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18 de Agosto del 2021

"Encontré una Biblia en mi celda cuando estaba listo para ahorcarme"

Scott había sido desahuciado y se refugió en las drogas. Fue encarcelado muchas veces y en su estancia más larga, mientras experimentaba los síntomas de la abstinencia, decidió quitarse la vida, pero un encuentro con el Todopoderoso le trajo salvación, esperanza y sanidad.

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Envuelto en lágrimas, hizo una soga con la sábana, ¿Para qué quedaba por vivir? Había fallado en todas las áreas de mi vida. “No me queda nada por lo que vivir. ¡Me doy por vencido!", pensó Scott Bailey. “La abstinencia a las drogas me mataría de todos modos. Así que me preparé para acabar con mi vida. Me había convertido en un prisionero en todo sentido.

A lo largo de los años, muchos de sus amigos murieron por sobredosis de drogas; otros se enfrentaban a penas de cárcel. Pero él solía ser el “perfecto” de su generación. Sin embargo, a sus 29 años, le diagnosticaron un tumor en el cerebro, y fue sometido a una cirugía. “Allí, mirándome en el espejo, había un monstruo. Todos esos años de ser el niño de oro, el elegido en la familia, destinado a la grandeza, se cayeron mientras imaginaba mi futuro con un rostro estropeado de por vida. Quería morir antes que verme así”, recuerda Scott.

Tres semanas después, su médico lo llamó: “Scott, tienes un cáncer poco común llamado carcinoma mucadérmico. Tienes de uno a tres años de vida como máximo". Todo lo que podía escuchar resonando en mis oídos era la sentencia de muerte. Para olvidarse de su enfermedad mortal, se refugió en las drogas. “Heroína, cocaína y pastillas se convirtieron en una forma de vida, y en cantidades masivas. No importaba; de todos modos iba a morir”.

Tiempo después, lo arrestaron por posesión de drogas y así comenzó su vida en prisión. “Durante una de mis estancias breves en la cárcel del condado, me sentí atraído por un estudio bíblico con otros presos y aprendí un poco sobre un Salvador del que nunca había oído”, explica Scott. Pero sus adicciones volvieron con fuerza. No había ningún lugar al que acudir, ningún lugar dónde esconderse.

Sobrevivió a una sobredosis, y una noche mientras dormía en las calles de su ciudad natal, donde había crecido como el más favorecido e influyente, vio la miseria en la que vivía y lloró amargamente. “En esa noche oscura y fría, recordé al Dios de las letras rojas en los evangelios: Aquel que se había acercado a mí en la cárcel, este Dios que te ama cuando nadie más lo hace. Hice un esfuerzo para hablar y le susurré: ‘Dios, si me escuchas, por favor, ayúdame. Voy a morir y ahora no puedo dejar de drogarme’", recuerda.

Un par de días después, fue arrestado con armas en la mano. Este incidente lo llevó a enfrentar una mayor estancia en prisión y padeció de una dolorosa abstinencia a las drogas por lo que tomó la decisión de ahorcarse. “Estaba empapado en sudor, temblaba, había vomitado durante días. Abrumado por la fatiga de no dormir y la depresión de un hombre moribundo, ahí estaba yo, colocando la soga alrededor de mi cuello. Mi estómago y mis intestinos explotaban y mis músculos temblaban, cuando cerca de la puerta, en mi litera, vi un libro que no era mío. Dejé de hacer lo que estaba haciendo. Fui a ver qué era. ¡Era una Biblia!”, afirma Scott.

“¿Cómo llegó allí? No tenía compañero de cuarto, y la habitación estaba completamente encerrada en vidrio. Sin embargo, ahí estaba: una Biblia. Caí de rodillas cerca de la cama, comencé a llorar. Esta Biblia ahora era mía. Dios era real y se preocupaba por mí. Lloré y lloré, clamando por ser perdonado. Quería conocer a este Dios amoroso que me persiguió. Él era mi única esperanza de sobrevivir. La esperanza comenzó a invadir mi corazón. Las lágrimas brotaban de mis ojos mientras me maravillaba de cómo mis dolencias físicas parecían disminuir mientras sostenía la Palabra de Dios cerca de mi corazón”, añade.

“Al seguir leyendo, supe de un hombre llamado Pablo que fue encarcelado por amar a su Salvador. Las palabras saltaban de las páginas y ministraban mi alma. Cada día me sentía físicamente más fuerte, más saludable y renovado. Estaba lleno de esperanza y verdad. Jesucristo es mi Salvador que se deleitó en dejar a las 99 para venir a buscarme. Pronto comencé a hablar con cualquiera que quisiera escuchar, presos y guardias. Todos necesitábamos esperanza y dirección. Pasé alrededor de un mes encerrado en el condado. Este fue un tiempo de preparación, equipándome para caminar con el Dios que me amaba”, comparte Scott.

Scott fue trasladado a una nueva prisión y obtuvo la libertad de caminar por el patio. En Corcoran tenía la mejor biblioteca cristiana de todo el sistema penal estatal, y lo aceptaron en un programa de Colegio Bíblico para prisioneros. Durante agosto de 1990 salió de la cárcel con 200 dólares. Dios le permitió rehacer su vida y lo sanó de su enfermedad mortal. Actualmente es un fiel cristiano, está casado y es padre de 3 niños.

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