Los últimos dos años han mostrado la crisis y el pánico de países europeos, en niveles casi imposibles de concebir hace una década. El propósito de este artículo es ir más allá de la noticia, notar aquello que está detrás del telón de la Unión Europea.
Lo que ocurre en la Unión Europea (UE) puede ser de vital importancia para aprender las lecciones de la Historia, sobre todo para países como los latinoamericanos, en donde despuntan varios exitosos “emergentes”, pero en los que tenemos aún mucha pobreza, descontento y desigualdad. En verdad, es importante saber si Estrasburgo, la capital de la UE, es realmente la capital de la unidad continental o solo de una utopía, un sueño que esconde el temor de las grandes potencias europeas, especialmente Alemania, de perder hegemonía en el planeta. ¿Ha traído igualdad la Unión Europea? ¿Pueden las alianzas de países desiguales acabar con la desigualdad económica, la pobreza y catapultar a un continente a liderar el mundo?
Si bien la crisis de la UE afecta y preocupa a todos los países miembros, no lo hace de la misma manera, y debemos notar que así como los efectos son diversos, las diferencias entre ellos han estado allí por siglos: diferencias sociales, esquemas políticos acompañados de esquemas económicos hasta opuestos, y todo ello nos habla del fundamento espiritual y moral que les dio lugar. Aunque la tendencia moderna es ignorar esos fundamentos y tratar de solucionar los problemas con programas económicos, la crisis actual debería ser una señal para confirmar la importancia de esas diferencias y aunque este artículo no pretende describir el espectro europeo completo, es obvio que el problema es mayor en un grupo de países bastante específico, de raíz cultural similar, y por qué no decirlo, de esquema religioso similar.
Para establecer las cosas de manera simple y contar con pistas para investigar y hallar algo útil, recordemos quiénes han sido noticia en cuanto a crisis de bancarrota, fraudes y quiebras fiscales: Irlanda, Portugal, España, Italia. En la cima de la quiebra, con el agravante de una mentira fiscal escandalosa: Grecia, país que debemos considerar primero por su filosofía, con la que enseñaron al mundo, no solo a Europa a pensar, y luego por su componente religioso ortodoxo, carente de modelo social bíblico.
¿Qué tienen en común estas naciones? Irlanda, Portugal, España e Italia son todas naciones de claro fundamento católico, siendo Irlanda el más largamente zarandeado por los avatares de las luchas de religión y cuyo comportamiento histórico tan desigual al resto de Europa del norte, le has hecho merecer el calificativo de “la nación más latinoamericana” de Europa, por su atraso. En efecto, “Europa” es un nombre que podría significar no unidad sino división. Basta recordar que a partir del siglo XVI, a raíz de la Reforma de Lutero, el continente se convirtió en un campo de batalla debido a las llamadas “guerras de religión”, que la dividieron en la Europa Protestante y en la Europa Católica. Ignorar que esta lucha de siglos trajo diferencias sociales políticas y económicas que perduran hasta hoy, podría ser el error más grave de los promotores de la Unión Europea. Y para confirmarlo, miremos lo que un autor alemán dice acerca de las desigualdades en esa entidad que pretende ser integradora e igualitaria:
Pero este proceso avanzado de integración no significa que los países que componen la UE no se diferencien considerablemente en su estadio de desarrollo económico y social. La desigualdad tiene varias dimensiones. Incluso si nos limitamos al análisis de la desigualdad de ingreso, dejando fuera las otras desigualdades, pueden establecerse diferencias claras entre la distribución personal, funcional y regional del ingreso, dentro de cada uno y entre los Estados miembros. La distribución personal del ingreso en la UE es extremadamente desigual. Si se la mide según la relación entre el quintil más pobre y el quintil más rico de la población, entonces esmclaramente más alta que la del espacio económico de Estados Unidos, comparativamente igual de extenso, y se encuentra casi al nivel de la de China.
Luego, el autor muestra un cuadro de nivel de desigualdad de ingreso por países europeos. Tres pequeños países ex comunistas lideran la lista, seguidos de Portugal en el cuarto lugar de desigualdad, en el quinto España y Grecia; luego vienen Italia e Irlanda. Entre los últimos en la lista –los menos desiguales- están Austria, Finlandia y Alemania, casi todos países reconocidos como del “racimo” de Europa protestante. Austria está siempre en los estudios económicos y sociológicos en el borde entre protestantes y católicos, pero nadie puede negar la clara influencia mutua entre esta nación y Alemania, el hecho de que son un bloque histórico-cultural. Las brechas de inequidad en el ingreso, en promedio, del continente llegan caso a ser como la de China. La UE no ha igualado las condiciones de vida de sus miembros.
El mismo autor desarrolla en ese extenso artículo un ejercicio muy complicado para lograr resolver los problemas de la UE, entrelazando Estados e imponiendo niveles de sueldo a nivel continental, por ejemplo. Su propio cuadro, con países ex comunistas, es decir ateos, liderando las inequidades, seguidos de países católicos y finalizando con protestantes, no le habla tan claro acerca de raíces espirituales y morales como sería de desear. A nadie se le ocurriría desconocer la herencia genética de una persona para entender su comportamiento y salud, pero lo hacemos constantemente cuando de naciones se trata.
Finalmente, es importante recordar que fue justamente el pensamiento griego que en los primeros siglos de la era cristiana logró imponer sus categorías de pensamiento místico a la Iglesia, separando lo material de lo espiritual y haciendo de lo primero un ámbito inferior, la “política” o juego del poder del buen gobierno, el enriquecimiento económico de lo justo y deseable en prosperidad, y marcando a Europa con una división entre países que lograron recuperar el mensaje de Cristo, en diverso grado, y aquellos que por falta de contenido real, incurrieron en humanismo, falacia e injusticia. Grecia, alma mater de Europa, hoy en quiebra, mira y busca ayuda en un continente que, desconcertado, no termina de entender que las ideas -y qué son las religiones sino ideas acerca de la vida, la libertad, la identidad y el derecho del hombre- perduran y tienen consecuencias a través de los siglos.