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15 de Febrero del 2018

Corea del Norte: ¡Mátenme si quieren, pero no negaré a Jesús!

Hanna Cho* es una cristiana que sobrevivió a una prisión de Corea del Norte, allí fue encerrada y torturada junto a su familia por creer en Jesucristo. Su madre le enseñó en su niñez una sola oración: “¡Hananim, Hananim!” (¡Señor, ayúdame!), y así clama a Dios en cada problema que se le presenta en su largo peregrinaje hacia el cielo.

  • Corea del Norte: ¡Mátenme si quieren, pero no negaré a Jesús!

►Vea también: Corea del Norte: “La oración de mi abuelo salvó mi vida”

Su madre era una cristiana ferviente que oró durante 8 años para que Dios le concediera tener hijos, con la convicción de que Dios era Poderoso para darle hijos a una mujer estéril. La fe de su valiente progenitora, la guió en el camino y así no se dejó ser influenciada por la destructiva ideología Juche.

La persecución cristiana en ese país, le obligó a ella y a su esposo a buscar un lugar más seguro donde vivir con sus 4 hijos. Enviaron a sus hijas mayores a China, pero el intermediario los traicionó y las vendió en matrimonio a unos granjeros. Ante esto, ella pronunció la oración que le heredó su madre: “¡Hananim, Hananim!”.

La mano de Dios se movió y pudo encontrar a sus hijas, pronto estaban todos juntos en China. Semanas más tarde, sus hijas mayores volvieron con sus maridos. Ella y el resto de su familia fueron deportados a su país, donde eran cruelmente torturados en la prisión.“¡Mátenme si quieren, pero no negaré a Jesús!”, gritaba su esposo mientras lo golpeaban hasta arrancarle la carne de su cuerpo.

Las marcas de las torturas eran tan graves que no lograban reconocerse entre ellos, así que solo rogaban a Dios por un milagro. Y lo recibieron. Se les concedió la libertad a ella y a su hija. Su esposo le sugirió que buscaran refugio entre la iglesia en China y así lo hicieron. Tres años después se enteró que él había muerto por las lesiones sufridas en aquella prisión.

Una vez más, Hanna elevó su oración al cielo y la respuesta del Señor la ha llevado a vivir reposadamente en Corea del Sur, con algunos de sus hijos. Así como Hanna, decenas de miles de cristianos norcoreanos siguen siendo encarcelados por su fe, esperando que algún día puedan servir a Dios con toda libertad.

*Nombre modificado por motivos de seguridad

Fuente: Puertas Abiertas

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