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Devocionales
12 de Septiembre del 2017

Se buscan líderes responsables e íntegros

¿Qué es un Líder? El líder es la persona capaz de establecer una meta y lograrla; es la cabeza visible de un grupo, de un equipo.

  • Se buscan líderes responsables e íntegros

Rev. Gustavo Martínez

“… Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a José hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel lo obedezca… Y Moisés hizo como Jehová le había mandado…”  Números 27:12-23.

Cada día en el mundo entero hay una gran ausencia de líderes con pasión, con visión, con responsabilidad, con fidelidad e integridad. Necesitamos un liderazgo influyente e incluyente. “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:37-38). Por eso, con urgencia hay que obedecer la Palabra y clamar a Dios que levante hombres y mujeres conforme a Su corazón. Estos líderes tienen que sobresalir, tienen que crecer, tienen que avanzar para poder llevar adelante la labor que Dios les ha encomendado; la sociedad en general los necesita, pero mucho más la Iglesia del Señor. En un mundo que ha perdido su rumbo se necesita que los líderes sean capaces de influir para bien, que lleven a cabo el mejor trabajo, el más difícil, y el reto más grande que jamás se les haya presentado.

¿Qué es un Líder? El líder es la persona capaz de establecer una meta y lograrla; es la cabeza visible de un grupo, de un equipo, etcétera. Es una persona con cualidades sobresalientes a la del grupo que dirige, capaz de influenciar, de inspirar y de comunicar. Es la persona que tiene la capacidad de gestionar, de tomar la iniciativa, de negociar, de convocar y de promover un proyecto de modo eficiente.

En la vida cristiana debemos mantener un equilibrio, entre lo que Dios hace en Su soberanía, así no lo entendamos, y lo que nosotros hacemos como parte de nuestra responsabilidad. Encontramos ese equilibrio a lo largo de toda la conquista de la tierra prometida, en que Josué y el pueblo de Israel obedecieron a Dios (Jos. 3). Hoy más que nunca necesitamos la dirección de Dios, no mecanismos humanos, no presiones humanas, no manipulaciones; necesitamos que Dios nos guíe, que lo que hagamos sea por dirección divina.

Con respecto a la autoridad, estamos en un hilo muy delgado que, si no se tiene cuidado, podría entrar a operar la autoridad del hombre. El hombre puede manipular y decir que Dios está hablando u ordenando, y en realidad es su capricho, es su carácter sin control que se deja llevar por lo que oye o por la presión que siente. Necesitamos que se corra ese velo y podamos sentir el temor de Dios, y saber que estamos ante un Dios que conoce el corazón y la mente de cada persona. Debemos saber que Dios es quien hace maravillas, no es Josué, no son los sacerdotes ni los oficiales ni los cabezas de familia; Dios es quien enaltece, Dios levantó a Josué (Jos. 4). Dios le había dicho a Josué: “Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo” (Jos. 3:7).

Debió ser muy emocionante para Josué, que había visto durante tantos años la renuencia, la rebeldía, la desobediencia de este pueblo, que aquel día él diera una orden y el pueblo la ejecutara. Josué fue uno de los hombres más influyentes en el pueblo, fue uno de los líderes más apegados al texto de la Palabra del Señor. Dios le había dicho: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé… Solamente esfuérzate y sé muy valiente... Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:5-8).

Es importante que antes de tener un puesto o un nombramiento hayamos sido primero hombres de Dios, que desde que llegáramos a la Iglesia nos hayamos rendido al Señor; como dijo Cristo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt. 16:24). A veces la influencia negativa de otros (líderes) que no fueron los mejores creyentes, que tal vez fueron los más carnales, los más enamorados, los más negociantes, que sobresalían por su ausencia cuando se convocaba a un ayuno, a una vigilia, a un estudio de la Biblia, ellos no estaban por ninguna parte, no les gustaba estar bajo autoridad, no estaban sirviendo bajo los propósitos de Dios, pero lograron de una u otra manera asomarse a las filas del ministerio.

Josué era un servidor. “Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros...” (Éx. 24:13-14). El pueblo después de muchos días no tenía noticias de Moisés y comenzó a circular un rumor, pensaron que Moisés había muerto, y esto los desestabilizó. Hay preocupaciones que desestabilizan, que mueven a no esperar en Dios, a no acatar la Palabra de Dios, a no permanecer donde se nos ha puesto; ese rumor que circula afecta la mente, desmotiva, quita la visión, quita el interés y el afecto por la Obra de Dios. Cuidado con ese rumor, hay que esperar en Dios.

Cuando el pueblo se acercó a Aarón, este en lugar de mantenerse firme y con convicciones plenas y profundas, actuó equivocadamente movido por la presión del momento, empujado por los problemas. Estamos llamados a ser hombres de convicciones profundas de la Palabra, de la doctrina, que no nos movamos por los rumores, sino que permanezcamos quietos, como dice el Señor: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Sal. 46:10).

Moisés estaba en el monte bajo la nube, recibiendo dirección de Dios; pero Josué estaba a los pies del monte. Josué como servidor de Moisés no podía revolver sus pensamientos, que pase lo que pase arriba o digan lo que digan, él permanecería esperando a Moisés, esperando recibir dirección de Dios. Josué, antes de haber sido seleccionado por Dios para ser líder, había vivido cuarenta años siendo un sirviente, él sabía que no estaba para allanar su camino a la fama, no buscó nunca eso, sabía que ese lugar era para servir. Estamos llamados a servir.

Los grandes líderes bíblicos fueron personas que de alguna manera aprendieron a someterse, a servir a otros; fueron personas que no tuvieron problemas en reconocer a sus líderes y servirles. Eso fue lo que ayudó a despejar el camino de Josué, haber aprendido a someterse y sobre todo haber conocido al Dueño de esta Obra.

 
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