Desde 2006, Blake Mycoskie cambió la mentalidad del mercado y empezó a obsequiar zapatillas a niños de zonas pobres del mundo por cada par que vendía. El empresario cristiano lleva más de un millón de pares entregados reivindicando el valor de la solidaridad.
Este es el relato del sueño de un hombre. Un sueño que hace seis años, con una idea muy inspiradora, ha logrado donar más de un millón de pares de zapatos a niños y niñas pobres de todo el mundo. A lo largo de este tiempo, por bondad, por generosidad, por desprendimiento y principalmente por amor a los más desprotegidos, Blake Mycoskie, el hombre del sueño, ha llevado a cabo una tarea que tiene un fuerte componente del espíritu del cristianismo y es la mejor muestra del abecedario de la solidaridad. Un cometido gracias al cual los infantes más necesitados de la tierra pueden escapar gratis de la utopía a la ilusión y correr, protegidos por cómodas y vistosas alpargatas, en busca del país de la esperanza.
Seguidor de Jesucristo, Mycoskie, en enero de 2006, fue impactado por el germen de la caridad. De vacaciones en Argentina, y mientras se adiestraba en la práctica del polo bajo la supervisión de Alejo Nitti, quedó conmocionado al conocer a 250 criaturas y avistar que caminaban descalzas debido a su extrema pobreza. En ese instante nacieron los Toms Shoes for Tomorrow, es decir, zapatos para el mañana como una simple idea que sólo buscaba ayudar a aquel cuarto de millar de chicos infortunados que atraparon la atención del joven estadounidense. Un sencillo proyecto que se cimentó sobre las alpargatas, calzados de tela muy populares en el Río de la Plata, y se reformó con velocidad en una realidad de múltiples alcances.
Ha pasado mucho desde entonces y este sueño hecho verdad resalta por su halo de beneficencia y sus connotaciones, sociales y humanitarias. De gente que ayuda a los demás por su buen corazón. Mycoskie, su iniciador, es el primer voluntario de Toms y como tal el más indicado para delinear el perfil de un emprendimiento que empezó con el pie derecho: “no intentaba meterme en el negocio de los zapatos, pero cuando conocí en Buenos Aires a algunas personas que realizaban un trabajo de recolección de calzados para dárselos a niños que los necesitaban, decidí que debía hacer algo al respecto y allí fue que inicié Toms. Desde el principio, la idea fue que por cada par de alpargatas que vendiéramos, regalaríamos otra a algún chico que no tuviera”.
Modelo a imitar
En el inicio, Blake, célebre en Estados Unidos por su participación en el reality show Amazing Race, se entusiasmó tanto que en apenas 23 días averiguó cómo fabricar alpargatas, de las que se había enamorado por su confort, y apeló a sus contactos para organizar una compañía sustentable, rentable y principalmente filantrópica. Nacido el 26 de agosto de 1976, en Arlington, el altruista cristiano siempre tuvo claro las cualidades que debía tener su producto solidario: “buscaba diseñar un modelo aggiornado, un zapato de moda, con el aspecto de una alpargata, pero la calidad de una zapatilla que llamara la atención y el interés de los consumidores de los países ricos y se convirtiera en un calzado de alta demanda”.
Tras un exitoso lanzamiento, que le permitió facturar 3,3 millones de dólares en su primer año, Blake logró que muchos famosos se calzaran las Toms. Al mismo tiempo, Mycoskie no se cansó de despertar el lado caritativo del mundo entero repitiendo sin cesar: “miles de niños mueren cada año porque no tienen el calzado adecuado. La solución a este problema, sin embargo, es trágicamente simple: zapatos”.
En octubre de 2007, Toms Shoes for Tomorrow ganó el premio “People’s Design Award” del Cooper-Hewitt, National Design Museum de Nueva York, único museo de Estados Unidos dedicado al diseño, y fue señalado como un modelo exitoso de emprendimiento social. Igualmente, Toms fue parte de la Iniciativa Global Clinton, en su versión universitaria, y Mycoskie fue invitado a hablar en la sesión plenaria de apertura con el ex presidente norteamericano Bill Clinton, la actriz Natalie Portman, y otros invitados.
La fórmula del éxito
Asociada a AT&T y Microsoft, la empresa lanzó en el 2008 un evento denominado “Un Día sin Zapatos” -ideado para concientizar a la población mundial sobre lo difícil y complicado que es andar descalzo- y de esta forma llamó la atención global sobre los diversos riesgos médicos a los que está expuesto la niñez necesitada de los países en desarrollo.
Con suela de caucho natural, plantillas de cuero y diseños divertidos y novedosos, las Toms, que se fabrican en Argentina, China y Etiopía y se venden en las principales tiendas de moda y vía internet, son donadas en la actualidad en veintitrés países de Latinoamérica, Asia y África. Impulsora de la ideología “Uno por Uno”, la firma de Mycoskie ha recorrido a pie firme un camino positivo en su labor altruista. Primero, en el 2006, distribuyó diez mil pares de alpargatas en Argentina. Un año después regaló cincuenta mil en el sur del continente africano. Posteriormente, en abril de 2009, registró ciento cuarenta mil pares obsequiados alrededor del planeta y en abril de 2010 anunció que sobrepasó los seiscientos mil. En tanto que en septiembre de 2010 concedió el par de alpargatas número un millón.
Anteojos y pobreza
Además del diseño de zapatillas, Mycoskie ha ampliado su acción solidaria a través del lanzamiento de una línea de lentes para el sol, con diseños clásicos e icónicos, que consolidan el formato “One for One”. Gracias a esta iniciativa, y junto a la Fundación Seva, especializada en la ayuda a comunidades pobres, Toms ofrece tratamientos médicos y anteojos para personas con problemas de visión en Nepal, Tibet y Camboya desde mediados de 2011. Al respecto, Blake confiesa que: “en un viaje a Nepal entablé amistad con una infortunada mujer que, después de una cirugia de catarata de quince minutos, pudo ver por primera vez con claridad a su hijo y en ese preciso instante entendí cómo la ceguera y los transtornos de la visión afectan a las personas que viven en la pobreza”.
Acaso porque Blake Mycoskie es un evangélico confeso y practicante, desde su hogar ubicado dentro de un velero en Los Ángeles, testifica que el sueño de Toms está representado por “diferentes pasajes bíblicos” y confiesa que: “vuelvo una y otra vez a un pasaje bíblico, incluido en el libro de los Proverbios, que dice honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia. En ese sentido, y fiel a las Escrituras, Toms entregó sus primeros frutos y fue bendecido con creces y se transformó en una gracia divina”. Esta es la fórmula del éxito que él, creyente del poder de la oración, espera que sea replicada en la batalla contra la injusticia social y en la reivindicación de los valores cristianos como la solidaridad.