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08 de Enero del 2019

Prisionera en un país comunista

Cristina* es una norcoreana que relata la realidad de la prisión en el país número uno de la lista Mundial de persecución a cristianos.

  • Prisionera en un país comunista

►Vea también: Nepal y China, perseguidos pero no derrotados

En la soledad, sólo podía orar y cantar de corazón, nunca en voz alta, todo en silencio. Es así como una cristiana de Corea del Norte describe su primer impacto al llegar a un centro de detención. Resultado de imagen para china cristianos

Cuando caminaba por una calle en China, un carro se paró cerca de mí, me golpearon y colocaron dentro de un automóvil, por primera vez percibí que mi vida había terminado. Después de unas semanas detedina,fui enviada a las autoridades norcoreanas, ellos me trasladaron a un centro de detención.

En la prisión, mis ropas fueron rasgadas, raparon mi cabello y me llevaron a una celda. Cada día a las 08.00 de la mañana, me llamaban para interrogarme. No podía mirar a los guardias, tenía que poner las manos atrás y seguirlos hasta la sala de interrogación.

Por horas me hacían las mismas preguntas: ¿Vas a alguna la iglesia? ¿Tienes Biblia? ¿Es cristiana? A pesar de amar a Jesús, solo callaba. Me golpeaban todos los días. Lo que más dolía eran los golpes en el oído, hacían que me quede con un zumbido en el oído por horas, a veces días. Al final, volvía a mi celda, caliente durante el día y fría durante la noche; y era tan pequeña que apenas podía acostarme.

El descubrimiento de la fe

Yo estaba en una fría soledad. Cuando emigre a China a causa del hambre en Corea del Norte, conocí a otros cristianos. Una noche soñé con mi abuelo, lo vi sentado con otros hombres leyendo la Biblia  y todos orando. El me decía "Dios te ama hija", al instante grite “¡yo también soy cristiana!”.

En la soledad, podía oír las voces de otros prisioneros clamando por ayuda. Todo lo que podía hacer era orar y cantar en mi corazón, nunca en voz alta, todo en silencio. Un año se pasó y solo pensaba en estar al lado de mi creador. Algún día me llamaran y ya no estaré. Ellos podrán matar mi cuerpo, más no mi alma.

Al cabo de un tiempo, Cristina salió en libertad. Ella jamás olvidará lo que pasó y cuánto tuvo que sufrir a causa de su fe. Hoy, elevemos un clamor por los cristianos perseguidos.

(*) Nombre modificado por seguridad

(*) Imágenes referenciales

Fuente: Puertas Abiertas

 
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