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Héroes de la Fe
10 de Julio del 2013

Smith Wigglesworth

Es sin duda uno de los hombres de Dios más ungidos que vivieron en los tiempos modernos.

  • Smith Wigglesworth

Conocido como el “apóstol de la fe”, fue descrito en su momento como un varón “lleno del Espíri­tu Santo”. Vivía y caminaba continuamente en la presencia del Señor. Y los milagros que acompañaron su ministerio fueron de una cla­se jamás vista desde los días de los apóstoles. Ciegos, sordos, mutilados, deformados por enfermedades, desahuciados en el umbral de la muerte, con cáncer u otra enfermedad, to­dos fueron sanados por el Poder del Creador. Incluso muertos fueron resucitados.

 

Smith nació el 8 de junio de 1859 en el pe­queño y apacible pueblo de Menston, del con­dado de Yorkshire, en Inglaterra. Sus primeros años de vida, que estuvieron sumidos entre la pobreza y el analfabetismo, fueron marca­dos por el hambre de Dios, a pesar de que sus padres estaban alejados de Cristo. Y es que su abuela, una fiel seguidora del Señor Jesucris­to, siempre se aseguró de que Smith asistiera a reuniones cristianas. Así, cuando tenía ocho años, se unió a la Iglesia Metodista y tuvo un claro conocimiento del nuevo nacimiento en Dios. Entonces, se percató lo que la muerte y resurrección de Jesús significaban para él y abrazó el cristianismo con todo su corazón.

 

LLAMADO PRECOZ

 

Pronto comenzó a operar como el predicador que sería más adelante. Su primer converso fue su propia madre Martha. Luego, cuando tenía trece años, se mudó junto a su familia a la ciudad de Bradford, donde se unió a la Igle­sia Metodista. A pesar de que no sabía leer, fue en este tiempo que Smith empezó a tener la costumbre de llevar siempre una copia del Nuevo Testamento. Luego, en 1875, cuando tenía unos dieciséis años, el Ejército de Salva­ción abrió una misión en Bradford, y Smith en­contró allí un poderoso aliado en su aspiración de que la gente conociera al Salvador. En las reuniones se percató que había un gran poder detrás de la oración y el ayuno.

 

A los diecisiete años, Wigglesworth cono­ció a un hombre de Dios en una fábrica que lo acogió como aprendiz y le enseñó el oficio de plomero. También le habló sobre lo que la Biblia enseña sobre el bautismo en agua, y poco después con mucho gusto Smith obe­deció y fue bautizado. Durante este tiempo, él también aprendió más acerca de la segun­da venida de Cristo. Con el tiempo, en 1877, a la edad de dieciocho años, decidió que era el momento de establecerse por su cuenta. En­tonces, se fue a la casa de un plomero y pidió trabajo. Aunque en primera instancia no fue contratado, fue acogido por el hombre debido a que observó “algo diferente” en él.  

 

Dos años después, Smith se trasladó a la ciudad de Liverpool para darle un nuevo im­pulso a su vida. Fue en este famoso puerto inglés donde comenzó a ministrar a los niños de la ciudad. Infantes harapientos y ham­brientos llegaron a él para escuchar el Evan­gelio. Wigglesworth hizo su mejor esfuerzo para alimentarlos y vestirlos con las ganancias de su empleo como plomero. También visitó hospitales y barcos. Además oraba y ayuna­ba todos los domingos, y pedía a Dios por los inconversos. Del mismo modo, fue invitado con frecuencia por el Ejército de Salvación para hablar en sus reuniones, y a menudo se derrumbó y lloró delante de la gente debido a su preocupación por la salvación de las almas.

 

APÓSTOL DEL SIGLO XX

 

Fue también en esta época que Smith Wi­gglesworth observó con gran interés como una mujer joven, socialmente acomodada, se presentó en una de las reuniones del Ejército de Salvación y cayó de rodillas y se entregó a Dios. Su nombre era Mary Jane Featherstone, pero todo el mundo la llamaba “Polly”. Entre ellos, con los años, floreció un romance que terminó en un feliz matrimonio consumado el 2 de mayo de 1882. Ella tenía veintidós años y él tenía veintitrés. Smith aprendió a leer des­pués de casarse con Polly. En sus treinta años de matrimonio, tuvieron cinco hijos: Alicia, Seth, Harold, Ernest y George.

 

En 1907, a la edad de 48 años, recibió el bautismo del Espíritu Santo, y se convirtió en un cristiano único, su temperamento y su forma de vivir cambiaron radicalmente. Smith Wigglesworth fue llamado por Dios al minis­terio evangelístico para ir a las naciones de la tierra, y a partir de entonces trabajó siempre con total independencia respecto de las deno­minaciones, pero con mucha cercanía y amor con los pastores e iglesias que le abrieron las puertas. El Señor lo llevó a ministrar en gran­des reuniones de sanidad y milagros, en las que impartía fe a las multitudes, predicaba el mensaje de salvación, oraba por los enfer­mos y desafiaba a los creyentes a pasar por las aguas bautismales.

 

Wigglesworth tenía una presencia impo­nente que irradiaba autoridad. Era cortés y amable, pero austero. Estaba lleno de la com­pasión, el amor y la fe de Dios y desafiaba a sus oyentes a tener hambre y sed de la pre­sencia del Todopoderoso. Decía que: “nada en el mundo puede fascinarnos tanto como estar cerca de Jesucristo”. Era particularmen­te generoso: con los hermanos, con las iglesias y especialmente con los pobres. Ofrecía unas cenas particulares para personas muy pobres basándose en las palabras de Jesús, en Lucas 14:13-14: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado”. En estas cenas muchas perso­nas se convertían.

 

Su esposa Polly falleció en 1913, pero antes tuvo que convencerlo que el Señor la estaba llamando, porque él no cesaba de orar para que no muriera. Sólo hasta que el Altísimo le habló, Wigglesworth la dejó partir, pero la ex­trañó por siempre. Luego viajó intensamente predicando la Palabra de Cristo hasta poco an­tes de su muerte.

 

Como un viajero incansable, Smith llevó la Palabra del Señor a Suecia, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, India, Ceilán, y varios países de Europa y diversas is­las del Océano Pacífico. Algunos de sus sermo­nes fueron transcritos para revistas pentecos­tales y además fueron recogidos en dos libros: “Ever Increasing Faith” y “Faith that Prevails”. Hombre de doctrina férrea como el metal, ates­tiguaba que Dios lo había sanado de apendici­tis y gran parte de su labor misionera se centró en la curación por fe que despertó el interés de la prensa internacional. En sus diversas biogra­fías se detalla que regresó de la muerte a varias personas, entre ellas a su propia esposa Polly.

 

Smith Wigglesworth murió el 12 de Marzo de 1947, a la edad de 87 años. Su mayor legado fue el ejemplo de su fe en el Señor Jesucristo, su amor por las almas y su insaciable búsque­da de la difusión del Evangelio y su comunión con el Espíritu Santo. Y aunque nunca formó su propia denominación o escribió un libro, y mucho menos un conjunto sistemático de doc­trinas y teología, su convicción sencilla en Dios todavía inspira hoy en día a todos los creyen­tes del mundo

 

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