Devocionales
23 de Marzo del 2013

El Soplo de Dios

 

Rev. Luis M. Ortiz

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7.

El Soplo de Dios

 

En primer lugar, Dios tomó del polvo de la tierra, tomó arcilla, y con sus manos de artífice único modeló con el barro una figura perfecta, la figura de lo que vendría a ser el primer hombre con todas sus facciones y órganos; ahora era barro modelado, pero siempre barro, arcilla inanimada, sin vida.

 

Quiere decir que el cuerpo humano no se formó por la tonta tontería de la evolución de las especies, ni fuimos ni algas marinas, ni peces, ni orangutanes, tampoco salimos de una gigantesca explosión, como tampoco de una solitariay peregrina bacteria que viajó millones de años luz hasta llegar a la tierra. ¡No!El cuerpo humano lo formó Dios. Esto es más científico, más razonable, más lógico, más comprensible, más comprobable, más práctico, más confiable, que todas las teorías e hipótesis humanas.Pero ahí no termina el proceso, nos dice la Biblia que Dios“sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, un alma viviente.

 

Todos sabemos que la vida procede de la vida, el Dios viviente y creador es el único que tiene vida propia en símismo. Dios sopló de su aliento, de su aire, de su espíritu, y el muñeco de barro vino a ser el hombre un alma viviente. De modo que el hombre recibió la vida de parte de Dios y no de la evolución de las especies.

 

Además, Adán fue el primer hombre, lo cual también descarta la teoría de una raza pre-adámica como alguno sugiere.

 

Señalamos nuevamente que el hombre vino a la vida por medio del soplo, por medio del aire del Espíritu de Dios.En el libro de Job leemos: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32:8). También dice en este libro: “El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4).

 

Esta procedencia y dependencia de la vida humana del soplo del Espíritu de Dios es evidenciada e ilustrada, de manera excepcional, en el hecho de que nosotros podemos vivir más de un mes sin comer, podemos vivir varios días sin tomar agua, pero no podemos sobrevivir unos pocos minutos sin respirar aire. Dios ha puesto el oxígenoen el aire que respiramos.

 

La palabra “oxígeno”está compuesta de dos palabras griegas que significan“gas que engendra” o“que da vida”.Y lo cierto es que, si cuando exhalamos el aire de los pulmones no volvemos a inhalar nos morimos; quiere decir que cada vez que inhalamos vivimos, seguimos viviendo, es como volver a nacer.

 

DIOS IMPARTIÓ ENERGÍA.En las Sagradas Escrituras continuamente leemos acerca de este soplo de Dios, de este aliento, de este aire, de este viento del Espíritu de Dios realizando grandes obras.

 

Desde el inicio de la creación de todas las cosas, dice la Biblia: “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2). Aquí se nos habla del mover del Espíritu Santo revoloteando como paloma, según una traducción hebrea impartiendo energía; y  a través de ese mover y de esa energía, produciendo las distintas ondas, como las ondas eléctricas, electromagnéticas, luminosas, sonoras, y otras.

 

LA RAZA RESURGIÓ.Luego en el caso del diluvio cuando las aguas prevalecieron por espacio de más de un año, desde que Noé entró al arca hasta que salió de la misma, Dios decidió hacer descender y retirar las aguas, y nos dice la Biblia que “hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas…Y las aguas decrecían…” (Génesis 8:1-5);y las aguas se secaron sobre la tierra. Hizo pasar Dios un viento, el viento natural en lugar de hacer decrecer las aguas, las hace encrespar.

 

La misma palabra hebrea que se usa para el soplo de Dios, en la estatua de barro, es la que también se usa para este viento enviado por Dios para secar la tierra después del diluvio, fue el soplo del Espíritu de Dios. Por el soplo del Espíritu de Diosla raza fue conservada

 

ISRAEL NACIÓ.En ocasión de la separación de las aguas del mar Rojo, para que el pueblo de Israel pasara y escaparadel cautiverio y la persecución en Egipto, nos dice la Biblia que “hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento… y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco...”(Éxodo 14:21, 22).

 

Luego de este gran evento y refiriéndose al mismo, Moisés y el pueblo cantaron a Dios diciendo: “Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; se juntaron las corrientes como en un montón… se cuajaron en medio del mar…Soplaste con tu viento…Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada…” (Éxodo 15:8, 10, 13).  Por el soplo del Espíritu de Dios la nación de Israel nació.

 

A UN PROFETA LLAMÓ.Estando Ezequiel entre los cautivos del pueblo de Israel en Babilonia, él escribe:“Los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios… y vino allí… la mano de Jehová.Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor…y veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono habíauna semejanza que parecía de hombres sentados sobre él… así era el parecer del resplandor alrededor.Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová”(Ezequiel 1:1-4, 26-28).

 

Nótese que ante esta grandiosa visión de la gloria de Dios, lo primero que Ezequiel notó fue el viento tempestuoso de la gloria y de la presencia de Dios. Por medio del viento tempestuoso del Espíritu de Dios a un profeta Dios llamó.

 

A ISRAEL RESTAURÓ.Cuando Dios le mostró a Ezequiel la restauración del pueblo de Israel, le dio la visión del valle de los huesos secos. Ezequiel profetizó y los huesos dispersos se juntaron, y se convirtió en un valle de esqueletos; Ezequiel siguió profetizando y surgieron tendones, carne y piel sobre los esqueletos, pero no había en ellos espíritu, ahora era un valle de cadáveres; volvió a profetizar Ezequiel, esta vez al espíritu diciendo: “Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.Y  profeticé como me había mandado,y entró espíritu en ellos, y vivieron…Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel”(Ezequiel 37:9-11).

 

Podemos notar que fue cuando Ezequiel profetizó para que el Espíritu de Dios soplara sobre el valle de cadáveres que estos vivieron y se levantaron sobre sus pies, un ejército grande en extremo;todos estos huesos, estos cadáveres, son la casa de Israel.

 

Hoy día Israel está restaurado en su tierra, pero está como un valle de cadáveres sin vida espiritual, pues, aun como nación rechazan a su Mesías, al Señor Jesucristo.

 

Pero el día está cercano cuando el Señor vuelva a la tierra por segunda vez, y entonces derramará sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén “espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10).

 

Notemos que por el soplo del viento del Espíritu Santo es que Israel reconoce a Cristo como su Mesías,y revive y resurge como nación preponderante en el mundo con Cristo, como Rey de reyes y Señor de señores reinando en Jerusalén, la futura capital del mundo. Una nación muerta desde así casi dos mil años es restaurada y revivida, por medio del soplo del Espíritu de Dios.

 

EL NACER DE NUEVO, DIOS IMPLANTÓ. Cuando Nicodemo vino donde Jesús, inquiriendo sobre la persona del ministerio del Señor, este le habló de la verdadera necesidad de aquel y le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”(Juan 3:3). Nicodemo no entendía, y Jesús añadió: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Nicodemo aun no entendía, y el Señor le dijo: “El viento sopla donde quiere, y oye su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).

 

Así como la estatua de barro recibió vida por el soplo del Espíritu de Dios en el huerto del Edén, así el hombre pecador muerto en delitos y pecados, recibe vida eterna, nace de nuevo, es hecho hijo de Dios por medio del soplo del Espíritu de Dios.

 

LA IGLESIA NACIÓ. “Cuando llegó el día de Pentecostés… de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados… y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”(Hechos 2:1-4).

 

Amados, aquí vemos nuevamenteel soplo del Espíritu Santo,esta vez para el nacimiento de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Este viento recio del Espíritu Santo era del todo necesario, en primer lugar para aventar y eliminar todas las ideas materialistas y temporales que aun tenían los apóstoles y discípulos, acerca del establecimiento de un reino terrenal en ese tiempo.En segundo lugar, para que recibiera la virtud del Espíritu Santo y fueran testigos de Jesucristo en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

 

Efectivamente la Iglesia del Señor nació con el viento recio de Pentecostés, la Iglesia apostólica conquistó con el soplo de Pentecostés, la Iglesia perseguida sobrevivió a la recia persecución con el viento recio de Pentecostés; la iglesia imperial se mundanalizó porque respiró los aires contaminados del palacio imperial y le faltó el aliento, el aire puro del Espíritu Santo; la iglesia medieval o papal se corrompió moral, espiritual y doctrinalmente porque se estructuró siguiendo las corrientes de los vientos del férreo imperio romano y pagano, y resistió y rechazó el soplo vivificador y santificador del Espíritu Santo; la Iglesia de la Reforma surgió con asfixia, sin el aliento, sin el aire, sin el soplo de Pentecostés; la Iglesia del siglo XXI y a principios del siglo XX revivió con el viento recio de Pentecostés.

 

Es una lástima que desde el principio del siglo XX hasta hoy, siglo XXI,hoy día haya tantos creyentes, congregaciones, pastores, organizaciones, y concilios pentecostales, donde ya el viento recio y el fuego impetuoso e incontenible de Pentecostés se sigue acabando y lo están sustituyendo con fuego extraño de elaboración humana.

 

Ahora han sacado el arca de la Obra de Dios, de la casa del anciano Abinadab (nombre que significa “nobleza”),y la cargan en un carro modernista y mundanoconducido por los hijos del anciano Abinadab, esto es, por la nueva generación.

 

Uno de los hijos se llama Uza, que significa “fuerza”, la fuerza del intelectualismo, del humanismo, de las filosofías, de las finanzas, de la banca y de programas sociales. El otro se llama Ahío, que significa “fraternal”, este iba al frente del arca, era muy fraternal, era hermano de todos, a todos les caía bien, pues estaba de acuerdo con todo y con todos, era ecuménico. Y así iba el arca de Jehová en el carro nuevo, todo era alegría, danzas, instrumentos, fiesta, música, concierto, festival, y panderos.

 

Pero “llegaron a la era(casa)de Nacón”(2 Samuel 6:6). Nacón significa “desastre”, y allí vino el desastre. Uza tocó el arca “y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto”(2 Samuel 6:7).

 

Y hoy día, en muchos casos, así es que llevan la Obra de Dios en el carro nuevo, de los nuevos conceptos, de los nuevos rumbos, de las nuevas situaciones, de las nuevas interpretaciones, de las nuevas teologías, de las nuevas terapias y manipulaciones mentales, de la nueva moral, de la nueva música, del nuevo bautismo del Espíritu Santo, de los nuevos repartidores de lenguas y de dones, de la nueva ola. Pero es mejor que se arrepientan, cesen y desistan a tiempo de esefatal derrotero, pues ya están llegando a la casa de Nacón, se avecina el desastre ahora y en la eternidad.

 

Amados, la Iglesia de hoy no tiene otra alternativa que el viento recio de Pentecostés, el fuego del Espíritu Santo, la vida de santidad, el ministerio auténtico de la Palabra de Dios; la unción divina con señales, prodigios y maravillas; la glorificación del nombre de nuestro Señor Jesucristo, hombres y mujeres de Dios llenos del Espíritu Santo con un testimonio limpio.

 

Para la gloria de Dios, podemos decir que nosotros en estos modestos esfuerzos del Movimiento Misionero Mundial preferimos el fuego de Pentecostés, no nos llama la atención nada liviano y novedoso, nos quedamos con lo puramente bíblico, pues aunque lo bíblico es antiguo no es anticuado, siempre estamos a la moda, a la moda bíblica la cual no cambia, y Dios sigue obrando los milagros bíblicos que vemos en el libro de los Hechos.

 

Amado hermano, y todo esto es para ti en el día de hoy.

 

Amigo, si Dios al soplo de su Espíritu impartió energía al universo, creó al hombre, dividió el mar Rojo, fundó su Iglesia, ¿qué no hará Dios para ti? Ahora mismo, Él quiere hacerte nacer de nuevo, quiere hacerte una nueva criatura, quiere transformar tu vida; quiere darte paz, gozo y felicidad. Abre tu corazón para que el fuego del Espíritu Santo, que el viento recio de Pentecostés, realice esta maravillosa obra. Amén.