Rev. Álvaro Garavito
Estamos seguros que Dios hará grandes cosas en un futuro inmediato. Por eso es importante que estemos dispuestos a defender la Obra de Dios.
“Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” Hechos 20:26-31.
Es importante que uno esté dispuesto a defender la Obra de Dios. Estamos seguros que Dios hará grandes cosas en un futuro inmediato, estamos oyendo de grandes terrenos, de ensanchar los templos, de seguir predicando, porque lo que Dios está haciendo es incontable, no podemos dudar lo que Dios viene haciendo. En cualquier lugar de la tierra, en cada generación, Dios ha tenido sus instrumentos para hacer su obra, porque Él es soberano. En muchos países cuando ha fallecido un obrero que Dios levantó; de inmediato los intereses personales, egoístas, y mezquinos de muchos han aflorado, y conozco movimientos que se han hecho pedazos por esta situación.
El mensaje fue entregado a hombres valientes, compenetrados en la verdad, con la espada de la Palabra para combatir al diablo, a los poderes infernales, pero un día esta generación tendrá que pasar, entonces ¿dónde están aquellos obreros jóvenes?, hombres y mujeres llenos de fuerza, llenos del valor espiritual y del Espíritu Santo y poder, para exponer la Palabra y que la Obra no sucumba. Hoy presenciamos lo espectacular, lo glorioso, lo portentoso de la obra de Dios; pero ¿quiénes van a sostener lo que estamos viendo, esta misma gloria que Dios nos está dando?, ¿quiénes van a sostener este edificio que Dios ha levantado?, será un joven que esté ardiendo del fuego de Dios en sus huesos, en su alma, y en su espíritu.
El pasaje citado nos narra cuando Pablo estaba despidiéndose en Mileto, ciudad del Asia Menor, y estaba hablando de su partida de aquel lugar, pero también de su partida al cielo, y le estaba diciendo a los hermanos que no volverían a ver su rostro; tal afirmación causó una revolución en todos los que lo oyeron, que se aglomeraron alrededor de aquel siervo de Dios, “entonces hubo gran llanto de todos, y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro” (Hechos 20:37-38). Pablo les dijo: “Yo sé que después de mi partida, después que me vaya, después que ya no esté, después que me lleve el Señor, entrarán en medio de vosotros lobos rapaces”.
La palabra rapaz significa “dado al robo y a la rapiña”; entonces de entre vosotros entrarán hombres llenos de avaricia, ladrones, que vendrán a saquear el rebaño, a trasquilar las ovejas; hombres inclinados a intereses personales, hombres perversos que no miraran la obra de Dios, ni miraran para el cielo, sino miraran para la tierra y para ellos mismos, no era un anuncio cualquiera, está hablando de fieras que iban a entrar dentro del rebaño y que no iban a perdonar a nadie.
También dijo: “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:30). Estos calificativos se refieren a líderes peligrosos que se levantarán para hablar cosas perversas, así que si oye a alguien hablando cosas perversas de esta obra no tenga ninguna duda que esto estaba predicho en la Palabra de Dios. Satanás desde tiempos antiguos infiltró esta clase de instrumentos dentro de la iglesia del Señor, especialmente para dividir la obra de Dios. ¿Por qué no se levantaron estos hombres perversos cuando estaba aquel maestro? Porque los lobos rapaces no podían entrar en el rebaño, porque donde hay un hombre de Dios cuidando con una espada de verdad, cualquier lobo no se mete en el rebaño.
El apóstol Juan habla de los ministros o líderes falsos, que son asalariados, que al ver venir el lobo salen huyendo. Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye…” (Juan 10:11-12). Porque el asalariado está allí no para cuidar el rebaño, no para defenderlo, sino para cobrar un salario y no le importa que fiera se introduzca, por eso hay tantos que ven venir al lobo de la mundanalidad y no le hacen frente, hay muchos ministros que no les gusta tener problemas con nadie y hacen arreglos con los mismos lobos.
Pero aquel que no es un asalariado, que no está por el salario, que está por un llamado de Dios, está dispuesto a empuñar la espada y que pase el lobo si es posible por encima de su propio cadáver. Los hombres y mujeres de Dios son los que están dispuestos a pelear por el rebaño, a pelear por la santidad, por la consagración, por la sana doctrina; y que por defenderla se van a buscar problemas, se van a buscar enemistades, se van a quedar con menos amigos, eso es un sello poderoso de un llamado de Dios. Aquel que tiene un llamado genuino de Dios está dispuesto a levantar la espada de la verdad.
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado”, 2 Pedro 2:1-2. El apóstol Pedro está alertando a la Iglesia y está refiriendo históricamente lo que ocurrió con el pueblo de Israel, habla del pasado y del futuro, del pasado está diciendo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo”. Israel llegó en varias ocasiones a tener falsos profetas, era alarmante el número de ellos.
En los tiempos del rey Acab su gobierno estaba atestado de falsos profetas, hombres que hablaban perversidades en contra del verdadero Dios y que aplaudían la maldad del rey Acab y de su esposa Jezabel, aunque eran pecadores, criminales, perversos, brujos, idolatras, sin embargo, la profecía que salía de esos 850 hombres era siempre a favor del pecado y en contra de aquellos que hacían el bien, el Señor dijo en una ocasión: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!” (Isaías 5:20). La nación estaba atestada de falsas profecías, falsos profetas, falsos maestros, había hasta escuelas de profetas, había criaderos de profetas.
Estamos viviendo un tiempo similar, un tiempo terrible donde ahora el nombre de profeta ha bajado hasta el piso, que cualquiera se denomina profeta, cualquiera hoy es apóstol, cualquiera es maestro, cualquiera tiene títulos en teologías; líderes que están engreídos por el amor al mundo, por los aplausos a las cosas pasajeras. Pedro proféticamente mencionó: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo”, abundaron demasiado, y también dice: “como habrá entre vosotros falsos maestros”. En este tiempo aunque hay muchos falsos profetas, no abundan tanto como los falsos maestros, que introducen encubiertamente falsas herejías.
La Palabra dice: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…” (2 Timoteo 4:3); también dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Hoy los medios de comunicación son una bendición para aquellos que transmiten el mensaje del cielo, es una bendición que cualquier predicador se levante a través de una radioemisora o un canal de televisión, no para entretener a la gente, no para contar chistes o tonterías; sino a predicar la poderosa Palabra de Dios. Pero así como la verdad se está predicando en muchos medios de comunicación, Satanás ha levantado sus instrumentos para meter su veneno, para meter su mentira, y así socavar la obra de Dios. Porque habrá gente que escuchará doctrinas diabólicas, que escuchará al mismo diablo.
Hay que examinar lo que oímos, lo que vemos, no todo el que cargue una Biblia es del Señor, no todo el que hable de Dios es de Él. Hay muchos medios de comunicación que transmiten un mensaje que no es de Dios, que leen un texto de la Palabra y por dentro meten el veneno de la mundanalidad; por eso hay tantos creyentes que lo que han recibido son medias verdades, por eso son medios creyentes, por eso no hay cambios profundos. Y estos oyendo a espíritus de engaño y de mentira argumentan que Dios sólo mira el corazón, que no mira lo demás, queriendo decir que una persona puede hacer con su cuerpo lo que le da la gana.
En 1 Reyes capítulo 22 nos habla que los reyes Josafat y Acab se pusieron de acuerdo para conquistar a Ramot de Galaad. Estaban presentes los falsos profetas de Acab que profetizaban lo que le convenía al rey; pero Josafat, que era temeroso de Dios, le dice al rey Acab: “No hay aquí por lo menos uno que hable de parte de Dios”. Porque los que hablamos de parte de Dios no somos muchos, los que hablamos de parte de Dios somos contaditos, si fueran muchos el mundo no estaría como está. Y Acab le dice: “Sí hay uno”. Uno casi entre mil, y Acab le manifiesta a Josafat que lo que ese profeta declara no es de su gusto. Por eso todo el que es perverso, corrompido, hipócrita y falso aborrece al que habla la verdad. No espere aplausos cuando predique la Palabra de Dios, es muy posible que reciba pedradas, pero si el Señor lo llamó tiene que defender la doctrina, tiene que defender la obra de Dios.
Y mandaron al profeta y los embajadores de Acab, los oficiales del gobierno, quisieron sobornar al profeta, pero él se paró en la línea y le dijo: “Vive Jehová que lo que Él me diga eso voy a decir”, y no lo pudieron sobornar. Tampoco le pudieron cerrar la boca, le ofrecieron dinero, y lo rehusó, y le amenazaron: “O recibes el dinero o irás a la cárcel”. Y dijo: “Yo estoy de parte de Dios y estoy dispuesto a ir a la cárcel, o a ir a la muerte, pero voy a hablar lo que Dios me diga”.
¿Está usted dispuesto a defender la sana doctrina, a defender la Obra de Dios? Entonces tome la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Amén.