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Historias de Vida
10 de Julio del 2019

ELISEO, LEVÁNTATE Y PREDICA

Su vida fue tormentosa desde la niñez. Sin poder caminar, fue condenado a vivir en su lecho a la espera de la muerte. Mas la fe y la esperanza de creer en un Dios Sanador lo hicieron levantarse y salir a las calles a predicar.

  • ELISEO, LEVÁNTATE Y PREDICA

La vida de Eliseo Enrique Márquez Bernal desde su niñez fue difícil; su padre lo abandonó al nacer y se quedó únicamente bajo el cuidado de su madre. Nació el 21 de diciembre de 1969, en el distrito de Chame, al oeste de la ciudad de Panamá. Seis años después, su madre se emparejó con un hombre violento que comenzó a castigarlo constantemente sin razón alguna.

A los 12 años le detectaron asma, un mal que no le permitía respirar con normalidad. A pesar de su dolencia, su padrastro lo maltrataba a diario sin cesar. Lloraba todos los días en su cuarto. Fue allí donde escuchó una voz que vino a su mente y le decía: “Mátalo, acaba con su vida”. Pasaron los días y la voz seguía repiqueteando en su mente. Una tarde, mientras su padrastro estaba recostado en su cama, vio la oportunidad de matarlo. Sin embargo, otra voz, esta vez angelical, le habló a su corazón y entonces desistió. Dios estaba obrando en él.

Cansado de los maltratos, Eliseo dejó su hogar cuando era un joven y se juntó con Olga Rodríguez. La relación no duró mucho y se separaron. Afectado por su mal, Eliseo no podía vivir feliz. El asma lo agobiaba con dureza y tuvo que acudir a los médicos en múltiples ocasiones con el fin de hallar un alivio para su dolencia. Ninguno podía curarlo. Cierto día, mientras caminaba rumbo a su casa, un hombre de la zona se le acercó y le habló:

—Yo sé lo que tienes y por qué no puedes respirar; toma estas tres pastillas y luego me buscas —le dijo.

Con el medicamento, el malestar respiratorio pasó. Entonces, buscó al hombre. Luego de un breve diálogo, este le revisó la columna vertebral, en la zona lumbar. Al sentir una leve presión, un dolor intenso invadió a Eliseo y se desmayó al instante. Despertó en una cama de hospital; los médicos, después de sacarle 33 placas, le dieron un diagnóstico poco alentador: tenía los discos desgastados y la columna torcida.

La vida de Eliseo había perdido sentido; estaba enfermo, solo, sin compañía. A veces, él se golpeaba contra la pared para sentir un dolor diferente al de la columna. Tiempo después, comenzó a robar dinero de su trabajo con el propósito de comprar medicamentos que aliviaran sus dolencias. Llegó a ponerse dos inyecciones diarias. Agobiado por el dolor, acudió a una clínica privada, donde el doctor lo revisó y le recomendó que asistiera a la próxima cita con su esposa.

Al día siguiente, tuvo que rogarle a su antigua compañera para que lo acompañara. Ella aceptó a duras penas. Al ver a la joven, el médico le dijo sin miramientos: “Busque a otra persona con quien pasar su vida; el mal de su esposo no tiene cura”. La mujer salió del consultorio sin decir ni una palabra.

Eliseo llegó a su casa desesperado y volvió a escuchar la tenebrosa voz de su niñez. Ahora ya no le pedía matar a otra persona, sino que acabara con su vida.

—¡Mátate, ya no tienes cura!— le repetía.

Ingresó a su cuarto y armó una horca con un cable eléctrico que encontró sobre un mueble; en esos momentos solo quería morir. A punto de acabar con su vida, recordó las palabras de un amigo cristiano que frecuentaba su casa y le hablaba de Dios. Entonces, levantó su mirada al cielo y le imploró a Jesucristo.

—Señor Dios, yo no quiero morir; solo quiero ser sano— exclamó.

En ese momento, un resplandor iluminó el oscuro cuarto. Eliseo se precipitó con todo y cable al piso. La caída le ocasionó algunas laceraciones en el cuello, pero permaneció con vida. Dios le estaba dando una oportunidad. Tras recobrar el aliento, salió de su cuarto para sintonizar en la radio una emisora cristiana; cuando la encontró, lo primero que escuchó fue una frase impresionante: “¿Por qué has atentado contra tu vida? Tu vida no te pertenece, ¡Yo Soy tu hacedor, Yo Soy tu hacedor, Yo Soy tu hacedor!”.

BÚSCAME Y SANARÁS

Esas palabras hicieron que se desmayara y despertara después de tres horas. Solo, en medio de la sala, encontró agua alrededor de su débil cuerpo.

El tiempo transcurrió y los familiares de su antigua compañera, que congregaban en la iglesia del Movimiento Misionero Mundial (MMM) de Panamá, lo invitaron a una convención de jóvenes. Esta vez, la voz en su mente le decía: “No vayas, nadie te va a curar”. Eliseo peleó contra esa voz interior y decidió ir. En el templo, la Palabra de Dios sacudía la vida de las personas cuando llegó. Al culminar el evento, el pastor ordenó a los hermanos ujieres: “Cierren las puertas, que nadie se vaya porque Dios hará milagros esta noche”. Eliseo se sorprendió y quiso salir, pero ante la oposición de los ujieres, que lo instaron a quedarse, se puso cerca de la puerta de salida.

—Este hombre está loco; cree que no sé que usa a las personas para sus mentiras— pensaba. El pastor invitó a las personas a que se agruparan de acuerdo con sus males. Pronto estaban formados los que padecían del riñón, del corazón, del estómago y otros males. Al ver que nadie llamaba a los que estaban mal de la columna, Eliseo cuestionó nuevamente al pastor.

—Si Dios estuviera en el asunto, me llamarían, pero como no está Dios, esto es falso— se decía. Entonces, el pastor levantó la voz en medio de las cinco mil personas que se reunían en el coliseo:

—Yo siento que Dios ha traído a un hombre para que sea curado de la columna— enfatizó. Varios minutos después, un pastor se acercó para orar y profirió las siguientes palabras delante de Eliseo:

—Tu incredulidad es grande, pero para que sepas que soy Dios, tu problema está en la columna. Hoy, Dios te va a sanar— sentenció el pastor.

Al instante, el dolor desapareció por completo. Dios había hecho el primer milagro. Desde ese momento, Eliseo comenzó a congregar junto con su antigua mujer. Después de unos meses, se bautizó y empezó a servir en la Obra en la ciudad de Pacora.

PROBARÉ TU FE

El 13 de noviembre del 2001, Eliseo iba al mercado a comprar cuando intempestivamente sufrió un accidente de tránsito que lo llevó nuevamente al hospital. El diagnóstico fue poco esperanzador: fracturas múltiples en todo el cuerpo, la pierna izquierda quebrada en catorce partes y la pierna derecha partida en seis. Nunca más iba a volver a caminar. Su caso no tenía remedio.

Eliseo permaneció conectado a un respirador artificial y los especialistas, al ver su condición, aconsejaron desconectarlo; era una pérdida inminente. Después de trece días de internamiento en la unidad de cuidados intensivos, Dios volvió a obrar en su vida y despertó del coma en que se hallaba. Ante la milagrosa evolución de Eliseo, los doctores se quedaron sorprendidos; era un milagro. Al concluir los 30 días de internamiento retornó a su casa, en contra de la voluntad de los médicos. La situación parecía ser la misma, no podía caminar y las piernas se le hinchaban cada día. Eliseo se sentía abandonado por Dios. Con una niña de 8 meses de nacida, pasaba hambre y tristeza.

—Señor, ¿por qué no me libraste de este accidente? Mira la situación que ahora atravesamos— imploraba. Solo en casa, Eliseo recordó las palabras del pastor Obando, quien lo visitaba en el hospital. —Tú, al ver tu condición, si dices que no podrás caminar, así será; pero yo declaro por fe que volverás a caminar; Dios te visitará— sentenció el pastor Obando. Al repasar las palabras, Dios le habló a su corazón. —Levántate. Yo me voy a glorificar; tú vas a caminar hoy— recalcó.

No pasaron muchos minutos y Eliseo sintió que alguien acomodaba sus piernas y curaba sus heridas. Empezó lentamente a caminar mientras las lágrimas inundaban sus ojos y la presencia de Dios se entronizaba en su vida. Fue bautizado con el Espíritu Santo. Cuando su esposa llegó a casa quedó asombrada por el milagro y ambos le agradecieron a Dios. Luego, Eliseo se sometió a diversos chequeos y los doctores quedaron absortos al verlo caminar. Pasaron varios meses después del prodigio y una nueva enfermedad ensombreció su vida. Una osteomielitis crónica lo afectó y la única solución médica era amputarle la pierna. Fue internado nuevamente en una clínica.

Mas las oraciones impidieron que el mal progresara. La gloria de Dios se manifestó de gran manera en todo su cuerpo; la inexplicable y repentina curación de Eliseo dejó boquiabiertos a los médicos y enfermeras; habían presenciado una milagrosa sanación. En la actualidad, Eliseo Enrique Márquez Bernal es pastor en la iglesia La Mesa de San Martín, junto con su amada esposa y sus cuatro hijos: Cristina, Eliseo, Ruth y Débora. Lo que para el hombre era imposible, para Dios fue posible.

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Impacto Evangelístico es una publicación oficial del Movimiento Misionero Mundial con 50 años de circulación en el mundo entero, editado en seis idiomas. El contenido, con reportajes, testimonios, historias e información, está orientado a edificar la vida de nuestros lectores.

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