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Héroes de la Fe
06 de Agosto del 2019

¿CÓMO PODRÍA DEJAR DE CANTAR?

Dotado de un extraordinario talento musical, el reverendo Robert Lowry anunció la Palabra a través de sus composiciones y desarrolló un extenso quehacer creativo, que lo impulsó a escribir más de quinientos himnos que ofrecen una visión única del Evangelio. Es un referente de la música cristiana de todos los tiempos.

  • ¿CÓMO PODRÍA DEJAR DE CANTAR?

Por Henry Hall

Nombre familiar para la comunidad evangélica de los Estados Unidos del siglo diecinueve, el reverendo Robert Lowry está presente en casi todos los hogares del mundo, donde se cantan canciones de fe. La mención de su nombre hace surgir emociones de afecto y gratitud en los corazones de miles de creyentes de Cristo, que en alguna ocasión han entonado los himnos de adoración que escribió, para ensalzar y exaltar el nombre de Dios y reflejar su amor por el Creador.

Robert nació en la ciudad de Filadelfia, la más grande del estado de Pensilvania, el 12 de marzo de 1826. Hijo del inmigrante irlandés Crozier Lowry, el siervo del Altísimo, mostró, desde su infancia, un gran interés por la Palabra y la música. A los diecisiete años, luego de aceptar al Señor como su Salvador y Redentor, se unió a una congregación evangélica y se convirtió en un activo participante de la escuela dominical de su iglesia como maestro y cantante.

MINISTERIO FRUCTÍFERO

En 1848, Lowry fue alentado por su pastor, el reverendo George Ide, para incorporarse a la labor ministerial y dedicarse a predicar las buenas nuevas de Jesucristo. Entonces, ingresó a la Universidad de Lewisburg, casa de estudios cristiana, donde adquirió los conocimientos necesarios para transformarse en un predicador fiel a las Escrituras y en un compositor comprometido con el Evangelio. Allí, a la edad de veintiocho años, se graduó con los más altos honores de su clase.

Tras graduarse, Lowry empezó un ministerio fructífero en almas. En primera instancia, se desempeñó como pastor en un templo de la localidad de West Chester que lo acogió entre 1854 y 1858. Luego, se trasladó a una iglesia de Nueva York donde permaneció hasta 1861. Más adelante, lideró, durante ocho años, una congregación de Brooklyn. Acto seguido, ministró la Palabra por espacio de seis años en la urbe de Lewisburg. Después, pastoreó en un templo en Nueva Jersey.

Su actividad como ministro de Dios, estuvo respaldada por una gran cosecha de almas. El predicador Lowry se alzó como un hombre de enormes capacidades administrativas. Misionero magnífico, fue un estudioso permanente de la Biblia y en el púlpito, siempre evidenció una fluidez y precisión para transmitir el mensaje del Creador. Siempre alegre y feliz, emocionó a sus ovejas con sus vívidas descripciones y las inspiró con sus amplios conocimientos doctrinales.

Mientras predicaba el Evangelio en el territorio norteamericano, su vida transcurría en medio de gran entusiasmo y alegría. Robert desarrolló, con mucho fervor, su labor creativa, saliendo de su inspiración, más de quinientos himnos, que perduran en el tiempo.

PREDICADOR PERSEVERANTE

En 1868, luego de la muerte del compositor cristiano William Batchelder Bradbury, los propietarios de la compañía “Biglow y Main”, sucesora de Bradbury, en la tarea de publicar y difundir música evangélica, le propusieron ser el editor de su libro “Joyas brillantes”; aunque se negó inicialmente a la idea, porque temía por su trabajo pastoral, al final aceptó la propuesta. Durante los siguientes treinta años, supervisó la producción de más de veinte himnarios.

Persuadido y convencido por las autoridades de la Universidad de Lewisburg, Lowry regresó en 1869 a la casa de estudios donde se formó en calidad de profesor de retórica. En esta institución, a pesar de sus diversas obligaciones académicas y evangelísticas, desplegó múltiples esfuerzos para estimular la propagación de la música sagrada en el territorio estadounidense. En 1875, fue galardonado con el título de doctor en divinidad.

En 1880, cuando difundía la sana doctrina en Nueva Jersey, tomó un descanso de sus tareas ministeriales y viajó a Europa para recargar sus disminuidas energías, debido a que, por aquellos días, con la salud resquebrajada, tenía problemas auditivos. Cinco años después, sintió que necesitaba más reposo y renunció al pastorado y se dedicó a recorrer el sur y el oeste de los Estados Unidos. También pasó algún tiempo en suelo mexicano.

Consciente de la responsabilidad de anunciar la Palabra a través de sus canciones, y con el objetivo de consolidar su labor de editor, se instruyó de forma seria en música, sonido y acústica; y adquirió los mejores textos de su época sobre las formas más relevantes de composición, Entre sus libros, atesoró obras con más de ciento cincuenta años de antigüedad llegando a poseer una de las mejores bibliotecas musicales de Norteamérica.

COMPOSITOR INGENIOSO

En una ocasión, un reportero le preguntó al pastor Robert sobre cuál era su método para componer himnos: “¿Escribe las palabras para que se ajusten a la música o crea la música para que se adapte a las palabras?”. Entonces, respondió: “No tengo ningún método. Empero, las melodías de casi todos los himnos que he escrito, las he completado en papel antes de haberlas tocado. Con frecuencia, las palabras de mis canciones y su música se han escrito al mismo tiempo”.

Con recurrencia, el reverendo Robert Lowry afirmó que consideraba que el cántico “El llorar no salva” era el mejor himno que había escrito. Personalidad de la música congregacional, además fue capaz de crear composiciones imperecederas, vigentes aún por su poética basada en la Palabra de Dios, himnos como: “¿Nos veremos junto al río?”, “La tumba le encerró”, “¿Qué me puede dar perdón?”, “Solo de Jesús la sangre”, “¿Cómo podría dejar de cantar?” y “Un día más de trabajo para Jesús”.

De su vasto repertorio lírico, “¿Nos reunimos en el río?” es quizás la más popular y universal de todas sus poesías. Este himno ganó popularidad porque es una canción que tiene un ritmo fuerte”. También, apuntó que: “un día, comencé a preguntarme por qué se había escrito tan poco sobre el agua pura de la vida, cuando, de pronto, las palabras inspiradas, comenzaron a inundar mis pensamientos. Luego, llegó el himno”.

GRAN LEGADO

Evangelista competente a la hora de aclarar las incertidumbres de los fieles, con sus mensajes, anheló constantemente ser recordado por sus prédicas. En ese sentido, en más de una oportunidad, manifestó que: “Preferiría predicar el Evangelio a una congregación receptiva, que escribir un himno”. Sin embargo, a pesar de sus preferencias, sus poemas fueron su gran legado para la humanidad y se han convertido en parte de las emociones de los fieles de Jesucristo.

Íntimo amigo de las compositoras Annie Hawks y Fanny Crosby y cercano al cantante Ira David Sankey, jamás se vanaglorió de los resultados felices de su quehacer musical a favor de la doctrina de Cristo, y se aferró a la humildad, para asimilar la buena acogida de sus alabanzas. A pesar de ello, solía expresar siempre, que un cántico evangélico debía ser comprendido fácilmente y tenía que reflejar las experiencias de su autor con palabras inspiradoras y fuertes.

El 25 de noviembre de 1899, el reverendo Robert Lowry dejó de existir en su residencia de la ciudad de Plainfield, ubicada en Nueva Jersey. A lo largo de su existencia, que empleó para ministrar la Palabra, se dedicó a pelear la buena batalla y crear himnos, consiguió agrandar el rebaño del Señor. Hoy, tras su muerte, sus composiciones todavía se escuchan y ofrecen una fresca visión del Evangelio y hacen mucho bien a quienes las entonan.

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