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03 de Mayo del 2020

¿ESTÁ USTED EN DOLOR Y AFLICCIÓN?, VENGA A CRISTO

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mateo 11:28

  • ¿ESTÁ USTED EN DOLOR Y AFLICCIÓN?, VENGA A CRISTO

Por Rev. Luis M. Ortiz

Las páginas de las Sagradas Escrituras están llenas de casos de personas que respondieron a esta invitación del Señor, acudieron a Él y recibieron descanso, perdón salvación, salud, consolación. En Mateo 15:30 dice: “Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó”. En Marcos 5:22 leemos: “Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies”.

Este era un padre lleno de dolor y de aflicción, cuya hija había muerto, nótese que vino a Cristo, al Cristo que dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar”. Vino a Cristo, y Cristo le devolvió la hija con vida. Sé de varios casos de personas muertas a quienes Dios les ha devuelto la vida. Un caso que conozco muy bien sucedió en mi propio hogar, yo tenía como diez años de edad, mi hermano mayor falleció.

El médico que le asistía certificó su muerte. Mi padre fue a la funeraria a ordenar el servicio, y a la vez llamó por teléfono a una hermana de él, que era cristiana llena del Espíritu Santo; como a la hora la tía llegó a la casa, entró a la habitación donde estaba el cadáver, se arrodilló a orar junto a la cama donde estaba el cadáver. Estaba orando, el Señor le dio una visión y vio al Señor en la cabecera del muerto y señalando al muerto le dijo a mi tía: Yo le doy vida. Esto fue suficiente para mi tía, se levantó y se fue a la cocina donde mi madre gritaba 

histérica. En el hogar éramos muy religiosos católicos, y mi madre no admitía que nadie la hablara del Evangelio, pero en esos momentos de tan intenso dolor escuchó a mi tía hablarle del Evangelio de Cristo. Todo el público que estaba en la casa, al oír a mi tía hablar del poder del Evangelio de Jesucristo, se aglomeraron en la cocina y dejaron al muerto solo.

Como a los diez minutos recordaron que el muerto estaba solo, fueron a su habitación y encontraron al que había estado muerto sentado en la cama, el chocolate del velorio del muerto estaba hirviendo en la cocina, al muerto le dio el olor del chocolate de su propio velorio, pidió chocolate y se tomó el chocolate de su propio velorio. Amigos, esto sucedió en el año de 1928, mi hermano vivió como 48 años más. ¡Alabado sea Dios! ¿Está usted en dolor y aflicción, con la sombra de su muerte que se proyecta en su vida?, venga a Cristo en estos instantes. 

En Lucas 7:37-38, dice: “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume”. Una mujer, una ramera, despreciada en público por la sociedad, aunque solicitada en privado por la misma sociedad; ahora viene a Cristo arrepentida de sus pecados y de su mala vida.

El Señor al ver su arrepentimiento y su contrición, dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados… Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lc. 7:48, 50). En otra ocasión, miembros de la mejor sociedad de Jerusalén, trajeron a Cristo una mujer que había sido tomada en el pecado de adulterio, para que el Señor opinara si debía ser muerta a pedradas o no. Claro, ellos no señalaron al adúltero, que con toda probabilidad estaba en el grupo de ellos. Dijo Jesús: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” ( Jn. 8:7).

Y todos comenzaron a irse uno por uno ( Jn. 8:9). Es que no habría rameras, si no hubiera rameros. Entonces, puesto que todos se fueron, Jesús le preguntó a la mujer: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor.

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” ( Jn. 8:10-11). ¡Gloria a Dios! Mujer, hombre, joven, si está usted viviendo en las profundidades más abyectas de la corrupción moral y del vicio; venga a Cristo tal cual usted está, Él no lo desprecia, Él no lo defrauda, Él lo recibe, Él lo perdona, Él lo salva, Él le transforma, Él le hace nueva criatura, le da gozo, paz, felicidad, descanso. Todo esto porque Él le ama. Pero usted tiene que venir a Él, recuerde su amorosa invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28).

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