban que ya no existía ninguna estrategia de salida, ni tampoco ninguna maniobra posible. Algunos sentían lástima por el cristiano, y otros se indignaban porque parecía que el diablo se había salido con la suya.

 

No obstante, llegó a aquel lugar un ex campeón de ajedrez, quien también se puso a observar el cuadro con atención. El no se fijó mucho en el diablo ni en el creyente, sino en la partida de ajedrez que el cuadro había capturado, y asimismo le prestó atención al título: jaque mate. Tras observar la tabla de ajedrez durante unos minutos, el perito descubrió algo de importancia crucial: “¡Un momento! ¡Esto es una mentira del diablo! El cristiano no está jaque mate, por cuanto su rey todavía tiene una jugada”. Amados hermanos, nuestro Rey de gloria siempre tiene una jugada posible, un movimiento para poner jaque mate al diablo.

 

Amados hermanos, no importa que el diablo quiera hacerle creer que usted está “jaque mate”... ¡Nuestro Rey de reyes siempre ha tenido y tendrá la última movida! El único que está “jaque mate” es Satanás porque Cristo lo venció para siempre en la cruz del Calvario.

 

Absolutamente nada ni nadie podrá detener los propósitos soberanos del Señor para con su pueblo Israel y su Iglesia. Amén.

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