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30 de Diciembre del 2018

CRISTO VENCIÓ

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Romanos 5:12

  • CRISTO VENCIÓ

Por Rev. Álvaro Garavito

La Palabra de Dios, es el libro más antiguo en conocimiento que haya existido en la tierra, el autor de este libro, el Dios creador del universo, del cielo y de la tierra. A través de ella se anunció una pandemia hace casi 4000 años atrás, la cual ha venido a ser la peor de todas que hayan podido destruir a millones de millones de hombres y mujeres, ancianos y niños, adolescentes y jóvenes de todas las edades y de todos los estatus sociales han caído presa de la pandemia más horrible y devastadora que se haya podido oír en la tierra, llamada “PECADO”. La Biblia dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12).

La ciencia ha aumentado y la Internet bien utilizada es una maravilla de Dios, pero a muchos, Satanás ha corrompido en sus propias habitaciones, les ha trasmitido el veneno de la corrupción, el veneno de la inmoralidad, el veneno de la prostitución, de la pornografía; lo triste, lo lamentable de esto no es solamente a los pecadores que no tienen a Cristo, lo lamentable de esto es que en esta avalancha de suciedad, que el mundo le está haciendo presión a lo moral, a lo limpio, a lo puro, hay una avalancha que va arrastrando los principios morales que quedan y muchos jóvenes, jovencitas y hasta damas y caballeros ya de edades, están cayendo en esas garras de la pornografía.

También hay tantas iglesias que en los cultos no pueden ni alabar, ni predicar, la gente va a dormirse allí, porque están atados por la pornografía, atados por las novelas, por películas corrompidas que han destruido la moral del hombre.

“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Heb. 2:14-18). Tuvo que venirse del cielo a nacer como hombre, habitar aquí como un ser humano con necesidades, a llorar, a reír aquí en la tierra consciente que tenía que pelear la más cruenta de las batallas para poder derrotar al que tenía “el Imperio de la muerte”.

Cuando llegó la noche anterior, esa noche terrible de agonía en el Getsemaní sus poros se reventaron por la presión que había de la batalla sin cuartel que tenía que enfrentarse, la sangre corrió en su agonía, de sus poros salían como grandes gotas de sangre. Cuando llegó la hora, se enfrentó a los enemigos, lo llevaron a la cárcel y allí fue juzgado para luego posteriormente pasar a aceptar la muerte de cruz que estaba esperando porque allí se iba a pelear esta gran victoria, ¡la batalla la tenía ganada! (“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza…” Lucas 22:39-46)

Allí en la cruz Cristo se enfrentó en el madero contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes; allí estaban esperando golpear su cabeza. “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15). Cristo despojó a las potestades, a los gobernadores, les quitó su autoridad; los despojó, los derrotó y los venció, públicamente.

Amigo, usted está atado porque quiere, es presa del alcohol porque quiere, es presa de la droga, de la prostitución, de la mentira, de la trampa, de la falsedad, de la hipocresía, de la hechicería, de los agoreros, de los brujos, pero Dios nos dice: “Y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados” (2 Cr. 7:14) Si usted cree en Él acéptelo como su Señor y Salvador personal. ¡Dios le bendiga!

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