Presionar ENTER para activar modo de accesibilidad Presionar ENTER para desactivar modo de accesibilidad

Envía tu saludo

Héroes de la Fe
23 de Agosto del 2011

Descubriendo a Colón

Amaba el vértigo de las carreras de caballo y se convirtió en jockey. Soñaba con los elogios terrenales. Santos Colón Santiago un día escuchó el llamado de Dios y dejó todo para convertirse en un obrero de la Palabra. Llevó el mensaje del cristianismo a Ecuador donde fue un precursor del Movimiento.

  • Descubriendo a Colón

Se había trazado el destino de llegar a ser, algún día, el jockey más famoso de Puerto Rico y del mundo, pero en un instante, en un solo momento, Santos Colón Santiago se bajó de ese sueño terrenal y se montó en la realidad, la única verdad sobre la que está construida la existencia: Jesucristo. Fue un día de 1976, en Bayamón -un municipio costero de Puerto Rico conocido como “El Pueblo del Tapón” por su constante congestión vehicular- cuando escuchó predicar la Palabra del Señor a un joven evangélico en el bus en el que viajaba y horas más tarde, iluminado por Dios, se entregó al cristianismo.

 

Hasta allí la existencia de este hombre, nacido el 6 de abril de 1958, no pasaba de ser igual a la de cualquier otro mortal más. Conoció a Jesús desde muy niño, a través de sus abuelos, pero jamás se decidió a seguirlo como su Pastor. Sin embargo, Colón Santiago siempre fue un chico temeroso del Creador y vivió en medio de la humildad económica. Hijo de Dalila Santiago y Santos Colón, el hermano Colón, en el camino a la adolescencia, creyó descubrir en la hípica el camino a la gloria humana y se entregó con pasión al deporte de las carreras hasta conseguir, a la edad de 15 años, su licencia deportiva y tocar con las manos el éxito terrenal.

 

Un alumno aplicado

Tres años después, apenas bajó de aquel bus, Santos Colón inició una nueva carrera al lado de Cristo que lo llevó a recorrer un fructífero camino de 35 años saturados de bendiciones y parabienes. Sobre este punto en particular, en su vida de adulto, alguna vez reveló que: “Cuando estuve en mi casa, posteriormente de lo sucedido en el bus, le pedí orientación al Señor. Entonces le pregunté: ¿quieres que deje el hipódromo y esté en tu Iglesia? Y Él me respondió que me quería a su lado. No lo dudé ni un instante y confirmé al Señor como Pastor y mi guía. Ya nunca más me apartaría de su lado”.

 

La unión de Colón con el evangelio no tardó en consolidarse. Apenas pasaron siete meses para que recibiera el bautismo en agua y se transformara en uno de los principales colaboradores de la Iglesia Cristiana de Avivamiento del Movimiento Misionero Mundial, ubicada en Trujillo Alto, Puerto Rico, y además se destacara como uno de los alumnos más aplicados del Instituto Bíblico Elim. Su amor por Cristo y su rectitud a la hora de seguir los preceptos de las Santas Escrituras terminaron por delinear una existencia donde jamás volvió a existir otras cosas que no fueran las relacionadas con el Poder de Dios.

 

Rumbo a Ecuador

Posteriormente, cuando frisaba los 21 años de vida, en un retiro espiritual, acontecido en la ciudad puertorriqueña de Barranquito, el Señor volvió a mostrarle el rumbo que le había trazado para sus días terrenales y la gran misión evangelizadora que le tenía reservada. El Altísimo, en aquella oportunidad, le habló a Santos sobre la necesidad de transmitir su mensaje esperanzador en otras latitudes del globo terráqueo y le ordenó: “te necesito en mi Obra en Ecuador. Busca como llegar hasta ese país. Lleva mi Palabra a la gente de esa tierra”.

 

Como en toda biografía, ligada al cristianismo, Colón Santiago debió pasar un período de prueba espiritual antes de cumplir con el mandato del Creador. En un principio se guardó para sí la revelación divina y la mantuvo en absoluto secreto. Con el correr del tiempo, su Pastor, el extinto hermano Jorge Candelario, le habló por encargo de Jesús y le dijo: “Si Dios te ha llamado a Sudamérica tienes que ir. Obedece”. El paso siguiente fue acudir ante el Reverendo Luis M. Ortiz y 12 meses después, el 4 de julio de 1981 para mayor exactitud,  Cristo le da un ultimátum: “si no vas a Sudamérica te vas a morir”.

 

Tras pedirle perdón a Dios, y ante el descontento de sus familiares, partió el 8 noviembre de 1981 hasta la lejana y distante ciudad de Quito. Tenía 23 años, una pequeña maleta en la que relucía una Biblia, una fe enorme y el consentimiento del Reverendo Ortiz. Atrás, como un punto remoto, quedarían sus días como jockey, sus estudios universitarios y su pasión por predicar las buenas nuevas del evangelio. Su horizonte espiritual apuntaba al sur de América y le depararía más de una sorpresa.

 

Ya en suelo ecuatoriano, en primera instancia, se instaló en la urbe de Esmeralda y apenas al año de haber llegado al país sudamericano desposó a la hermana Elmer Adila Montaño Escobar, el 7 de abril de 1983, y robusteció su alianza con Cristo. El Señor utilizó el trabajo denodado y empeñoso de Santos para fortalecer su Obra e inyectarles a los jóvenes ecuatorianos el deseo de conocer y servir a Jesús. Su testimonio, aquella historia que lo transformó de veloz jinete en hombre de Jehová, cosechó entre 1981 y 1986 más de un creyente dispuesto a integrarse a la Obra.

 

El crecimiento de la Obra

A continuación, y tras un paréntesis de 3 años en los que volvió a residir en Puerto Rico, el Pastor Colón volvió a consagrarse por completo a engrandecer la Obra de Dios en Ecuador. Así, bajo sus sugerencias, se empezó a ramificar las Iglesias del Movimiento por territorio ecuatoriano y se logró constituir 20 templos y un sinfín de nuevas casas de oración. Asimismo y por las múltiples ocupaciones del Pastor Clemente Vergara, fue designado como Supervisor Interino por espacio de año y medio al final de los ochenta y principio de los noventa. Luego de eso fue ascendido como Supervisor en Propiedad hasta el final del siglo pasado.

 

Desafortunadamente, la fructífera vida del Rev. Santos Colón Santiago fue tan breve e intensa, similar a las competencias hípicas en las que solía participar de adolescente. El sábado 16 de julio del presente año se marchó al encuentro de Dios. Un mortal cáncer al colon cegó la existencia de este gran mensajero del evangelio, quien llegó a formar parte de la Junta de Oficiales del Ecuador y orientó y guió a casi todos los Pastores que se encuentran trabajando actualmente en esta filial de la Obra del Señor. Colón Santiago, como los demás precursores del cristianismo, antes de reunirse con el Padre Eterno, con su último aliento, afirmó sin rodeos: “a Dios le debemos dar gracias por todo, incluso por las enfermedades”.

  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico

Impacto Evangelístico es una publicación oficial del Movimiento Misionero Mundial con 50 años de circulación en el mundo entero, editado en seis idiomas. El contenido, con reportajes, testimonios, historias e información, está orientado a edificar la vida de nuestros lectores.

Issuu

issuu.com/impactoevangelistico.net

Visualiza en 7 idiomas nuestra edición digitalizada

Ordenadores y Móviles