Luego del último terremoto en Japón la conmoción se apoderó de sus habitantes. Mary Cerdán de Ogusuku, esposa del Rev. Enrique Ogusuku relata la forma en que los integrantes del Movimiento Misionero Mundial predican la palabra del Señor en medio del drama que aún existe.
Como todos ustedessaben un gran terremoto sacudió la zona noroeste de Japón el pasado 11 de marzo. Fue tan triste ver cómo tantos lugares desaparecieron en cuestión de minutos. Nunca pensé que este país, uno de los más importantes del mundo, quedaría como quedó. Los que formamos parte de la Iglesia en Oppama, poblado costero ubicado alrededor de 330 kilómetros del epicentro del movimiento telúrico, estamos muy conmovidos por lo sucedido. Aún no salimos del asombro ante tanta calamidad. Hasta el momento no paramos de clamar a Dios para que ayude al pueblo japonés a recuperarse de tan duro golpe.
Gracias al Señor ningún hermano del Movimiento Misionero Mundial ha sufrido daño físico alguno. De los otros cuatro templos con los que contamos aquí, las Iglesias de Shizuoka, Narita, Hashimoto y Saitama, se nos informó al detalle, a través de la hermana Mary Oishi y los Pastores Andrés Marchan, David Veramendi, Rildo Cueto y Heraldo Vergara, que todos nuestros miembros están a salvo. Solo la hermana Rocío Villarreal de Toyama, de Narita, perdió su casa que se hundió durante el terremoto. Afortunadamente, el gobierno de este país le proporcionó un departamento y ya se encuentra muy tranquila y confiada en que Dios sacará adelante a su pueblo, a la comunidad evangélica del MMM, y nos permitirá llevar su Palabra a todos los rincones del Japón.
Por ahora, casi todos los días hay movimientos sísmicos aquí en Oppama y gran parte del territorio japonés. Son las réplicas que aún no nos dejan vivir con tranquilidad. Llegan de pronto y alborotan a todo el mundo en este lugar donde funciona la fábrica de una conocida marca de automóviles. Sin embargo, no es tan dramático y constante como en otros lugares. Allí está el caso de la ciudad de Narita, ubicada en la prefectura de Chiba y cerca de Sendai, epicentro del terremoto, donde según la hermana Rocío las réplicas están a la orden del día y son casi de la misma intensidad que el movimiento telúrico del 11 de marzo último.
En Oppama, después del terremoto, el acercamiento de la colonia peruana con Dios ha sufrido un incremento sustancial. Con el correr de los días, mi esposo, el Pastor Enrique Ogusuku, y yo hemos visto como los servicios del templo día a día se han ido fortaleciendo hasta realizarse con masiva concurrencia y en medio de gran expectativa. El Todopoderoso nos iluminó para tomar la decisión de evangelizar en idioma japonés y los frutos sabremos que pronto van a aparecer. En ese sentido, nuestras convocatorias están siendo elaboradas con folletos en japonés. De igual forma, el Señor atenderá nuestras oraciones para que nuestros hermanos de este país se entreguen a Dios.
La situación sigue siendo difícil y seria. Aún tenemos problemas para conseguir cosas tan básicas como el pan o el agua. Todo está racionado. Así por ejemplo, y para que se den cuenta de la magnitud del tema, en Oppama solo se vende una bolsa de pan por familia y hay que trasladarse hasta puntos muy distantes para abastecerse de todo lo necesario. Sin embargo, le damos gracias a nuestro Creador por su respaldo porque en medio de tantos temblores, y tantos problemas, que hemos tenido y que aún tenemos que soportar jamás nos faltó su bendición. Nadie de esta Obra pasó hambre o frío. El Señor siempre nos cobijó con su amor infinito.
Realmente no me voy a cansar de darle gracias a Dios a través de las páginas de Impacto Evangelístico. También a todos nuestros hermanos del mundo entero que han orado por nosotros. Solo les pedimos que sigan orando, que nos sigan teniendo presentes en sus oraciones, porque Japón aún está temblando, estamos en una batalla y necesitamos de todo el pueblo cristiano para salir vencedores. Sabemos que no es fácil, pero sabemos que el Señor nos ha traído hasta aquí para llevar su Palabra a nuestros hermanos japoneses y la victoria será nuestra.
Mientras escribo estas líneas oro incesantemente por la salvación de este país. Sé que Dios es bueno y le pido al Señor, mientras mis manos se deslizan sobre este teclado, que más personas pongan sus ojos en el único que puede salvarnos: nuestro Señor Jesucristo. Él es el único que da la verdadera felicidad, el único que da la paz y que puede cambiar a todo el que crea en Él. Aceptemos, hermanos, que sin Dios no somos nada. Nosotros seguiremos adelante. Él nos trajo hasta aquí para proclamar las Buenas Nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, a consolar a los enlutados...
De momento, casi todos los que asisten a la Iglesia de Oppama son peruanos. Solamente tengo una japonesa, como caso remarcable del poder infinito de Jesús, que no falta ningún día y viaja cerca de una hora para llegar hasta nuestras instalaciones. Asimismo, dos hermanas, una mexicana y una brasilera, que junto a la japonesa, son de las más entusiastas del grupo. Por cierto, a la japonesa se le traducen la prédica y de esa forma llegamos a ella y tenemos fe que nos servirá de puente de comunicación para llegar a muchos de sus compatriotas, que ahora necesitan tanto al Señor, con la Palabra del Altísimo.
De este modo, La Iglesia del Movimiento Misionero Mundial en Oppama viene dando claras muestras de crecimiento, en medio de tantas desgracias, debido al respaldo del Espíritu Santo y al trabajo de una hermosa congregación encabezada por mi esposo, el Rev. Enrique Oguzuko. El camino trazado por el Rev. Rodolfo González Cruz, junto a una parte de la Oficialía Internacional de nuestra organización, quienes el pasado 26 de septiembre de 2010 instalaron esta Obra, se afirma día a día y su norte apunta a lo más alto junto a las otras Iglesias del Movimiento Misionero Mundial en Japón.
Hace unos días atrás, en medio del temor que cunde en todo Japón y de las réplicas constantes, les pedí a los hermanos que hablan el idioma de este país que me enseñen a decir “Dios te bendiga” en japonés. Lo aprendí de inmediato: “kamisama no shukufuku ga arimasu youni”. Ahora, esa frase poderosa y tan llena de esperanza, forma parte de mi vocabulario como si fuera una muletilla que soporta todo mi andamiaje verbal. La repito a todo japonés con el que me cruzo en el desarrollo de mis actividades diarias. Su efecto es poderoso. Todo aquel que la escucha me agradece, se inclina y me muestra su respeto inmenso. Y yo no ceso de repetirla: “kamisama no shukufuku ga arimasu youni”.
Desde Japón
Mary Cerdán
de Ogusuku (*)
Agua radiactiva
Los niveles de aguaradiactiva en los reactores de la dañada planta atómica japonesa de Fukushima aumentaron y las cantidades de cesio y yodo radiactivo se multiplicaron a lo largo del mes de abril.
Los niveles de cesio 134 y 137 se incrementaron 250 veces, mientras que el yodo radiactivo aumentó unas 12 veces en comparación con los datos del mes de marzo, según lo reveló la emisora pública NHK, citando fuentes de la empresa operadora de la central nuclear, Tokio Electric Power Co (TEPCO).
El agua muy contaminada en varios de los seis reactores de Fukushima impidieron a los trabajadores, a lo largo de todo el mes de abril, realizar las tareas necesarias para poner de nuevo en funcionamiento los sistemas de refrigeración de la planta, que salieron de servicio el 11 de marzo, tras el terremoto y tsunami que afectó el noreste de Japón.