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14 de Septiembre del 2018

¿ANHELAS LA BENDICIÓN DE DIOS?

“Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él tus manos” Job 11:13

  • ¿ANHELAS LA BENDICIÓN DE DIOS?

Por Rev. Gustavo Martínez Garavito

La Biblia dice: “Si tú dispusieres tu corazón...” ( Job 11:13). La bendición depende de la disposición, del espacio que tenga para recibir la Palabra de Dios. El Señor estaba buscando gente vacía para llenarla; la buscó, pero estaban llenos y no pudo hacer nada. En Nazaret no pudo hacer nada porque estaban llenos de incredulidad; en Gadara solo pudo libertar a un hombre y eso fue suficiente para que lo expulsaran de la región; en cambio, en Samaria le dijeron que se quedara, ellos lo retuvieron, y se quedó allí algunos días y sanó a los enfermos y obró maravillas.

Hay los que están llenos de conceptos teológicos, de conceptos errados que provienen de gente espiritualmente muerta, de gente sin vida; y si alguien recibe aquello que viene de muerte, entonces quedara muerto. Aunque “la Palabra es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón…” (He. 4:12), si alguien cierra su corazón no recibirá la bendición, pero si viene con sed de Dios, con mucho anhelo de que ocurra algo grande, porque los encuentros con Dios cambian y santifican, uno no vuelve a ser igual.

Moisés anhelaba más de Dios. “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis para con el que seré espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éx. 33:15-23).

El salmista dijo: “Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Sal. 84:7); no dice irán disminuyendo. A medida que van pasando los años y van envejeciendo los predicadores terminan sin mensaje, secos, como si no hubieran sido ungidos con aceite, ¿por qué? Porque llegó un momento en que creyeron que lo tenían todo, que no era necesario buscar a Dios.

Otoniel el esposo de Acsa, hija de Caleb, “la persuadió que pidiese a su padre tierras para labrar…” (Jos. 15:18-19). Ella pidió tierras, pero también pidió fuentes de aguas; porque para qué tierras si no hay aguas. Y yo digo: para qué un ministerio, para qué un cargo, si está muerto, si no hay agua; hay que decirle al Señor: Dame también fuentes de aguas, no me dejes estéril, no me dejes muerto, no me dejes vacío, lléname Señor.

¿Cuánta capacidad tiene de recibir y de retener? Hay los que tienen capacidad de recibir, pero no tienen capacidad de retener. Pablo dice: “Estad firmes, y retened la doctrina” (2 Tes. 2:15). El Espíritu le dice: “Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap. 3:11). La Biblia nos habla de dos ciegos. “Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor... ten misericordia de nosotros! Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron” (Mt. 20:30-34). Los ciegos querían la bendición, ellos querían un toque de Dios, ellos estaban seguros que algo iba a pasar, ellos querían ver. Dios quiere ampliar su visión, Dios quiere que crezca, ¿cuánto quiere crecer? ¿Adónde quiere llegar? ¿Qué tan alto quiere llegar? Hay los que quieren bendición, pero no tienen espacio, porque hay cosas en su corazón que no tienen que estar, hay que sacarlas si se quiere la bendición de Dios. Dios les bendiga. 

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