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01 de Noviembre del 2016

El drama del matrimonio infantil

El matrimonio infantil viola los derechos humanos así sea niño o una niña, sin duda se trata de la forma más generalizada de abuso sexual y explotación de las niñas.

  • El drama del matrimonio infantil

El matrimonio infantil se define como un matrimonio formal o unión informal antes de los 18 años. Es una realidad para miles de niños y niñas en ciertas partes del mundo, aunque a las niñas les afecta de manera más desproporcionada. Según las estadísticas, una tercera parte de las mujeres de 20 a 24 años en el mundo en desarrollo se casaron cuando eran niñas. El matrimonio infantil es más común en Asia meridional y África subsahariana, pero hay grandes diferencias de prevalencia entre los países de la misma región.

Los datos de 47 países muestran que la edad mediana del primer matrimonio, en general, está aumentando gradualmente, pero esta mejora se ha limitado principalmente a las niñas de las familias con ingresos más altos. En general, el ritmo de cambio continúa siendo lento. Mientras que el 48 % de las mujeres de 45 a 49 años se casaron antes de cumplir los 18 años, la proporción solo ha bajado a 35 % de las mujeres de 20 a 24 años.

CAUSAS

Las principales causas del matrimonio infantil varían según las regiones y las comunidades, pero a menudo se centran en el control sobre la sexualidad de las niñas. En algunos países, como Tanzania, muchas jóvenes son obligadas a casarse después de quedar embarazadas. En otros países, como Bangladés, los padres precipitan el matrimonio de una hija para evitar el riesgo de que sea acosada sexualmente. Un factor común es que la mayoría de las niñas, económicamente dependientes, con poca autonomía o apoyo y presionadas por las normas sociales, comparten la sensación de que no tienen más remedio que cumplir con los deseos de sus padres.

Normas discriminatorias existentes en muchos lugares, incluyendo tradiciones que dictan que una niña debe vivir con la familia de su marido, mientras que un niño permanecerá con sus padres y los mantendrá económicamente, contribuyen a la percepción de que las hijas suponen una carga económica, mientras que los hijos son una inversión a largo plazo. La falta de acceso a educación de calidad es otro factor influyente. Cuando las escuelas están demasiado lejos, son demasiado caras, o el viaje es muy peligroso, las familias a menudo sacan a sus hijas de las escuelas o las jóvenes abandonan los estudios por su iniciativa, lo que las hace mucho más propensas a casarse. Incluso cuando las escuelas son accesibles, el ausentismo de los maestros y una educación de mala calidad pueden significar que ni las niñas ni sus padres sientan que valga la pena el tiempo o el gasto necesario.

También hay casos en los que las niñas no acuden a la escuela porque se espera que trabajen, ya sea en el hogar o a veces como mano de obra remunerada desde edades tempranas. Muchas niñas y sus familias citan la pobreza y la dote como otro factor que las empuja al matrimonio. El estrés que supone tener “otra boca que alimentar” acelera las decisiones de algunos padres de casar a sus hijas cuando estas son todavía muy jóvenes. En Bangladés, donde los padres de una joven pagan una dote al novio, cuanto más joven es ella, menor es la dote, lo que significa que algunas familias pobres creen que si no casan a sus hijas temprano no serán capaces de hacerlo nunca.

En cambio, en Sudán del Sur, es la familia de la novia la que recibe una dote del novio, ya sea en forma de ganado, un importante activo económico, o de dinero. Muchas niñas tienen un acceso escaso a la información, ya sea sobre la forma en que una mujer queda embarazada, los servicios prenatales, o la atención obstétrica de emergencia. Como resultado, el matrimonio infantil está estrechamente vinculado con la maternidad temprana y de riesgo. Los factores ambientales también juegan su papel.

Las familias pobres que viven en zonas de alto riesgo de desastres naturales, incluso como resultado del cambio climático, como Bangladés, citaron la inseguridad resultante como un factor que empuja a casar a sus hijas a edades muy tempranas. Por ejemplo, la inundación de los cultivos o la pérdida de la tierra pueden profundizar la pobreza de una familia, por lo que muchos padres dijeron sentir presión para acelerar el matrimonio de una hija a raíz de un desastre natural o en previsión de uno.

CONSECUENCIAS

Las pruebas indican que las niñas que se casan temprano abandonan a menudo la educación oficial y quedan embarazadas. Las muertes maternas relacionadas con el embarazo y el parto son un componente importante de la mortalidad de las niñas de 15 a 19 años en todo el mundo, lo que representa 70 000 muertes cada año.

Si una madre tiene menos de 18 años, el riesgo de que su bebé muera en su primer año de vida es de un 60 % más que el de un bebé nacido de una madre mayor de 19 años. Incluso si el niño sobrevive, tiene más probabilidades de sufrir bajo peso al nacer, desnutrición y un desarrollo físico y cognitivo tardío. Las esposas menores de edad corren el riesgo de sufrir actos de violencia, de abuso y de explotación.

El matrimonio infantil a menudo trae consigo la separación de la familia y los amigos, así como la falta de libertad para participar en actividades de la comunidad, lo que podría tener consecuencias importantes sobre la salud mental de las niñas y su bienestar físico. Por otro lado, según datos de 2013, el 74 % de las nuevas infecciones de VIH entre los adolescentes africanos se producen en niñas, muchas de ellas en el contexto del matrimonio.

La violencia doméstica es otro riesgo perpetrado por el marido de la joven o sus parientes políticos, e incluye tanto la violencia psicológica, física y sexual, como la violación marital. Aunque no todos los matrimonios infantiles están marcados por la violencia doméstica, el riesgo aumenta cuando hay grandes diferencias de edad entre una niña y su marido.

Muchos países no penalizan la violación dentro del matrimonio, e incluso cuando se trata de un delito. Las niñas novias tienen poca capacidad para buscar ayuda. En general, la limitada información acerca de sus derechos, la falta de acceso a servicios –especialmente de asistencia legal y refugios de emergencia–, el divorcio discriminatorio, la herencia y las leyes de custodia, y el rechazo de sus propias familias pueden atrapar a muchas en matrimonios abusivos sin posibilidad de escapar.

Los conflictos armados aumentan el riesgo de las niñas a ser blanco del matrimonio infantil y otros abusos. Por ejemplo, el matrimonio forzado de niñas es una devastadora táctica de guerra utilizada por grupos extremistas como el Estado Islámico (también conocido como ISIS) y el nigeriano Boko Haram. Numerosas niñas Yazidi en Irak cuentan historias desgarradoras de cómo fueron capturadas y separadas de sus familias para luego ser compradas y vendidas como esclavas sexuales.

Una joven que logró escapar describió haber sido llevada a un salón de bodas con 60 niñas y mujeres, donde los combatientes de ISIS les dijeron que se olvidaran de sus parientes porque de ahora en adelante se iban a casar con ellos e iban a parir sus hijos. El matrimonio infantil también puede acarrear trabajos forzados, esclavitud, prostitución y violencia contra las víctimas. Puesto que no pueden evitar las relaciones sexuales, las novias menores de edad se exponen a graves riesgos para su salud, como los embarazos prematuros, las infecciones transmitidas sexualmente y, cada vez más, al VIH/sida.

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