• En el huerto
    Aunque su alma desfallecía y su cuerpo sentía el morir, pero en su corazón permanecía
    el amor que lo movía a la oración, aún hasta en sus últimos momentos por nosotros.
  • Un largo camino
    El caminó una larga vía de sufrimiento y dolor para abrirnos la puerta al camino de gozo,
    de paz y de amor.
  • El sacrificio
    Y estando allí, cuando la cruz sostenía su cuerpo, él sostenía sobre sí el pecado
    de la humanidad, derramando perdón en cada gota de sangre.
  • El comienzo de una gran historia.
    Su tumba vacía dejó, el sacrificio se completó cuando a la muerte venció.
    Y ahí es donde nuestra historia empieza. Nuestro viaje hacia el encuentro con él.
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01 de Mayo del 2011

El conflicto judío - árabe

Un error comúnes creer que todos los judíos fueron empujados a la Diáspora por los romanos, después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el año 70 de la E.C.*, y luego, 1,800 años después, regresaron súbitamente a Palestina exigiendo que les devolvieran su país. En realidad, el pueblo judío ha conservado nexos con su patria histórica por más de 3,700 años.

El conflicto judío - árabe

El pueblo judío funda su derecho a la tierra de Israel en al menos cuatro premisas: 1) El pueblo judío colonizó y desarrolló la tierra, 2) la comunidad internacional le concedió al pueblo judío soberanía política en Palestina, 3) el territorio fue tomado en guerras defensivas y 4) Dios prometió la tierra al patriarca Abraham.

 

El «certificado de nacimiento» internacional de Israel estaba validado por la estadidad judía en la tierra de Israel en los tiempos bíblicos, la ininterrumpida presencia judía a partir de la época de Josué; la Declaración de Balfour de 1917; el mandato de la Liga de las Naciones, que incorporó la Declaración de Balfour; la admisión de Israel en las Naciones Unidas en 1949; el reconocimiento de Israel por la mayoría de otros estados y, sobre todo, la sociedad creada por el pueblo de Israel en décadas de próspera y dinámica existencia nacional.

 

Los hebreos entraron en la tierra de Israel alrededor del 1300 A.E.C.*, y vivieron bajo una confederación tribal hasta que se unieron bajo el primer monarca, el rey Saúl. El segundo rey, David, estableció Jerusalén como capital alrededor del año 1000 A.E.C., y el hijo de David, Salomón, construyó el templo poco después y consolidó las funciones militares, administrativas y religiosas del reino.

 

La división de Palestina

Al término de la segunda guerra mundial, se dio a conocer la magnitud del Holocausto. Esto aceleró las demandas por resolver la cuestión de Palestina de manera que los sobrevivientes de la «Solución Final» de Hitler pudieran encontrar un santuario en una patria propia. Los británicos intentaron llevar a cabo un acuerdo aceptable tanto para árabes como para judíos, pero su insistencia en obtener la aprobación de los primeros garantizó el fracaso (de la gestión), porque los árabes no harían ninguna concesión. Subsecuentemente, (los británicos) les transfirieron el asunto a las Naciones Unidas (NU) en febrero de 1947.

 

Las NU nombraron una Comisión Especial sobre Palestina (UNSCOP) para planear una solución. Delegados de 11 naciones fueron a la zona y encontraron lo que durante mucho tiempo había sido evidente: las incompatibles aspiraciones nacionales de judíos y árabes no podrían reconciliarse. Las actitudes contrastantes de los dos grupos «no pudieron dejar de dar la impresión de que los judíos estaban imbuidos del sentido del derecho y estaban preparados para presentar su caso ante cualquier tribunal imparcial, mientras que los árabes se sentían inseguros de la justicia de su causa, o temían someterse al juicio de las naciones».

 

Aunque la mayoría de los miembros de la Comisión reconoció la necesidad de encontrar una solución arreglada, les resultaba difícil concebirla, dada la posición recalcitrante de las partes. En una reunión con un grupo de árabes en Beirut, el miembro checoslovaco de la Comisión le dijo a su audiencia: he escuchado sus demandas y me parece que, desde vuestro punto de vista, el arreglo es: queremos que nuestras demandas se satisfagan completamente, el resto puede dividirse entre los que se quedaron fuera.

 

Al regresar, los delegados de siete naciones —Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay— recomendaron el establecimiento de dos estados separados, uno judío y otro árabe, mancomunados en una unión económica, con Jerusalén como un enclave internacional. Tres naciones —India, Irán y Yugoslavia— recomendaron un estado unitario con provincias árabes y judías. Australia se abstuvo.

 

Los judíos de Palestina no estaban satisfechos con el pequeño territorio que les asignaba la Comisión, ni se sentían felices de que Jerusalén fuese separada del estado judío; sin embargo, aceptaron el acomodo. Los árabes rechazaron las recomendaciones de la UNSCOP. El comité ad hoc de la Asamblea General de NU rechazó la demanda árabe de un estado árabe unitario. La recomendación de dividir (el territorio) hecha por la mayoría fue subsecuentemente adoptada por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones el 29 de noviembre de 1947.

 

La guerra de 1948

El presidente del Supremo Comité Árabe dijo que los árabes “lucharían por cada pulgada de su país”. Dos días después, los santones de la Universidad de Al-Azha en el Cairo llamaron al mundo musulmán a convocar una guerra santa (yijad) contra los judíos. Jamal Husseini, el portavoz del Supremo Comité Árabe había dicho a las NU antes de que se votara la partición que los árabes “empaparían el suelo de nuestro amado país con la última gota de nuestra sangre…”

 

La predicción de Husseini comenzó a hacerse realidad casi inmediatamente después de que las NU aprobaran la resolución que dividía el territorio el 29 de noviembre de 1947. Los árabes declararon una huelga de protesta e instigaron motines que les costaron la vida a 62 judíos y 32 árabes. La violencia siguió acrecentándose hasta fines del año. Los primeros asaltos en gran escala comenzaron el 9 de enero de 1948, cuando aproximadamente 1,000 árabes atacaron las comunidades judías del norte de Palestina. En febrero, los británicos dijeron que se habían infiltrado tantos árabes que ellos carecían de fuerzas para hacerles retroceder.

 

El 26 de abril de 1948, el rey Abdula de Transjordania dijo: “todos nuestros esfuerzos por encontrar una solución pacífica al problema palestino han fracasado. El único camino que nos queda es la guerra. Tendré el placer y el honor de salvar a Palestina”.

 

El 4 de mayo de 1948, la Legión Árabe atacó Kfzar Ezión. Los defensores los repelieron, pero la Legión regresó una semana después. Luego de dos días de combate, los colonos, mal equipados e inferiores en número, fueron batidos. A muchos defensores los masacraron después de que se habían rendido. Esto fue antes de la invasión de los ejércitos regulares árabes que siguió a la declaración de independencia de Israel.

 

La resolución para dividir el territorio nunca fue suspendida o rescindida. Por consiguiente, Israel, el Estado judío en Palestina, nació el 14 de mayo, al tiempo que los británicos abandonaban finalmente el país. Cinco ejércitos árabes (Egipto, Siria, Transjordania, Líbano e Irak) inmediatamente invadieron Israel. Sus intenciones fueron declaradas por Azzam Pashá, Secretario General de la Liga Árabe: “esta será una guerra de exterminio y de grandes masacres, de la cual se hablará como de las masacres mongolas y de las cruzadas”.

 

La guerra de los Seis Días

Una combinación de retórica árabe belicosa, conducta amenazante y, finalmente, un acto de guerra dejó a Israel sin otra opción que un ataque preventivo. Para hacer esto exitosamente, Israel necesitaba el elemento de sorpresa. De haber esperado por una invasión árabe, Israel habría estado en una desventaja potencialmente catastrófica.

 

El 15 de mayo de 1967, Día de la Independencia de Israel, tropas egipcias comenzaron a movilizarse hacia el Sinaí y a concentrarse cerca de la frontera israelí. Para el 18 de mayo, las tropas sirias estaban preparadas para la batalla a lo largo de las Alturas de Golán. Gamel Nasser, presidente de Egipto, ordenó que la Fuerza de Emergencia de NU, estacionada en el Sinaí desde 1956, se retirara el 16 de mayo.

 

El rey Hussein de Jordania firmó un pacto de defensa con Egipto el 30 de mayo. Nasser anunció entonces: Los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria y Líbano se ciernen sobre las fronteras de Israel para enfrentar el desafío, mientras están detrás de nosotros los ejércitos de Irak, Argelia, Kuwait, Sudán y toda la nación árabe. Esta acción asombrará al mundo. Hoy sabrán que los árabes están preparados para la batalla, el momento crítico ha llegado. Hemos alcanzado la etapa de la auténtica acción y no de las declaraciones.

 

La retórica árabe iba pareja con la movilización de sus fuerzas armadas. Aproximadamente 250.000 soldados (casi la mitad en Sinaí), más de 2.000 tanques y 700 aviones rodeaban a Israel. En ese momento, las fuerzas israelíes habían permanecido en estado de alerta por tres semanas. El país no podía mantenerse totalmente movilizado indefinidamente, ni podía permitir que su vía marítima a través del Golfo de Aqaba estuviera vedada. La mejor opción de Israel era atacar primero. El 5 de junio de 1967, fue dada la orden de atacar a Egipto.

 

Luego de solo seis días de combate, las fuerzas israelíes traspasaron las líneas enemigas y estaban en posición de marchar sobre el Cairo, Damasco y Amán. El 10 de junio se pidió un cese al fuego. La victoria se obtuvo a un altísimo costo. En la toma de las Alturas de Golán, Israel sufrió 115 muertos. En total, Israel perdió el doble de hombres —777 muertos y 2.586 heridos—, en proporción a su población total, de lo que EE.UU. perdiera durante ocho años batallando en Vietnam. Si Israel hubiera esperado a que los árabes atacaran primero, como hizo en 1973, y no hubiera tomado una acción preventiva, el costo ciertamente habría sido mucho más elevado y la victoria no podría haberse asegurado.

 

Hasta la fecha, aproximadamente el 93 por ciento de los territorios ganados en la guerra defensiva han sido entregados por Israel a sus vecinos árabes en el curso de negociaciones. Esto demuestra la disposición de Israel de negociar tierra por paz.

 

La guerra del Yom Kipur

El 6 de octubre de 1973 —el Yom Kipur, el día más santo del calendario judío—Egipto y Siria comenzaron un ataque coordinado por sorpresa contra Israel. El equivalente de las fuerzas totales de la OTAN en Europa se movilizó sobre las fronteras de Israel. En las Alturas de Golán, aproximadamente 180 tanques israelíes se enfrentaron a la embestida de 1.400 tanques sirios. A lo largo del canal de Suez, menos de 500 defensores israelíes fueron atacados por 80.000 egipcios.

 

Puesto a la defensiva durante los primeros dos días de combate, Israel movilizó sus reservas y finalmente rechazó a los invasores y llevó la guerra bien dentro de Siria y de Egipto. Los estados árabes eran rápidamente reabastecidos por mar y aire desde la Unión Soviética, que rechazó los esfuerzos de Estados Unidos de laborar por un inmediato cese al fuego. Como resultado, comenzó con retraso su propio puente aéreo a Israel. Dos semanas después, Egipto fue salvado de una desastrosa derrota por el Consejo de Seguridad de NU, que había dejado de actuar mientras la marea estuvo a favor de los árabes.

 

El 22 de octubre, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 338 que pedía a “todas las partes que al presente combaten que cesen toda hostilidad y den por terminada toda actividad militar inmediatamente”. La votación se produjo durante el día en que las fuerzas israelíes habían aislado al Tercer Ejército egipcio y se aprestaban a destruirlo. Pese al éxito último de las Fuerzas de Defensa israelíes en el campo de batalla, la guerra fue considerada un fracaso diplomático y militar. Un total de 2.688 soldados israelíes fueron muertos.

 

Al menos nueve países árabes, entre ellos cuatro naciones que no son del Oriente Medio, colaboraron activamente con el empeño bélico de Egipto y Siria. Unos pocos meses antes de la guerra del Yom Kipur, Irak transfirió un escuadrón de aviones caza a Egipto. Durante la guerra, una división iraquí de unos 18.000 hombres y varios cientos de tanques fueron emplazados en el Golán Central y participaron en el ataque del 16 de octubre contra posiciones israelíes. Los Migs iraquíes comenzaron a operar sobre las Alturas de Golán desde el 8 de octubre, el tercer día de la guerra.

 

La verdad sobre Jerusalén

Desde que el rey David convirtiera a Jerusalén en la capital de Israel hace más de 3.000 años, la ciudad ha desempeñado un papel central en la existencia judía. El Muro Occidental en la Ciudad Vieja —el muro que queda del antiguo templo judío, el lugar más santo del judaísmo— es el objeto de la veneración judía y el foco de su vida cultual. Tres veces al día, durante miles de años, los judíos han orado “a Jerusalén, la ciudad, regresaremos con júbilo”, y han repetido el voto del salmista: “si me olvidare de ti, Jerusalén, pierda mi diestra su destreza”.

 

Después de la guerra de 1967, Israel abolió todas las leyes discriminatorias promulgadas por Jordania y adoptó sus propias severas medidas para salvaguardar el acceso a los santuarios religiosos: “cualquiera que haga algo que se asemeje a violar la libertad de acceso de los miembros de las distintas religiones a los lugares que les son sagrados”, estipula la ley israelí, “puede ser encarcelado por un período de cinco años”. Israel también confió la administración de los santos lugares a sus respectivas autoridades religiosas.

 

Para los cristianos, Jerusalén es el lugar donde Jesús vivió, predicó, murió y resucitó. Si bien es la Jerusalén celestial, más que la terrenal, en la que la Iglesia pone énfasis, los lugares mencionados en el Nuevo Testamento como sitios del ministerio de Jesús han atraído a peregrinos y creyentes devotos durante siglos. Entre estos sitios están la iglesia del Santo Sepulcro, el Jardín de Getsemaní, el sitio de la Última Cena y la Vía Dolorosa con las catorce estaciones de la Cruz.

 

Junto con la libertad religiosa, los árabes palestinos en Jerusalén disfrutan de derechos políticos sin precedentes. A los residentes árabes les dieron la opción de convertirse en ciudadanos israelíes. Muchos prefirieron conservar su ciudadanía jordana. Además, independientemente de si son ciudadanos o no, a los árabes de Jerusalén se les permite votar en las elecciones municipales y desempeñar un papel en la administración de la ciudad.