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Historias de Vida
15 de Octubre del 2019

EL ÚLTIMO CONTACTO DE IVER

Envuelto en el comercio ilegal de drogas con tan solo 18 años de edad, disfrutaba de dinero fácil y una vida de lujos, sin imaginar jamás, que la Palabra de Dios llegaría a su vida por intermedio de una invitación a una reunión cristiana y cambió su camino completamente.

  • EL ÚLTIMO CONTACTO DE IVER

Por Steven López / Fotos: archivo familiar

Iver Ronald Quispe Condori, aceptó ir a una convención cristiana en la ciudad de Sucre, Bolivia, su verdadera intención era abrir un nuevo mercado para su ilícito negocio: la venta de drogas. Antes de viajar, contactó con su futuro socio, acordó el día, hora de reunión y todo quedó listo.

La mañana del 16 de enero del 2012, llegó a Sucre integrando la delegación de cristianos que viajó desde Oruro; semanas antes no le pasaba por la cabeza integrar un grupo de esas características, pero una tía le habló con tanta insistencia hasta que accedió. Lo que ella ignoraba, es que su sobrino iba con una segunda intención.

Desde su llegada a Sucre, buscó excusas para ausentarse de las reuniones cristianas, un grupo de hermanos le insistió de tal manera que finalmente aceptó ir a los cultos; pero en el fondo estaba más interesado en sus negocios ilícitos. 

ABANDONADO

Desde muy pequeño quedó bajo la tutela de sus dos hermanos mayores que, por si fuera poco, se dedicaban al alcohol. Pasaba noches a la espera de sus padres, que muy pocas veces aparecían. En esos momentos de soledad, se hacía muchas preguntas y no hallaba respuestas. Necesitaba tenerlos a su lado para poder disfrutar de su cariño; miraba al cielo para pedirle a Dios que los trajera, pero todo parecía inútil.

Los hermanos alcoholizados, lo maltrataban diariamente y le delegaban labores muy pesadas para su edad. Así fue creciendo, sin afecto. El resentimiento y odio a sus progenitores se hacía cada vez más visible a causa de esa razón.

La ausencia de los padres tendría un correlato fatal. En la calle conoció amigos que lo introdujeron al bajo mundo de la delincuencia, tenía tan solo 13 años de edad. De ese modo, se relacionó con gente que robaba a mano armada en zonas pudientes. Luego formó su propia banda delincuencial apodada “Las panteras”; junto con jóvenes de entre 14 y 16 años, recorría las calles, buscando a quien desvalijar. Y así se convirtió en un hábil delincuente.

EL MUNDO DE LAS DROGAS

Tiempo después, Iver Ronald Quispe Condori ingresó en el mundo de las drogas. En las mañanas, merodeaba los alrededores de los colegios para ofrecer droga a incautos escolares, por las noches, asomaba por las cantinas y bares para entregar paquetes a sus asiduos clientes. La familia ignoraba por completo las actividades ilegales del adolescente.

La plata fácil, se convirtió en su nueva forma de vivir. No tenía necesidad de pedir nada a nadie y la ausencia de sus padres, era reemplazado con sus amigos. Tenía dinero, producto de la venta de drogas y otros vicios.

Poco a poco, entabló contactos con los proveedores de otras zonas y empezó a expandir su mercado. Los gramos de droga que antes vendía, se convirtieron en kilos.

Al pasar los años, los padres de Iver: Valeriano Quispe Condori y Fidelia Condori Llampa, dejaron los viajes de negocios y retornaron a su hogar. Ellos entregaron su vida a Dios en una iglesia cristiana y regresaron para recuperar el tiempo perdido con sus siete hijos.

La presencia de los padres en el seno familiar incomodó a Iver Ronald Quispe Condori. Sentía que su estilo de vida y el crecimiento de su ilegal negocio sufrían perturbaciones. Pese a todo, continuó vendiendo droga a escondidas de toda la familia.

En las noches, mientras los padres descansaban, se escabullía de su casa, buscando gente a quien ofrecer su ilícita mercadería, principalmente a los grandes clientes que le solicitaban la droga en grandes cantidades. Cierto día, mientras esperaba el momento preciso para escapar, escuchó súplicas, llantos y gemidos en el cuarto de sus padres. Al ingresar a la habitación, vio con sorpresa a su madre, arrodillada, orando por él.

- Señor, mira mi hijo como se encuentra, ayúdalo, has que entienda que lo amamos y queremos lo mejor para su vidadecía ella.

La escena lo conmovió, salió deprisa y se refugió en su cuarto. Permaneció acostado por largo tiempo, luego tomó la radio y empezó a buscar música para distraer su mente. De pronto, llegó a una estación cristiana: era Bethel Radio. Aunque en un primer momento quiso cambiar, una voz impactó su ser. Quien proclamaba la Palabra de Dios a través de las ondas radiales era el pastor Rodolfo Gonzales Cruz. La prédica quebró el corazón del joven, era Dios que le estaba dando la gran oportunidad para entregar su vida a Cristo; se sentía culpable de las muchas cosas malas que hizo durante sus cortos 18 años.

CAMBIO DE RUMBO

Iver Ronald Quispe Condori comenzó a escuchar, con frecuencia, las prédicas de la emisora cristiana; pero por las noches. volvía a su actividad ilícita. No podía dejar de vender drogas. A pesar de las oraciones de sus padres y las constantes prédicas que escuchaba a través de Bethel Radio, su corazón permanecía duro. Muchas veces intentó dejar las drogas, pero luego recaía una y otra vez.

- Cómo voy a dejarlo, si ganó bien, tengo cubierto todas mis necesidades- pensaba.

Mientras tanto, sus familiares empezaron a entregar su vida a Dios. Los hermanos mayores, que por mucho tiempo dedicaron sus días al alcohol, dejaron el vicio. Ante la insistencia de su madre, Iver empezó a frecuentar un templo cristiano para calmar su conciencia. Muchas veces escuchaba que todo lo malo tendría una paga. Pero, poco le interesaba. En la iglesia empezó a tener amigos, que ignoraban su actividad con las drogas. Iba más para hacer vida social, que dedicarse al servicio de Dios.

Por esa época su tía, Rosario Minaya, asistía a la iglesia del Movimiento Misionero Mundial en Oruro. Ella lo invitó a la Convención Nacional del MMM Bolivia. Él aprovechó esta oportunidad para ampliar más su mercado ilegal; y aceptó ir. 

ÚLTIMO CONTACTO

Aquella noche del 16 de enero del 2012, Iver Ronald Quispe Condori entró al templo y se sentó en la última banca con la intención de que acabe rápido el culto y salir a las actividades que había planificado. No quería involucrarse en el culto porque su pensamiento estaba centrado en la transacción de la droga. Sin embargo, la prédica comenzó a atraer su atención, conforme el pastor hablaba, su corazón y mente iban experimentando una transformación nunca experimentada.

Sin darse cuenta, se vio parado frente al altar, con los ojos llorosos y la voz entrecortaba, imploraba perdón al Creador. “Señor, tú conoces las intenciones de mi corazón y mi forma de vivir; perdóname, quiero servirte, por favor, ayúdame a perdonar a mis hermanos y a mis padres, arranca de mí el rencor, por el tiempo que me abandonaron”, exclamó en el momento del llamado del Pastor.

Comprendió, recién, que Dios estaba tratando con su vida para que dejara el mal camino que llevaba. A partir de ese momento olvidó por completo el contacto que iba a realizar en Sucre y pasó todos los días en los cultos de la Convención. El odio y el rencor hacia su familia desapareció y se transformó en amor por ellos. No le fue fácil dejar la venta de drogas, las malas amistades y, sobre todo, el dinero fácil. Solo el Poder de Dios y su infinita misericordia pudo sacarlo de un mundo perdido. El Señor le habló por medio de un texto que impactó su vida: “Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

- Doy gracias a Dios por haber tomado mi vida en cuenta, sin merecer nada, ahora a cada lugar que voy, predicó de un Cristo que puede cambiar al más vil pecador y que perdona los pecados- dice.

La vida de Iver Ronald Quispe Condori cambió para siempre a partir de ese día. Han pasado siete años y, en la actualidad, pastorea en la localidad de Uyuni. Además, apoya en la predicación de la Palabra de Dios en la lengua quechua.

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