Presionar ENTER para activar modo de accesibilidad Presionar ENTER para desactivar modo de accesibilidad

Envía tu saludo

Historias de Vida
01 de Septiembre del 2016

La tempestad que vivió Noé

En su tabla de valores conquistar y engañar mujeres era parte de una rutina cotidiana y nada inmoral. Jugó con sentimientos y planes de vida. Empezó a pisar las cárceles de Ecuador por esa existencia licenciosa. Noé Aurelio Bonzo Vera pudo ser devorado por la carne, pero resultó rescatado por el enorme poder del Señor.

  • La tempestad que vivió Noé

Noé Aurelio Bonzo Vera nunca fue un galán. Sus rasgos andinos propios de su país Ecuador, y su 1.65 centímetros de estatura, no coinciden con el estereotipo ideal de aquella figura masculina que encandile y enamore al sexo opuesto. Sin embargo, Noé supo aprovechar aquello que le fue heredado; una elocuente verbosidad que derritió a más de una muchacha y la colocó en su larga lista de conquistas.

Noé, quien no se compara con el personaje bíblico que construyó el arca y que preservó a la especie humana del gran diluvio, nació un 26 de diciembre de 1975, en la ciudad del Milagro en el Ecuador. Desde su adolescencia, narra su ferviente asistencia a los prostíbulos de la ciudad, para dejar de ser un niño y convertirse en un ‘hombre’ frente a sus amigos y a una sociedad tradicional.

Empero, este acostumbrado comportamiento humano, fue parte de una maldición generacional, que según Noé fue heredado de su abuelo paterno, quien tuvo muchas mujeres a su alrededor y que producto de su pecado se quitó la vida.

“Mi abuelo fue un hombre tremendamente mujeriego. Tenía muchas mujeres a su alrededor. Se acostaba con mujeres solteras y casadas, y un día cualquiera el hombre cogió una pistola y se dio un tiro en la cabeza… A eso lo lleva uno Satanás”, comenta Noé.

Un mujeriego suelto

Al estar curtido con el sexo opuesto, Noé con 18 años de edad, ideó la forma de acercarse a las féminas a través de su puesto de vendedor de fichas de teléfonos, en el terminal terrestre de la ciudad. Allí no perdió el tiempo para cortejar a cuanta menor de edad y mujeres casadas se acercaran a solicitar sus servicios.

“Las enamoraba y la conquistaba en ese momento… Varias de ellas se lo creyeron, hasta lograr que su quincena o su mensualidad se lo gastaran conmigo en cerveza, el taxi y hasta el hotel”, comenta Noé quien empezó a utilizar el seudónimo de ‘Joel Ponce’.

Teniendo la consigna de no comprometerse ni casarse, Noé se relacionó con una menor de edad. Al enterarse el padre de la joven, cogió un arma y por poco acaba con su vida.

“El padre de esta muchacha me buscó en la casa de mi madre para matarme. Afortunadamente mis abuelos cristianos que estuvieron allí, mencionaron la sangre de Cristo, y la bala salió disparada hacia otro lugar… Yo entiendo que fue la misericordia de Dios que me salvó de morir”.

Lengua engañosa

En otra ocasión, una de sus varias conquistas quiso formalizar su relación y casarse con él. Al ver su negativa, la muchacha por poco resulta atropellada por un camión que salió a su encuentro cuando fue detrás de Noé. “¡Me quiero morir!”, le gritó al conductor del vehículo.

En otra relación fallida, otra de sus mujeres le realizó un trabajo de brujería por haberla engañado, enfermándolo severamente y siendo desahuciado por la ciencia médica. Pero ni él mismo sabe cómo se salvó nuevamente de ese doloroso momento.

“Cuando uno no tiene a Cristo, las maldiciones se cumplen como lo dice el brujo; pero cuando uno tiene a Cristo en su corazón, el Ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y lo defiende de todo mal… No hay brujería ni hechicería que destruya a un hijo de Dios”, expresa Noé.

Inundado de problemas

En 1998 y ya administrando un negocio familiar dedicado a la búsqueda de empleos en la ciudad de Guayaquil, Noé no se dio abasto para seguir con su ‘mujerieguismo’ –como él lo dice–, ya que también utilizó esta fuente de ingresos, para enamorar a las decenas de jovencitas que se acercaron. Esto le trajo muchos problemas con la ley y más de un encarcelamiento.

“Nunca utilicé un arma para obligar a las mujeres. Las ilusionaba diciéndoles que me casaría con ellas y que tendría hijos con ellas... Pero cuando conseguía lo que quería, les decía que estaban locas y que jamás me casaría con ellas”, narra.

Su primer problema carcelario, sucedió cuando envió a una menor de edad trabajar a la capital del país, sin la autorización y el conocimiento de sus padres. Esta torpeza hizo que lo encerraran en Penitenciaría del Litoral por infringir las normas laborales y por exponer al peligro a la menor. Su rostro y su agencia de empleos se hicieron conocidos en la prensa local.

“Yo creo que Dios permitió que me arrestarán para buscarlo a Él, porque el primer día que llegué a la cárcel, un varón me predicó la Palabra de Dios; pero no me convertí de verdad, porque al salir dejé de ser adventista”, revela.

Después de unas semanas, Noé salió en libertad y retornó a su labor y a su afición como el mujeriego del barrio. Varios meses después, fue nuevamente arrestado por una clienta que lo denunció por sus malos servicios. Esto fue aprovechado por un policía de la jurisdicción, que lo arrestó arbitrariamente, por haber mantenido una relación extramatrimonial con su propia esposa.

Prisionero del pecado

Al hallársele en delito leve, Noé salió en libertad en menos de una semana para seguir con su mismo despilfarro moral. Un año después, otro arresto nuevamente perjudicó su imagen y la de su empresa. Esto sucedió cuando envió a otra muchacha a un empleo en otra provincia. Al cabo de unos días, no se supo del paradero de la joven y la dieron por perdida.

Esto motivó a que los familiares de la desaparecida denunciaran a la empresa, arrestando a Noé, a su secretaria –quien también fue una de sus amantes– y a su madre, quien ocasionalmente pasó por allí. Al ser recluidos en el Cuartel Modelo de la Policía Nacional de Ecuador en Guayaquil, Noé clamó al Señor y vio su poderosa mano al libertar a su madre del encierro.

Noé se afirmó en los caminos del Evangelio y se reconcilió con Dios. Sin embargo, al pasar los días y recobrar su libertad, traspasó el umbral de la penitenciaria y descuidó su nueva integridad.

“Yo me apartaba del Señor y al toque me apresaban”, recuerda Noé.

Al retornar en su antigua condición y deleitarse con otras mujeres que lo esperaban afuera, otro proceso penal lo llevó a cárcel, por secuestrar y violar a una menor de 15 años de edad. La fiscalía pidió similar cantidad de años para el mujeriego, pero Dios llegó a tiempo.

“Sus padres inventaron que yo la secuestré y violé, pero Dios hizo un milagro cuando la muchacha confesó que no fue así… Dios me libró de la cárcel en menos de dos meses”, recuerda.

Al salir en libertad y cansado de su vida, Noé se acercó al Señor por enésima vez y se entregó con corazón sincero, un 17 de febrero de 2000, en una iglesia cristiana en la ciudad de Guayaquil. Allí conoció a Santa Zevallos, la única mujer con quien selló su amor ante un altar, y que lo acompaña junto a sus hijos Noé y Enoc.

“Antes era un títere de Satanás, pero en los caminos del Señor es diferente, porque el cristiano es diferente”, concluye Noé.

  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico
  • Impacto Evangelístico

Impacto Evangelístico es una publicación oficial del Movimiento Misionero Mundial con 50 años de circulación en el mundo entero, editado en seis idiomas. El contenido, con reportajes, testimonios, historias e información, está orientado a edificar la vida de nuestros lectores.

Issuu

issuu.com/impactoevangelistico.net

Visualiza en 7 idiomas nuestra edición digitalizada

Ordenadores y Móviles