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Historias de Vida
01 de Noviembre del 2018

LA SOLEDAD DE LA PRINCESA

DURANTE toda su infancia y adolescencia ignoró que pertenecía a la nobleza en un reino de Ghana, en el África, y que la mujer que vivía con ella no era su verdadera madre. Pasó una juventud desdichada y se hundió en el alcoholismo, hasta que un día encontró el camino.

  • LA SOLEDAD DE LA PRINCESA

Por Susan Amau / Fotos: Archivo Familiar

Desde muy niña, Selina Dansowah Kwafo tuvo que afrontar una situación difícil en su hogar y, en la práctica, fue el pilar que cuidó de la familia durante muchos años; su madre padecía de un trastorno mental, un mal cuyo síntoma más visible era que hablaba a solas por largo tiempo; su padre abandonó la casa huyendo de las dificultades y se refugió en el alcohol.

Selina había nacido en Ghana, un país del África occidental, con una población negra caracterizada por la práctica de la idolatría y la hechicería desde tiempos ancestrales; la gente, en su mayoría, cree aún en el poder del Sol, los ríos, los árboles, el mar y de los animales. Hace muchas décadas, antes de la fundación de la República, su territorio estaba dividido en reinos que todavía se mantienen, pese a todo, sin el poderío de antes.

Selina atravesó muchos problemas desde temprana edad, pero pudo superarlos con mucho sacrificio. Cuidó de su madre y al hermano mayor, quien también padecía de la misma enfermedad, pero ello le impidió tener una educación adecuada; sin embargo, se esforzó para, al menos, terminar la secundaria.

Antes de que la mente de la madre se hundiera en el laberinto de la locura, era habitual para ellos asistir a una iglesia cristiana y escuchar las prédicas por la radio. Selina era muy niña en esa época, pero recuerda con nitidez aquellos momentos de tranquilidad en su familia.

La idolatría comenzó a practicarse en su hogar, cuando apareció el problema mental. Mal aconsejada, la enferma abandonó el camino de la Palabra y, al borde de la desesperación, apeló a ese recurso, pero, en vez de curarse, empeoró y los momentos de lucidez desaparecieron por completo.

Las dificultades agobiaron a su padre de tal manera que empezó a beber constantemente; hasta ese entonces trabajaba como ingeniero en una empresa eléctrica y no le iba mal. El alcoholismo creciente que lo envolvía le hizo perder el trabajo y desaparecía de la casa por temporadas, abandonando esposa e hijos a su suerte.

SOLEDAD DOLOROSA

Años más tarde, el padre falleció y su madre murió poco después, cuando daba a luz al último de sus hijos. Selina quedó a cargo de todo, fue muy duro para ella y sus hermanos, pero tuvo la valentía de afrontarlo. Los problemas parecían nunca terminar, pero ella se esforzaba por seguir adelante.

Con el tiempo, ella se convirtió en una esforzada jovencita que parecía poseer entereza para soportar todas las dificultades, pero tenía un límite y llegó a un punto que ya no pudo más. La crisis estalló cuando tenía 18 años, al enterarse de que la mujer que creía su madre no lo era. Fue como un mazazo en la cabeza, un golpe durísimo. Pero eso no era todo; había más.

Por esa misma época, supo también que su familia pertenecía a la nobleza en el reino de Akwamufie, ubicado al este de Ghana. Nana Bekia, el tatarabuelo por parte de su madre biológica, había sido rey y eso convertía a Selina en una princesa, algo totalmente impensado para ella que había sufrido tanto durante la infancia, la adolescencia y parte de su juventud. La familia le había escondido un secreto de tal dimensión por muchos años.

Parte de la descendencia del rey había abandonado la idolatría que caracteriza al reino y, por tal razón, fueron apartados de los beneficios de la nobleza; migraron a otras ciudades y trabajaron como ciudadanos comunes. El padre también tenía una familia de linaje y descendía de un rey, pero en Ghana prevalece la matrilinealidad. Había tenido educación, era ingeniero, y trabajó en una empresa eléctrica en la que, mientras estuvo bien, obtuvo suficientes recursos para mantener a su familia.

Las dos impactantes noticias colisionaron contra el estado emocional de Selena y ella se derrumbó. Comenzó a transitar por el mismo camino en que anduvo su padre: el licor. Se refugió en el alcohol recordando su triste infancia; mientras bebía pensaba en su verdadera madre y creía que la vida era muy injusta con ella, que no merecía vivir así, que jamás nadie la querría ni se casaría con ella.

El trago hizo que olvidara a su familia y recurrió a la alegría engañosa de las fiestas para tratar de olvidar sus penas. No había noche en que no bebiera para intentar olvidar. Luego de la vorágine de alcohol y música estruendosa, se hundía en la pesadumbre.

La soledad que la embargaba no le permitía observar que estaba destruyendo su vida. La hermana cuestionaba su conducta y le gritaba que estaba decepcionada de ella; la gente murmuraba y criticaba su extraño cambio, y todos en su vecindario hablaban de las locuras que hacía bajo el efecto del alcohol.

BUSCANDO A DIOS

Cansada de la vida de excesos, intentó cambiar. En verdad, lo intentaba, pero recaía nuevamente en el alcohol; entonces, cierto día, recordó un texto de la Biblia, que dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” [Mateo 11:28]. Esa frase marcó su corazón.

El anhelo por un cambio fue enorme y buscó a Dios con todo su corazón. Al principio no se consideraba una cristiana porque no practicaba la santidad, dado que desconocía hasta su significado; sabía que había un Dios y le pedía perdón, pero le faltaba dar el paso final.

El deseo de sentir a Dios en su vida, de estar cerca de Él, crecía cada vez que confesaba sus pecados. No sabía cómo llegar a la Santa verdad, pero encontró a un pastor y su esposa y ellos la encaminaron. Entonces, recién comprendió muchas cosas y la verdad la hizo libre.

Comenzó a buscar el poder de Dios, a orar más seguido, todas las noches, y sintió alegría en su corazón. No volvió a sentir el deseo de beber licor, ni ir a fiestas o salir con sus amigos a perderse en el pecado; por el contrario, atesoró las cosas del Señor y cada día buscó más de Él, hasta comprender cuál era el propósito de su vida y para qué la había elegido entre la multitud de su pueblo.

El bautismo del Espíritu Santo fue su mayor deleite porque la ayudó a comprender los planes de Dios y el propósito con las almas perdidas. De ese modo, Selina venció a la oscuridad y todo es diferente en su vida actual.

Atrás quedó el peso de la enorme mochila repleta de problemas que cargaba antes de conocer al Salvador. Sus cargas fueron quitadas y, aunque su familia no comprende todavía por qué eligió al cristianismo, están contentos por su cambio.

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