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Héroes de la Fe
07 de Noviembre del 2014

El elegido

Ninguna vida mejor que la de Pablo de Tarso para graficar que algunos hombres fueron enviados al mundo para cumplir con una misión de fe.

  • El elegido

Ninguna vida mejor que la de Pablo de Tarso para graficar que algunos hombres fueron enviados al mundo para cumplir con una misión de fe. El cristianismo obtuvo en él a un personaje incomparable. En Pablo el cristianismo tuvo la oportunidad de demostrar al mundo toda la fuerza que traía consigo.

Su conversión probó el poder del cristianismo para destruir las más fuertes predisposiciones y estampar su propio tipo en una gran naturaleza por una revolución tan instantánea como permanente.

La información que tenemos acerca de la vida de este apóstol están contenidas en los “Hechos de los Apóstoles” y en las epístolas que escribió a los romanos, corintios, gálatas, efesios, filipenses, colosenses, tesalonicenses y a los siervos del Señor Timoteo, Tito y Filemón. Pablo nació en la ciudad de Tarso, en el Asia Menor, probablemente unos diez años después del nacimiento de Jesucristo.

Su primer nombre fue Saulo. Era de familia de judíos, de la tribu de Benjamín y de la secta de los fariseos. Fue educado en toda la rigidez de la doctrina de los fariseos y aprendió muy bien el idioma griego.

CONVERSIÓN DE FE

De joven fue a Jerusalén a especializarse en los libros sagrados como discípulo del rabino más famoso de su tiempo: el sabio Gamaliel. Durante la vida pública de Jesús, no estuvo en Palestina, por eso no lo conoció personalmente. Después de la muerte de Jesús, volvió a Jerusalén y se encontró con que los seguidores de Jesús se habían incrementado y emprendió con muchos otros judíos una feroz persecución contra ellos. Al primero que mataron fue al diácono Esteban y mientras los demás lo apedreaban, Saulo les cuidaba sus vestidos, demostrando así que estaba de acuerdo con este asesinato.

Saulo salió para Damasco con órdenes de los jefes de los sacerdotes judíos para apresar y llevar a Jerusalén a los cristianos. Empero, por el camino una luz lo derribó y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”. Él dijo: “¿Quién eres, Señor?”. Y la voz le respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Pablo añadió: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” y Jesús le ordenó que fuera a Damasco y que allí le indicaría lo que tenía que hacer. Desde ese momento quedó ciego y así estuvo tres días. Y en Damasco un discípulo de Jesús llamado Ananías hizo que recobrara la vista. Desde ese momento dejó de ser fariseo y empezó a predicar el Evangelio.

La personalidad de Saulo fue tan fuerte y original, que de cualquier hombre se hubiera esperado, menos de él, un cambio tan completo; pero desde el momento en que tuvo contacto con Cristo quedó tan dominado por su influencia que por todo el resto de su vida su deseo dominante fue el de ser un mero eco y reflexión del Todopoderoso para el mundo.

PRIMEROS PASOS

Saulo después de su conversión se fue a Arabia y allí estuvo tres años orando e instruyéndose en la doctrina cristiana. Vuelto a Damasco empezó a enseñar en las sinagogas que Jesucristo es el Salvador del mundo. Entonces, los judíos dispusieron asesinarlo y tuvieron los discípulos que descolgarlo por la noche en un canasto por las murallas de la ciudad. Muchas veces tuvo que salir huyendo de diversos sitios, pero nadie logró que dejara de hablar a favor del Señor y de su doctrina. Llegó a Jerusalén y allí se puso también a predicar la Palabra, pero los judíos decidieron matarlo. De inmediato, los cristianos lo sacaron a escondidas de la ciudad y lo llevaron a Cesarea. De allí pasó a Tarso, su ciudad natal, donde permaneció varios años.

Pablo fue un gran pensador por naturaleza. Su inteligencia fue de una fuerza majestuosa. Trabajaba sin descansar. Nunca fue capaz de abandonar un asunto que tuviera entre manos, sino hasta cuando lo había concluido. No le fue suficiente saber que Cristo fue Hijo de Dios y se esforzó de forma permanente en descomponer este hecho en sus elementos y entender precisamente lo que significaba. Tampoco le bastó creer que Cristo murió por los pecadores. Siempre necesitó más. Por ello se decidió a investigar por qué fue necesario que lo hiciera así y cómo su muerte lavó los pecados de la humanidad.

El talento de Saulo fue desarrollado por la educación. Los demás apóstoles eran hombres iletrados, pero él reunía los más completos adelantos de la época. En la escuela rabínica aprendió la manera de arreglar, afirmar y defender sus ideas. Tenemos la prueba de todo esto en sus epístolas, que contienen la mejor explicación que el mundo posee del cristianismo. Un día llegó a Tarso en su busca su gran amigo, el siervo Bernabé, y se lo llevó a la ciudad de Antioquía para difundir las buenas nuevas a los gentiles. Y en esa ciudad estuvo predicando durante un año, hasta que en una reunión del culto por inspiración divina, fueron consagrados Saulo y Bernabé, para ser enviados como misioneros.

VIDA MISIONERA

Saulo de Tarso hizo cuatro grandes viajes en su vida misionera. En el primero cambió su nombre de Saulo por el de Pablo, en honor de su primer gran convertido, el gobernador de Chipre, que se llamaba Sergio Pablo. El segundo se encontró con dos valiosos colaboradores: Lucas y Timoteo, quien fue su más fiel secretario y servidor. En este periplo, la primera ciudad europea que visitó fue Filipos donde le sacó el demonio a una muchacha que hacía adivinaciones. Entonces, fue llevado a prisión donde se convirtió y se bautizó el carcelero y toda su familia.

En su tercer viaje evangelizador de Pablo lo más notable fue que en la ciudad de Efeso, en la cual estuvo por bastantes meses, logró que muchas personas se percataran de que la diosa Diana, que ellos adoraban, era un simple ídolo y consiguió que dejaran de rendirle culto. Fue en ese momento que los fabricantes de estatuillas de Diana al ver que se arruinaba su negocio, promovieron un gran tumulto en contra del apóstol. De Éfeso partió Pablo hacia Jerusalén a llevar a los cristianos pobres de esa ciudad el producto de una colecta que promovió entre las ciudades cristianizadas.

Al final de su tercer viaje misionero, Pablo volvió a Jerusalén y en la fiesta de Pentecostés los judíos de Efeso promovieron contra él un espantoso tumulto en el templo y estuvieron a punto de lincharlo. A duras penas lograron los soldados del ejército romano sacarlo con vida de entre la multitud enfurecida. Entonces, más de cuarenta judíos juraron que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. Al saber la hermana de él esta grave noticia, mandó un sobrino a que se la contara. Pablo avisó al comandante del ejército, y de noche, en medio de un batallón de caballería y otro de infantería, fue llevado a Cesarea, donde estuvo preso por dos años.

Al darse cuenta Pablo de que los judíos pedían que lo llevaran a Jerusalén, para poder matarlo por el camino, pidió ser juzgado en Roma y el gobernador Festo aceptó su petición. El apóstol fue enviado en un barco comercial y sucedió que en la travesía estalló una espantosa tormenta y el barco se hundió. Pero Jesucristo le anunció a Pablo que por el amor que le tenía no permitiría que ninguno de los viajeros del barco se ahogase. Y así sucedió. Los viajeros lograron llegar a la Isla de Creta y allí salvaron sus vidas del naufragio. Al fin llegaron a Roma, donde esperaban a Pablo con gran entusiasmo los cristianos. En esta ciudad estuvo preso por espacio de dos años.

CRUEL MARTIRIO

La influencia de Pablo llegó a ser una amenaza para los judíos. Al respecto, se puede leer en sus epístolas que muchas veces fue perseguido, arrestado y torturado. Como muchos de los discípulos y los demás apóstoles, sufrió por predicar el Evangelio. Así cuando estalló la persecución de Nerón a los cristianos fue apresado y juzgado. Luego, fue condenado y entregado en manos del verdugo. Fue conducido fuera de la ciudad, con una multitud de la peor gente siguiéndole. Cuando llegó al sitio fatal, se arrodilló junto al tajo, el hacha del verdugo brilló al sol y cayó. La cabeza del apóstol rodó.

El tema principal del pensamiento de Pablo fue enseñar por qué la muerte de Cristo fue necesaria y cuáles fueron sus poderosos resultados. Pero en realidad no hay ningún aspecto de la vida de Cristo que no fuera penetrado por su mente infatigable e investigadora. Sus epístolas, cuando están arregladas en orden cronológico, demuestran que su mente continuamente penetró más y más en lo profundo del asunto. Brindó su vida a la misión entre los gentiles, y la historia de sus días es la muestra palpable de cuan sincero fue en su vocación. En él estuvo Jesucristo para evangelizar al mundo, haciendo uso de sus manos y de sus pies, de su lengua, su cerebro y su corazón.

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