Presionar ENTER para activar modo de accesibilidad Presionar ENTER para desactivar modo de accesibilidad

Envía tu saludo

Héroes de la Fe
13 de Febrero del 2013

El Padre de los Avivamientos

 

Charles Finney es un personaje legendario de la historia del cristianismo. Fue la punta de lanza de uno de los más grandes despertares evangélicos ocurridos en América. Se asegura que logró la conversión de alrededor de medio millón de personas.

  • El Padre de los Avivamientos

 

En el otoño de 1821, un estu­diante de leyes de veintinueve años de edad llamado Charles Finney comenzó a buscar al Señor. Durante el año anterior un avivamiento se había extendido en su ciudad natal de Adams, en Nueva York, y él había rehusado participar. Pero después comenzó a orar. Cuarenta años más tarde, recordaría de esta manera su conversión: “el Espíritu Santo descendió sobre mí con tal fuerza que parecía que me traspasaba el cuerpo y el alma. La impresión fue como de una ola de electricidad que me traspasó enteramente. No tengo palabras para ex­presar el maravilloso amor que fue derra­mado en mi corazón”.

 

Así comenzó el ministerio de Finney, nacido el 29 de agosto de 1792, uno de los más destacados e influyentes evangelistas en la historia de los Estados Unidos. Fue durante el apogeo del Segundo Gran Des­pertamiento: alrededor de 1792-1835. Vivió en la época de rápida expansión al oeste norteamericano, en el que hubo un creci­miento de población sin precedentes. Los norteamericanos habían asimilado la doc­trina del “Destino Manifiesto”, y con ella el optimismo en los logros y el potencial humanos únicos en la historia. Finney fue la personificación espiritual de ese ideal.

 

PRIMEROS PASOS

 

Poco después de su dramática conversión, Finney comenzó a estudiar bajo la super­visión de su pastor presbiteriano, George Gale. Éste lo animó a asistir al Seminario Princeton. Pero como no sentía gran res­peto por la teología ni los teólogos, Finney escribió: “llana y plenamente les dije que no me sometería a la influencia bajo la que ellos habían estado”. Sin embargo, en sus memorias, el predicador Gale lo recuerda de otra manera: “Finney no asistió al semi­nario porque no pudo ser aceptado”.

 

De cualquiera forma, Finney no pro­curó hacerse de una educación teológica formal. Como resultado, su presbiterio lo puso bajo la tutela de Gale y otro pastor. En 1823, Finney recibió la licencia para predicar y fue ordenado ministro de Dios en 1824. Durante este tiempo la Sociedad Misionera Femenil lo comisionó para que trabajara como evangelista en el laberinto de pueblos y aldeas en el noroeste de Nue­va York. Allí Dios le concedió cierta medi­da de buen éxito.

 

 

En 1825, hubo un drástico cambio en su ministerio. Finney fue invitado a predicar en Utica, Nueva York. Utica quedaba cer­ca del recién escavado “Canal Erie”. Era una metrópolis del oeste, en creciente de­sarrollo y de mucho movimiento. Durante dos años predicó, con muchísima efectivi­dad allí y en las ciudades adyacentes de Rome y Syracuse. Los métodos de Finney eran novedosos. No evangelizó como sus predecesores: Jonathan Edwards, George Whitefield y Asahel Nettleton. Para tener conversiones elevó el timbre emocional de sus reuniones.

 

AVIVAMIENTO EN ROCHESTER

 

Desde el otoño de 1830 hasta el verano de 1831, el ministerio de Finney llegó a su punto más importante en Rochester, Nue­va York. El Espíritu de Dios estuvo con él en gran poder. Como Utica, Rochester era un centro comercial de mucho movi­miento, cerca del recientemente terminado Canal Erie. Tal era la manifestación del po­der de Dios en la obra de Finney que los comerciantes de todo el distrito muchas veces cerraban sus puertas para asistir a las reuniones. En sus giras de iglesia a iglesia, grandes multitudes seguían a Finney.

 

Al respecto, Charles Hambrick-Stowe, un biógrafo de Finney, en su momento afirmó: “muchos llegarían a decir que fue el más grande avivamiento local en la historia de los Estados Unidos. El avivamiento a escala nacional desper­tado por Rochester fue la mayor obra de Dios, y el más grande avivamiento reli­gioso que el mundo jamás ha visto en tan corto tiempo”.

 

La historia de Finney se puede escribir con una sola palabra: avivamientos. Esta es la clave que descubre los tesoros de su maravillosa vida. Los estudiosos del avivamiento concuerdan en que fue a la punta de lanza de uno de los más gran­des avivamientos ocurridos en América, y que con el afectó el curso de la historia. A dondequiera que iba, su predicación y enseñanza encendían el fuego espiritual e influenciaban a toda la comunidad con el Evangelio. La Iglesia se movió durante el despertar de los avivamientos de Finney. Se le da crédito –directa o indirectamen­te–, por la conversión de alrededor de 500,000 personas.

 

ESCRITURA Y FORTALEZAS

 

En 1832, el fuego del avivamiento comen­zó a decrecer y Finney asumió un pastora­do en Nueva York. En 1835, el recién fun­dado Oberlin College, en Ohio, lo invitó a ser su primer profesor de teología. Finney tenía cuarenta y tres años de edad y estaba agotado. En gran necesidad de descanso y con el sentir de que estaba ocurriendo un cambio en el ambiente espiritual, aceptó. Por el resto de su vida se dedicó a dictar clases en Oberlin y a conducir campañas en varios lugares, como en Nueva York, Boston e Inglaterra.

 

Los muchos puntos fuertes de Finney explican la manera poderosa en que Dios lo usaba. Una de sus fortalezas era su vida de oración. Era un hombre que oraba in­tensamente y por largas horas, una disci­plina que necesitan los pastores. Finney pensaba que podía producir avivamiento mediante ciertos métodos, pero su vida de oración fue el mayor factor contribuyente. A menudo pasaba horas en oración, tanto antes como después de sus reuniones de avivamiento.

 

Su segunda fortaleza era la gran unción del poder del Espíritu Santo que descansa­ba sobre él. Cuando predicaba, los oyentes solían quedar en completo silencio. Luego llegaban a un profundo, prolongado, y pe­netrante sentido de pecado, lo cual resultaba en una gran conversión a Cristo, algo que por medios humanos era imposible explicar.

 

La tercera fortaleza de Finney era su éti­ca laboral. Cuando conducía una campaña trabajaba dieciséis horas al día, siete días a la semana. Después de tan intenso esfuer­zo, cada verano pasaba varias semanas en Nueva York, en la granja de sus suegros, para recuperar las fuerzas.

 

En cuarto lugar, el celo evangelístico de Finney no tiene precedentes. Amaba a la gente y se entregó desmesuradamente para que fueran salvos.

 

VARÓN DE DIOS

 

Como predicador Finney tenía dones poco comunes. Era dramático, directo y perso­nal. Utilizó un lenguaje sencillo e ilustra­ciones. Su presentación fue clara y lógica estricta. Dirigió sus apelaciones a la con­ciencia, más bien que a las emociones y la hizo temblar y temblar por su análisis pe­netrante de los motivos de la acción. Hizo un llamamiento a sus oyentes a venir a una decisión inmediata y someterse a Dios.

 

Abogado, pro­fesor universitario, pastor y evangelis­ta, Charles Finney dejó tras su parti­da, ocurrida el 16 de agosto de 1875, un registro de me­dio siglo de aviva­mientos que no tie­nen paralelo en los Estados Unidos de América, y dio a luz un nuevo movimiento evangelístico que todavía está vigente hasta el día de hoy. Consagró toda su vida a promover “el re­torno y la práctica del cristianismo bíblico en el poder del Espíritu Santo, por el bien del reino de Dios y para su gloria.

  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico

Impacto Evangelístico es una publicación oficial del Movimiento Misionero Mundial con 50 años de circulación en el mundo entero, editado en seis idiomas. El contenido, con reportajes, testimonios, historias e información, está orientado a edificar la vida de nuestros lectores.

Issuu

issuu.com/impactoevangelistico.net

Visualiza en 7 idiomas nuestra edición digitalizada

Ordenadores y Móviles