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01 de Diciembre del 2016

La ideología de género

Dos prestigiosos médicos, de la universidad y del hospital Johns Hopkins, publicaron una rigurosa revisión de 500 estudios científicos que refutan los postulados de la ideología de género. Las conclusiones del estudio son demoledoras.

  • La ideología de género

Hace pocas semanas la revista Tecnología y Sociedad The New Atlantis publicó en su número 50 un informe especial titulado “Sexualidad y género. Hallazgos de las ciencias biológicas, psicológicas y sociales”, en el que se revisan más de quinientas investigaciones científicas recientes sobre la orientación sexual, la correlación entre orientación sexual y salud mental, y la naturaleza y problemática de la identificación transgénero.

Este informe presenta un minucioso resumen  y una explicación actualizada de las investigaciones (basadas en las ciencias biológicas, psicológicas y sociales) sobre la orientación sexual y la identidad de género. Estos son algunos de los resultados.

ORIENTACIÓN SEXUAL

La visión de la orientación sexual como una propiedad innata y biológicamente inalterable de los seres humanos (la idea de que la gente “nace así”) no está apoyada sobre pruebas científicas. Pese a que existen pruebas de que hay factores biológicos, como genes y hormonas, asociados con el comportamiento y la atracción sexual, no hay explicaciones convincentes de causalidad biológica para la orientación sexual humana.

Aunque los investigadores han identificado pequeñas diferencias en las estructuras y actividades cerebrales entre individuos homosexuales y heterosexuales, estos hallazgos neurobiológicos no demuestran si esas diferencias son innatas o son el resultado del ambiente y de factores psicológicos.

Los estudios longitudinales en adolescentes sugieren que la orientación sexual puede ser muy variable durante la vida de algunas personas y existe un estudio que calcula que hasta un 80% de los adolescentes varones que sienten atracción por el mismo sexo dejan de sentirlo cuando son adultos. En comparación con los heterosexuales, los no-heterosexuales tienen una probabilidad entre dos y tres veces superior de haber sufrido abuso sexual infantil

SEXUALIDAD, SALUD MENTAL Y ESTRÉS

En comparación con la población general, en las subpoblaciones no-heterosexuales se registra un riesgo elevado de diversas situaciones adversas de salud y de salud mental. Se considera que los miembros de la población no-heterosexual tienen un riesgo aproximadamente 1,5 veces mayor de sufrir trastornos de ansiedad que los miembros de  la población heterosexual, así como aproximadamente el doble de riesgo de depresión, 1,5 veces un mayor riesgo de abuso de sustancias y cerca de 2,5 veces el riesgo de suicidio.

Los miembros de la población transgénero están también en un alto riesgo de sufrir diversos problemas de salud mental en comparación con los miembros de la población no-transgénero. Como dato especialmente alarmante, la proporción de intentos de suicidio durante la vida en todas las edades de los individuos transexuales se calcula en 41%, y es menos de 5% en el conjunto de la población estadounidense.

Hay pruebas, aunque de alcance limitado, de que los factores sociales estresantes, como la discriminación y la estigmatización, contribuyen a elevar los datos de riesgo de mala salud mental en la población no-heterosexual y transgénero.

Son necesarios más estudios longitudinales de alta calidad para que el “modelo de estrés social” sea un instrumento útil para comprender problemas de salud pública.

IDENTIDAD DE GÉNERO

La hipótesis de que la identidad de género es una propiedad innata e invariable del ser humano independiente del sexo biológico –según la cual podría haber “un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o “una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre” – no se apoya en pruebas científicas. De acuerdo con una estimación reciente solo el 0,6% de los adultos en Estados Unidos se identifican con un género que no corresponde con su COsexo biológico.

Los estudios que comparan las estructuras cerebrales de los individuos transgénero y no-transgénero han demostrado una débil correlación entre la estructura cerebral y la identificación con el género contrario. Estas correlaciones no aportan ninguna prueba de que la identificación con el género contrario tenga una base neurobiológica.

En comparación con la población general, los adultos que se han sometido a una cirugía de reasignación de sexo siguen teniendo un riesgo mayor de experimentar resultados de una pobre salud mental.

Un estudio encontró que, los individuos con sexo reasignado, en comparación con la población control tenían una probabilidad 5 veces mayor de intento de suicidio y 19 veces mayor de muerte por suicidio. Los niños son un caso especial cuando se abordan cuestiones transgénero.

Solo una minoría de niños que experimentan identificación con el género contrario seguirián haciéndolo en la adolescencia o en la edad adulta. Hay pocas pruebas científicas sobre el valor terapéutico de las intervenciones para retrasar la pubertad o modificar las características sexuales secundarias de los adolescentes, aunque algunos niños pueden haber mejorado su bienestar psicológico al ser animados y apoyados en su identificación con el género contrario.

No hay pruebas de que se deba animar a todos los niños que expresan ideas o comportamientos atípicos sobre el género a convertirse en transgénero.

CONCLUSIONES

Para cuestiones que son más sencillas de estudiar empíricamente, como las que se refieren a las tasas de datos de salud mental para subpoblaciones identificables de minorías sexuales, la investigación ofrece algunas respuestas claras: estas subpoblaciones muestran tasas más elevadas de depresión, ansiedad, abuso de sustancias y suicidio en comparación con la población general.

Se alega frecuentemente una hipótesis, el modelo de estrés social (que sitúa el estigma, el prejuicio y la discriminación como causas principales de las mayores tasas de pobre salud mental para estas subpoblaciones), como forma de explicar esta disparidad.

Aunque los individuos no-heterosexuales y transgénero son, con frecuencia, objeto de factores de tensión social y de discriminación, la ciencia no muestra que esos factores por sí solos expliquen la totalidad, ni siquiera la mayoría, de las disparidades en la salud entre la población no-heterosexual y transgénero y la población general.

Algunas de las opiniones más extendidas sobre la orientación sexual, como la hipótesis de “haber nacido así”, simplemente no están apoyadas por la ciencia. La literatura en esta área describe un pequeño conjunto de diferencias biológicas entre los no-heterosexuales y los heterosexuales, pero estas diferencias biológicas no son suficientes para predecir la orientación sexual, que sería la prueba final de todo hallazgo científico. La afirmación más sólida que la ciencia ofrece para explicar la orientación sexual es que algunos factores biológicos parecen predisponer, en medida desconocida, a algunos individuos a una orientación no-heterosexual. La idea de que “se nace así” es más compleja en el caso de la identidad de género. Por un lado, la evidencia de que nacemos con un género dado parece bien soportada por la observación directa: los varones se identifican abrumadoramente como hombres y las hembras como mujeres.

El hecho de que los niños nacen (con algunas excepciones de individuos intersexo) biológicamente hombres o mujeres está fuera de todo debate. Los sexos biológicos juegan un papel complementario en la reproducción, y en la población media hay numerosas diferencias fisiológicas y psicológicas entre los sexos. Sin embargo, aunque el sexo biológico es un hecho innato de los seres humanos, identidad de género es un concepto más impreciso. Al revisar la literatura científica, encontramos que muy poco se comprende bien cuando buscamos explicaciones biológicas de qué es lo que causa que algunos individuos afirmen que su género no se corresponde con su sexo biológico. (...) A pesar de la incertidumbre científica, se prescriben y aplican intervenciones drásticas sobre pacientes que se identifican, o son identificados, como transgénero. Esto es especialmente problemático cuando los pacientes que reciben estas intervenciones son niños. (...) Nadie puede determinar la identidad de género de un niño de 2 años.

Tenemos reservas incluso sobre en qué medida entienden los científicos lo que significa para un niño tener un sentido desarrollado de su propio género. Independientemente de eso, alarma profundamente que estas terapias, tratamientos e intervenciones quirúrgicas parezcan desproporcionadas si se las compara con la severidad del disgusto que experimentan estos jóvenes, y en cualquier caso podrían ser prematuras, puesto que la mayor parte de los niños que se identifican con el género opuesto a su sexo biológico dejarán de hacerlo cuando sean adultos.

LOS AUTORES

Los autores del estudio son dos científicos de primer nivel. El doctor Lawrence S. Mayer es médico psiquiatra, epidemiólogo y matemático; profesor del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Johns Hopkins y profesor de Estadística en la Universidad de Arizona.

Ha trabajado en centros tan prestigiosos como la Universidad de Princeton y la Clínica Mayo. El doctor Paul R. McHugh estudió en Harvard y es considerado el más importante psiquiatra estadounidense del último medio siglo. Fue durante 25 años jefe de Psiquiatría en el Hospital Johns Hopkins, donde también por un lustro ejerció como director médico.

Entre 2002 y 2009 fue miembro del consejo asesor sobre Bioética del presidente de Estados Unidos. “Este informe fue escrito para el público y para los profesionales de la salud mental con el objetivo de llamar la atención sobre las cuestiones de salud mental a las que se enfrenta la población LGBT y para ofrecer una visión científica al respecto”, explica el doctor Mayer en el prefacio.

“El informe surgió a petición del doctor Paul R. McHugh, antiguo jefe de Psiquiatría del Hospital Johns Hopkins y uno de los psiquiatras de referencia en el mundo”, explicó, para después añadir: “El doctor McHugh me pidió que revisara una monografía que sus colegas y él habían esbozado sobre asuntos relacionados con la orientación sexual y la identidad sexual. En principio, mi tarea era garantizar la precisión de las conclusiones estadísticas y revisar algunas fuentes adicionales”.

“En los meses posteriores leí a fondo más de quinientos artículos científicos sobre estos temas y escruté con detenimiento cientos de ellos más”, afirma el doctor Mayer. “Me alarmó saber –resaltó– que la comunidad LGBT sufre una tasa desproporcionada de problemas de salud mental en comparación con la población en su conjunto”. “A medida que mi interés crecía –informó–, revisé investigaciones en una amplia variedad de campos científicos: epidemiología, genética, endocrinología, psiquiatría, neurociencia, embriología y pediatría. También revisé muchos de los estudios académicos empíricos realizados en el ámbito de las ciencias sociales: Psicología, Sociología, Ciencia Política, Economía, y estudios de género”. Por último, explica: “Acepté el encargo de ser el autor principal del texto y reescribirlo, reorganizarlo y ampliarlo.

Apoyo todas las afirmaciones de este informe, sin reservas y sin prejuicios ante los debates políticos o filosóficos. Este informe es sobre ciencia y medicina, nada más y nada menos”. Concluye, dedicando el estudio a la comunidad LGBT, “que padece una tasa desproporcionada de problemas de salud mental en comparación con la población global”, para luego expresar que “debemos encontrar formas de aliviar su sufrimiento”. Y, “sobre todo”, dedica el estudio “a los niños en conflicto con su sexualidad y su género”.

Porque “la idea de que un niño de dos años que haya expresado pensamientos o comportamientos identificados con el sexo opuesto puede ser etiquetado de por vida como transgénero, no tiene absolutamente ningún apoyo científico. De hecho, es una iniquidad creer que todos los niños que tienen en algún momento de su desarrollo pensamientos o comportamientos atípicos sobre el género, particularmente antes de la pubertad, deben ser animados a ser transgénero”

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