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23 de Julio del 2018

¿Dónde están los que defienden la obra de Dios?

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” Hechos 20:29-30

  • ¿Dónde están los que defienden la obra de Dios?

Por Rev. Álvaro Garavito

El pasaje del libro de los Hechos nos habla de la despedida del apóstol Pablo; él estaba dejando la Iglesia que estaba en Mileto, ciudad del Asia Menor. Se estaba despidiendo después de haber hecho una labor por tres años, después de enseñar la Palabra de día y de noche, en el templo y en las casas, con lágrimas, amonestando a cada uno.

Pablo, despidiéndose de aquella ciudad, y de aquellos hombres y mujeres, les dice: “yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hch. 20:25). No solo se estaba despidiendo de esta ciudad, sino que se despide de esta tierra para irse a la eternidad, y es ahí donde les menciona: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hch. 20:29); y continúa diciendo: “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:30).

“Entrarán en medio de vosotros lobos rapaces…” (v. 29). La palabra “rapaz” se define como “persona inclinada al robo y a la rapiña”. Pablo estaba hablando lo que el Espíritu Santo le estaba advirtiendo, declarando los propósitos de Satanás; el Espíritu Santo le estaba advirtiendo que desde temprana edad en la Iglesia, desde sus comienzos, Satanás iba a infiltrar dentro del pueblo lobos rapaces, el infierno iba a introducir encubiertamente instrumentos malignos dentro del pueblo del Señor. “Yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismo se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:29-30).

Es terrible leer, escuchar y comprobar que la historia no ha podido negar que del pueblo de Dios se han levantado personas malignas que no han perdonado al rebaño, el enemigo infiltrado en la Iglesia naciente, gente perversa, líderes perversos, que están agazapados, escondidos, esperando el momento de hacer su aparición o de ser expulsados por el Señor.

En el pueblo de Dios siempre hubo falsos profetas y falsos maestros; el apóstol Pedro en su segunda epístola nos dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pe. 2:1-3). Dentro del pueblo de Israel y de Judá había miles de falsos profetas, la historia registra que había escuelas de profetas, había criaderos usando un término castizo de profetas, pero en su mayoría eran profetas falsos, instrumentos que Satanás había infiltrado en la Iglesia para destruirla.

Hombres perversos que están infiltrados, falsos maestros con grande amplitud ante las masas del mundo, por medio de canales poderosos de televisión, a través de muchas cadenas de radio, transmiten su veneno, que está asfixiando al mundo, al pueblo, a los pecadores; por esa causa, se necesita a aquellos que se levanten a defender la heredad de Dios, que se levanten para defender la Obra que representan, que se levanten a defender esta heredad que el Señor ha puesto en sus manos.

El Señor dice: “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Jn. 10:12-13). El asalariado, que solamente está por un salario, no por un llamado de Dios, sino que no lo llamó el Dios del Cielo, ni tiene un llamado en el corazón, ni en el alma, sino un llamado en el vientre. Cuando ese tipo de falsos pastores y evangelistas ven venir al lobo de la mundanalidad, el lobo de la idolatría, el lobo de la contaminación, que se está introduciendo dentro de las iglesias y las está contaminando, lo que hacen es salir huyendo, o están agazapados o se hacen los sordos y los ciegos. El pastor de ese rebaño, el verdadero pastor, se levantará a defender y empuñará la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. El pastor genuino y verdadero, llamado de Dios, defiende el rebaño y no permite que se meta el lobo rapaz; no podrán entrar los lobos rapaces, no podrán entrar los falsos profetas, no tendrá entrada el falso maestro, los púlpitos no serán cedidos a cualquier gente.

Estamos en un tiempo en que muchos ya no soportarán la sana doctrina, la Palabra de Dios nos dice: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:3-4). Amén.

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