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Héroes de la Fe
11 de Noviembre del 2019

LA SIEMBRA DE BOMBAY

Gordon Hall predicó las buenas nuevas del Señor y ganó almas para el rebaño de Cristo durante más de trece años en Bombay. Impulsor de la evangelización en la India, esparció la fe cristiana con persistencia y valentía.

  • LA SIEMBRA DE BOMBAY

Por Horatio Bardwell

Destacado integrante de la Junta Americana de Comisionados para las Misiones Extranjeras (ABCFM), la primera sociedad congregacionalista de los Estados Unidos en fundar misiones evangélicas en el extranjero en los inicios del siglo diecinueve, Gordon Hall jugó un rol protagónico en la introducción de la Palabra de Dios en la ciudad de Bombay, la más poblada de la India, donde sembró el Evangelio de Cristo y conquistó almas para el redil del Señor durante más de trece años.

Hall nació el 8 de abril de 1784 en la localidad de Tolland del estado de Connecticut. Sus padres, Nathan y Elisabeth, conformaron un destacado matrimonio de temerosos del Creador que sobresalió en su pueblo por sus costumbres piadosas y su integridad moral. Criado con amor, desde su infancia, él se constituyó en un varón audaz, decidido y perseverante. Además, en sus primeros años de existencia, descubrió el gusto por los libros y la preferencia por la escritura.

Aplicado, trabajador y siempre bondadoso, Gordon se preparó desde muy pequeño para acceder a una educación universitaria. En febrero de 1805, a punto de cumplir veintiún años, fue admitido en la escuela de letras del Williams College, una universidad privada del estado de Massachusetts en la que se compartía la sana doctrina del Redentor, de donde egresaría tres años después con los más altos honores y transformado en una criatura renovado por el poder del Salvador.

Convertido al cristianismo a finales de 1806, el siervo Hall, mientras estuvo en el William College, cultivó una gran amistad con el predicador Samuel John Mills, misionero de Connecticut, quien contribuyó en 1810 a la organización de la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjeras y en 1817 a la formación de la Sociedad Americana de Colonización. Junto a él, profundizó su interés por las Sagradas Escrituras y fortaleció su amor por el Redentor.

FIEL EVANGELISTA

Luego de culminar sus estudios universitarios, el nuevo creyente empezó su formación teológica con el reverendo Ebenezer Porter, pastor de un templo evangélico ubicado en Washington, quien lo instruyó alrededor de un año en la doctrina de Cristo. Tras adquirir los conocimientos necesarios para compartir la Palabra y recibir su licencia de predicador, se trasladó en 1809 al pueblo de Woodbury, situado en el estado de Connecticut, para empezar su labor ministerial.

En 1810, el pastor Gordon ingresó al Seminario Teológico de Andover, ubicado en Massachusetts, donde volvió a coincidir con el siervo Mills y otros hermanos afines a él con quienes compartió su predisposición por el trabajo misionero. Además, en medio de su perfeccionamiento espiritual, impulsó la formación de la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjeras y maduró su propósito de viajar a la India para evangelizar a las criaturas que no conocían a Dios.

Más tarde, el 18 setiembre de 1811, la recién establecida ABCFM, que se levantaría como la organización misionera estadounidense más importante de aquellos días, lo nombró misionero junto a otros destacados hermanos de la fe cristiana. Con el auspicio de este grupo evangelizador, se trasladó de inmediato, junto al misionero Samuel Newell, a la urbe de Filadelfia para recibir instrucción médica. Allí aprendió conocimientos que le sirvieron en su quehacer misionero.

A continuación, el 6 de febrero de 1812, el predicador fue ordenado en un templo de Massachusetts junto con los siervos Mills y Newell y los misioneros Adoniram Judson, Samuel Nott y Luther Rice. Seis días después, partió de Filadelfia con destino a la India en compañía de Rice y Nott. El trio de evangelizadores llegó al territorio dominado por el imperio británico al cabo de medio año y se instaló en la ciudad de Calcuta con el objetivo de anunciar el Evangelio.

 PREDICADOR PERSEVERANTE

Tras alojarse en el local de la Compañía Británica de las Indias Orientales, el portavoz del Señor fue recibido con entusiasmo por un grupo numeroso de creyentes que integraban diversas congregaciones locales. Uno de esos fieles fue el reverendo William Carey quien ministraba la Palabra de Dios en aquel lugar desde 1793. Pronto, las autoridades de la corona inglesa le negaron la residencia porque no era un súbdito del rey Jorge III y lo conminaron a abandonar el país.

Setenta días después de llegar a la India, alarmado por el ultimátum de los funcionarios británicos y también por la guerra entre Estados Unidos y el Reino Unido que había estallado el 18 de junio de 1812, el misionero optó por marchase a la isla de Ceilán. Sin embargo, una demora en la salida de la embarcación que lo iba a trasladar derivó en un giro inesperado de su historia. El 11 febrero de 1813, luego de sortear los controles gubernamentales, arribó a Bombay.

Una vez asentado en la localidad situada en la costa oeste del subcontinente indio, compareció ante el gobernador Evan Nepean, miembro de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, quien lo autorizó a quedarse y trabajar en beneficio de la expansión del Evangelio. Entonces, estudió con decisión el idioma maratí y después de dominarlo predicó el mensaje de Jesús a los desposeídos y paganos de Bombay. Además, brindó tratamientos médicos a enfermos ingleses e indios. El 21 de diciembre de 1813, riguroso en todo lo relacionado al Evangelio, Hall fue decisivo para la creación de la Misión Americana Maratí o Misión Bombay, la primera estación misionera estadounidense en otras naciones, que fue una de las primicias de la ABCFM y se extendió a cientos de aldeas de la región de Maharashtra. El cometido central de esta organización del Creador fue la búsqueda de la salvación de los nativos a través de la enseñanza del cristianismo.

 SIERVO NOTABLE

Como parte de su obra evangélica y misionera, fue en busca de las almas perdidas y de los idólatras de forma permanente. Sus prédicas retumbaban en templos hindúes, mercados y otros espacios públicos de la ciudad que lo acogió con aprecio. En sus mensajes solía pronunciar pasajes de las Escrituras y explicaba las verdades contenidas en la Biblia. También preparó tratados evangélicos en la lengua local y ofreció apoyo y consuelo a todo aquel que necesitaba ser rescatado del mal.

En 1814, con la gracia del Señor, abrió la primera de treinta y cinco escuelas que fundó en Bombay. Luego, el 19 de diciembre 1816, se casó con Margaret Lewis, una joven inglesa residente en la India occidental, quien lo ayudó a divulgar la doctrina de Cristo entre los gentiles, judíos, mahometanos y papistas. En ese sentido, acostumbraba a anunciar las buenas nuevas alrededor de tres horas diarias. De igual forma, tradujo gran parte del Nuevo Testamento y rechazó la veneración de imágenes.

El 2 de marzo de 1826, el reverendo Gordon se dirigió a la ciudad de Nashik, emplazada a ciento ochenta kilómetros de Bombay, durante su habitual ocupación pastoral. Sin embargo, al llegar al pueblo debió ayudar a combatir una epidemia de cólera que embestía a los habitantes. Preocupado por la alta mortalidad de la enfermedad, se quedó en el poblado para distribuir todas las medicinas que había llevado. Por desgracia, en sus esfuerzos por ser útil, contrajo la letal infección.

Gordon Hall dejó de existir el 20 de marzo de 1826 cuando intentaba regresar a su casa. En su lecho de muerte, escoltado por dos jóvenes cristianos, afirmó que pronto estaría al lado de Jesucristo y exhortó a un grupo de nativos que estaban cerca de él a arrepentirse de sus pecados. Después, oró por su familia, los misioneros del mundo y los apostatas y repitió tres veces “gloria a Dios”. De este modo, se marchó al cielo en la cumbre de su quehacer evangélico.

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