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Héroes de la Fe
10 de Julio del 2019

LA VOZ DESDE EL PÚLPITO

Durante más de seis décadas, John Fletcher Hurst inspiró a miles de estadounidenses con sus enseñanzas y prédicas. Pastor sabio y ejemplar fue un reconocido hombre de fe que se comprometió a difundir la Palabra hasta partir al encuentro con el Señor.

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Fiel creyente de Dios, John Fletcher Hurst predicó el Evangelio de Jesucristo durante cuarenta y tres años. Una cuidadosa estimación, basada en sus escritos e impresos, revela que pronunció alrededor de dos mil quinientos mensajes en su extensa labor pastoral. Considerado en Estados Unidos como uno de los más destacados cristianos del siglo XIX, cumplió un papel protagónico en el impulso de la Palabra en el país más poderoso del mundo y fue el primer canciller de la Universidad Americana de Washington.

Hijo de Elijah Hurst y Ann Catherine Colston, una pareja de creyentes comprometida con la difusión de las buenas nuevas, John Fletcher vino al mundo el 17 de agosto de 1834 en la localidad de Salem, del estado de Maryland. En su hogar, desde su nacimiento, se nutrió con el mensaje del Señor para la humanidad. Bajo la tierna y amorosa ministraión de su madre, consolidó cada día su fe y descubrió el poder sanador del Creador. Y de la mano de su padre aprendió las bondades de una vida junto al Redentor.

A los 7 años, Hurst perdió a su madre, quien dejó de existir el 3 de mayo de 1841. Sin embargo, sus enseñanzas e instrucciones espirituales lo encarrilaron y lo guiaron en los caminos del Altísimo, que recorrió el resto de su vida. Entonces, tras aprender a leer y escribir en su casa, comenzó a asistir a una escuela común local en la que profundizó sus conocimientos sobre las Sagradas Escrituras y se transformó en un precoz predicador que aprovechaba algunas reuniones infantiles para hablar de Dios.

Al finalizar sus estudios primarios, el futuro evangelizador, con el apoyo de su progenitor, tomó una decisión trascendental para su futuro: ingresar a la Academia de Cambridge, una institución privada que había ganado la aceptación de la población estadounidense. Fue un paso enorme para su consolidación como siervo del Señor. En ese centro de estudios aprendió diversos saberes y afianzó su vocación académica. Además, dirigido por profesores experimentados, se preparó para ingresar a la universidad.

En agosto de 1849, en plena adolescencia, perdió a su padre y quedó completamente huérfano. A partir de allí, su tutela estuvo a cargo de su tío John Hurst, un próspero comerciante de Baltimore, quien lo auxilió en el momento más aciago de su existencia. Tiempo después, cuando aún intentaba sobreponerse de la muerte de su papá, comprobó en carne propia el amor de Dios. Una noche ingresó a un templo y un cambio llegó sobre él. Una luz estalló frente a sus ojos y el Señor le reveló que tenía un nuevo corazón.

CREYENTE CUIDADOSO

En seguida, reanimado por Cristo, se constituyó en un asiduo concurrente a una congregación de su localidad y participó en todas las campañas de los misioneros que llegaban para transmitir la Palabra. Fue en esas circunstancias que un día, cerca de su casa, escuchó al reverendo Jesse Peck, presidente del Dickison College, quien lo impactó con su prédica. Asimismo, en aquel servicio, fue invitado a unirse a esta universidad, una de las mejores del territorio estadounidense, donde fue admitido en setiembre de 1850.

En el Dickison College, situado en Pensilvania, tuvo una activa participación y se distinguió como un destacado y aplicado alumno. Joven estudioso y metódico, en los claustros universitarios cultivó su intelecto, solidificó su moral y fortaleció su fe en Dios. Del mismo modo, empezó a publicar pequeños escritos en varias revistas evangélicas de la época y pronto se ganó la reputación de ser un cristiano amable, piadoso y laborioso. Sinónimo de rectitud e integridad, hizo grandes esfuerzos por difundir el Evangelio.

Después de graduarse en 1854, ansioso de poner en práctica todo lo que había aprendido en su etapa universitaria, trabajó en el pueblo de Greensboro, ubicado en el estado de Maryland, como maestro durante algunos meses. Luego, se trasladó al estado de Nueva York, donde consiguió un puesto para enseñar lenguas antiguas en el Instituto Literario Hedding, de la ciudad de Ashland. Deseoso de aprender nuevos idiomas, a continuación tomó clases de alemán en el pueblo de Carlisle y se preparó para partir a Europa.

En agosto de 1856, viajó a Alemania y se matriculó como estudiante de Teología en la Universidad Martín Lutero de Halle, cuna de grandes personalidades, en la que pasó una temporada y ahondó su erudición en torno a las Escrituras y escudriñó la sana doctrina de Jesús. Su paso por el Viejo Continente fue matizado por sendos expediciones misioneras en tren, en barco y a pie que lo llevaron por Inglaterra, Escocia y diversos países europeos en los que robusteció su convicción de ingresar al ministerio pastoral.

Tras su retorno a Estados Unidos, producido a finales de 1857, optó por seguir los propósitos que Dios tenía reservados para él. De inmediato, empezó a buscar un campo para ministrar la Palabra y salvar almas de las garras del mal. El 6 de diciembre del mismo año, luego de una breve visita a la urbe de Charlottesville, ofreció su primer mensaje en un templo de la ciudad de Cambridge. Posteriormente, irradió el Evangelio en Carlisle y se unió a una congregación de Nueva Jersey, donde permaneció hasta 1866.

MAESTRO INSPIRADOR

El 20 de octubre de 1866, el reverendo partió de Nueva York rumbo a tierras alemanas para asumir el cargo de tutor teológico en el Instituto de Misiones Metodistas de la metrópoli de Bremen. Desde el principio de sus actividades demostró ser un maestro virtuoso y conquistó los corazones de sus alumnos. Dos años después, debido al traslado de la organización al centro de Alemania, se marchó a la urbe de Fráncfort, donde prosiguió con su trabajo doctrinal y se dedicó a traducir obras cristianas del alemán al inglés.

En agosto de 1871, luego de ascender al puesto de director del Instituto de Misiones Metodistas de Bremen, se marchó de Europa para ser profesor de Teología Histórica en el Seminario Drew del condado de Madison. Después, el 14 de mayo de 1873, fue nombrado presidente de esta institución que lo cobijó hasta mayo de 1880. En paralelo a sus actividades pedagógicas y como parte de sus empeños por divulgar el mensaje de Cristo, organizó conferencias evangélicas con las que recorrió el vasto territorio estadounidense.

Vigoroso creyente, que ocupó diversos cargos en la congregación metodista de su nación, Hurst se trasladó en 1888 a la ciudad de Washington D. C., capital de Estados Unidos, para sentar las bases de la Universidad Americana. Firme en sus objetivos, consiguió en 1890 los fondos necesarios para adquirir el terreno donde se estableció la nueva institución. Después, el 28 de mayo de 1891, fue elegido como su primera máxima autoridad y llevó a cabo un titánico quehacer que se prolongó hasta diciembre de 1902.

Nombrado doctor en divinidad por la Universidad de Princeton en noviembre de 1896, el reconocido teólogo empleó la literatura de forma constante para desarrollar una prolífica propagación de la Palabra. Consecuente con su fe, escribió a diario textos que fueron publicados en diversos medios de comunicación estadounidenses. De igual forma, fue autor de obras, como el libro Historia general del cristianismo, que contribuyeron a sembrar la llama del Evangelio y a revelar el desarrollo de la cristiandad durante siglos.

Predicador erudito, instructivo y edificante, John Fletcher Hurst se marchó al encuentro con el Señor el 4 de mayo de 1903 tras luchar la buena batalla de la fe durante más de seis décadas. Respetado por sus contemporáneos y admirado por la forma en que presentaba las enseñanzas del Mesías, propició que miles de personas consolidaran su esperanza en Dios con mensajes frescos e interesantes. Pastor servicial, fue también un maestro inspirador que desde el púlpito, con voz magnética, transmitió grandes verdades espirituales.

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