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Historias de Vida
06 de Junio del 2018

Rebelde sin causa

La falta de amor en su vida le generó un sinfín de problemas. La pornografía, las drogas y el alcohol lo arrastraron a la desesperación, al punto de buscar su muerte. En el camino halló el amor de Cristo y su vida cambió de inmediato. Ahora vive feliz predicando el amor de Dios.

  • Rebelde sin causa

Por: Susan Amau

Fotos: MMM Colombia y Archivo Familiar

Era una tarde fría del 1 de mayo del 2012. Con las manos en los bolsillos y un abrigo que apenas arropaba su cuerpo, Kevin Féaud caminaba por las calles de Lyon, Francia, sin rumbo y confundido. No podía permitirse llorar, era demasiado tarde para eso.

 Sin haber comido por días, su mente era consumida por el deseo de matarse. Buscaba la forma y cada paso era decisivo para el fin. Caminó sin pausas hasta que se sentó en la banca de un parque. Entonces comenzó a reflexionar.

– ¿Qué he hecho para merecer una vida con tantos problemas? –exclamó.

Su vida había sido muy difícil. Siendo muy pequeño descubrió la ausencia de Ernesto, su padre, quien nunca se preocupó por él, pues tenía otra familia. Creció solo al lado de Brigitte, su madre, quien, por su parte, le transmitía solo frialdad, lejanía y tristeza. Nunca recibió una caricia o una palabra de amor cuando más lo necesitaba.

La separación de sus padres lo afligía y su soledad se convirtió en rebeldía. Nadie se preocupaba por él y el abandono lo hería, se sentía solo en el mundo. Aquello creó un profundo resentimiento en su corazón y reaccionaba con un mal comportamiento que lo alejaba aún más de su propia madre.

REBELDÍA SIN FIN:

 Brigitte se cansó de la rebeldía de su hijo y optó por una salida extrema. Por tal razón, a los 9 años, Kevin fue conducido por la asistenta social a un reformatorio para cambiar su conducta. “¿Acaso no entienden que solo necesito amor?”, se preguntaba Kevin. Su alma lo gritaba a voces, pero nadie pudo oírla.

Se suponía que el reformatorio debió mejorar su conducta, pero su vida empeoró. ¿Cómo podía hacerlo si había decenas de cosas ilícitas allá dentro? Las malas juntas lo llevaron a conocer la pornografía, la que lo atrapó como una droga. Se volvió un vicioso de ese tipo de materiales obscenos; pero no era todo. Al mismo tiempo se volvió adicto a los videojuegos.

En los tres años que permaneció encerrado recibió más perjuicio que beneficio. Si algo rescatable hubo es que su madre mostró más de cercanía hacia él, pero aún así no era suficiente. Brigitte era fría, incapaz de darle un abrazo o brindarle un gesto de amor a su propio hijo.

El tiempo pasó. A los18 años, Kevin tuvo que afrontar una difícil situación. Su madre falleció de cáncer general. El hecho lo conmovió profundamente, pero mayor fue su frialdad y resentimiento. Delante del féretro, agachó la cabeza, cerró los puños con ira y recordó los difíciles momentos que pasó junto a ella.

Fue en esas circunstancias que conoció varios secretos de su madre, por boca de la abuela. Recién comprendió, entonces, la actitud distante de la mujer que lo había traído a este mundo.

Ella, al igual que su hijo, sufría la soledad. Desde su juventud, Brigitte había sido manipulada por su madre y en varias ocasiones incurrió en errores a causa de ello, lo cual le dejó una secuela dañina en su conducta

Uno de los hechos que había marcado la vida de la mujer era la pérdida de otro hijo. Un año después del nacimiento de Kevin fue sometida a un aborto y eso le dejó mucho dolor.

Ahora Kevin la entendía, pero era demasiado tarde. Cada secreto que descubría después de la muerte de su madre fue una espada directa al corazón. No quiso saber más y prefirió ya no hablar con su abuela.

La única persona que apoyó al joven y le brindó un sano consejo mientras pudo fue Catherine, una amiga de su madre. Ella intentó de muchas formas que ambos dejaran su frustración y se mostraran algo de cariño, pero no lo consiguió.

Vivió durante año y medio en la casa de la mujer, fuera de la ciudad, pero sus vicios aumentaron y la motivación por vivir fue decreciendo. La amiga de su madre también lo había decepcionado, parecía buena persona pero su estilo de vida era frustrante. Como no tenía adonde ir, soportó hasta que lo echaron del hogar.

Sin dinero, regresó a su ciudad natal, Lyon, y buscó a una asistenta social. Le brindaron una habitación compartida y 2 euros por día para comer. Aquel edificio estaba lleno de jóvenes y las drogas y el alcohol estaban a la orden del día. Con dolor vendió sus videojuegos, días después le robaron la laptop. Se quedó sin nada.

Le cambiaron la habitación a una personal, y allí, encerrado, sin comida, sin dinero y sin medios para alimentar sus vicios, padeció alucinaciones y el deseo de matarse aumentó. Profundamente turbado, salió a caminar por las calles de la ciudad.

LA SALVACIÓN:

 Estaba ensimismado en la banca del parque aquel 1 de mayo del 2012, cuando unas voces lo sacaron de sus cavilaciones. Un grupo de cristianos repartía comida y bebidas a los más necesitados. Con hambre, Kevin se acercó a pedir una porción. Mientras comían, él y otros más escucharon una prédica y la invitación para asistir a la iglesia local

De regreso a su habitación, los deseos de matarse se habían esfumado. Aquellas palabras en el parque resonaban en su mente y algo inexplicable sentía en su corazón. No le interesaba la religión, pero parecía haber encontrado un lugar donde podía comer y beber abundantemente sin pagar ni un centavo. Solo pensarlo era genial.

Pensó que era afortunado, y más aún, cuando descubrió la iglesia cerca de su hogar. Visitó el templo y cuando entró, quiso huir de inmediato; sin embargo, fue reconocido por los cristianos, quienes le dieron un afectuoso recibimiento y lo invitaron a escuchar la Palabra de Dios.

A partir de entonces algo sucedió en su corazón. Le regalaron el Evangelio de Juan, que habla del amor, como si supieran que era lo que él buscaba. El acto de bondad lo motivó a ir en repetidas ocasiones a la iglesia. Aprendió a orar y lo primero que hizo fue reemplazar la música de su celular por alabanzas al Señor

Kevin quedó impactado de inmediato por el amor que brotaba en el lugar. Su devoción le permitió dejar atrás los vicios y dedicó su tiempo a estar en la casa del Señor. El templo era una casa de dos pisos y en cada uno había una iglesia distinta. El joven asistía a ambas. Dos semanas después aceptó a Cristo en su corazón.

–Aún no puedo explicar lo que sentí en ese momento –dice Kevin.

EL PERDÓN:

 Meses después, una hermana de la iglesia se compadeció por la soledad del joven y lo invitó a vivir con su familia en Grenoble, para que dejara de pagar un alquiler. El joven dejó todo y se fue. Le habían prometido que en esa ciudad había una iglesia y que podía seguir congregando y tener una mejor calidad de vida.

En Grenoble conoció la iglesia del Movimiento Misionero Mundial, donde aprendió a caminar por la senda del bien, camino que sigue hasta el día de hoy. Dios empezó a bendecirle y a usar su vida grandemente; sin embargo, había algo que él debía hacer antes de seguir adelante: perdonar por completo a su familia.

En el 2012 estaba listo para el bautizo, pero tuvo que esperar dos años a que llegara un pastor a bautizarlo. Aunque fue larga la espera, ahora Kevin afirma que valió la pena, porque Dios le fue perfeccionando el carácter y el amor a los demás.

Días después, le concedieron a él dirigir la radio y las redes sociales. Aunque no supo como hacer al inicio, aprendió en el camino. Ahora mantiene contacto con su abuela y con su padre. Perdonó a ambos desde lo profundo de su corazón, ora por ellos y agradece a Dios por las grandes bondades en su vida.

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Impacto Evangelístico es una publicación oficial del Movimiento Misionero Mundial con 50 años de circulación en el mundo entero, editado en seis idiomas. El contenido, con reportajes, testimonios, historias e información, está orientado a edificar la vida de nuestros lectores.

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