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10 de Enero del 2017

¿Que es el pecado?

Existen muchas cosas que no son buenas en el mundo: maldad, iniquidad, opresión, luchas, guerras, muerte, sufrimientos. Entonces, surge la interrogante: ¿de qué manera entró el pecado en el mundo? Esta pregunta ha dejado perplejos a muchos. La Biblia tiene la respuesta de Dios.
  • ¿Que es el pecado?

¿Qué es el pecado? La Biblia tiene una variedad de térmi­nos para describir el mal moral que nos dice algo de su naturale­za. Un estudio de estos términos en el hebreo y el griego origina­les proporcionará la definición bíblica del pecado

EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
 
Diversas palabras hebreas presentan al pecado operando en las siguientes esferas:
 
La esfera de lo moral. Las siguientes son las palabras em­pleadas para expresar el pecado.
 
1) El vocablo empleado con más frecuencia para describir el pecado significa “errar el blanco”. Transmite o comunica las si­guientes ideas: a) errar el blanco, como un arquero errático que arroja la flecha, pero yerra. De igual manera el pecador yerra el verdadero blanco u objeto de la existencia; b) errar el camino, como el viajero que se ha desviado de la senda o carretera; c) ha sido hallado falto cuando ha sido pesado en la balanza de Dios.
En Génesis 4:7, donde el vocablo se emplea por primera vez, el pecado es personificado como bestia salvaje lista para arrojar­se sobre todo aquel que le da oportunidad.
 
2) Otra palabra significa literalmente “torcedura” y se tradu­ce con frecuencia como “perversidad”. Es así contraria a la jus­ticia, que significa “lo que es recto o conforme a un nivel justo”.
 
3) Otra palabra común, traducida “mal”, proporciona la idea de violencia o rompimiento, y describe al hombre que quebran­ta o viola las leyes de Dios.
La esfera de la conducta fraternal. Para los pecados en esta esfera el vocablo empleado significa violencia o conducta per­judicial (Gn. 6:11; Ez. 7:23; Pr. 16:29). Arrojando a un lado la influencia morigeradora de la ley, el hombre maltrata y oprime a sus semejantes.
 
La esfera de la santidad. Los vocablos para describir al pe­cado en esta esfera dan a entender que el ofensor ha estado en relaciones con Dios. La nación israelita era una nación consti­tuida por sacerdotes, considerándose a cada uno en comunión con Dios y en contacto con su Tabernáculo santo. Por lo tanto, todo israelita era santo, separado para Dios, y todas las activi­dades de la esfera de su vida estaban reguladas por la ley de la santidad. Aquello excluido de la ley era profano (lo opuesto de santo) y el que participó de ello se convirtió en inmundo o con­taminado (Lv. 11:24, 27; 11:31, 33, 39). Si persistía, se le consi­deraba persona profana o irreligiosa (Lv. 21:14; He. 12:16). Si se rebelaba y deliberadamente repudiaba la jurisdicción de la ley de la santidad, se le consideraba un “transgresor” (Sal. 37:38; 51:13; Is. 53:12).
 
La esfera de la verdad. Los vocablos que describen al peca­do recalcan el elemento engañoso y vano del pecado. Los peca­dores se conducen y hablan con falsedad (Sal. 58:3; Is. 28:15), presentan erróneamente a la verdad y dan falso testimonio (Éx. 20:16; Sal. 119:128; Pr. 19:5, 9). Esa actividad se denomina “va­nidad” (Sal. 12:2; 24:4; 41:6), es decir, vacía, carente de valor.
 
El primer pecador fue mentiroso ( Jn. 8:44); el primer peca­do comenzó con una mentira (Gn. 3:4); y todo pecado contiene el elemento de engaño (He. 3:13).
 
La esfera de la sabiduría. El hombre se conduce con mal­dad ya sea porque no se preocupa de razonar como conviene o porque se niega a ello. Por descuido o ignorancia deliberada, no guía su vida de acuerdo con la voluntad de Dios.
 
1) Muchas son las exhortaciones dirigidas a los simples (Pr. 1:4, 22; 8:5). Este vocablo describe al hombre natural, sin de­sarrollo hacia el bien o el mal, sin principios fijos, pero con una inclinación natural hacia el mal, inclinación natural que puede ser explotada para seducirle. Carece de propósitos fijos y de ci­mientos morales. Oye, pero se olvida, y por lo tanto es conduci­do con facilidad al pecado (Compare Mt. 7:26).
 
2) Leemos con frecuencia sobre personas que carecen de entendimiento (Pr. 7:7; 9:4), es decir, aquellos que caen vícti­ma del pecado por falta de entendimiento antes que por incli­nación pecaminosa. Debido a que la sabiduría que poseen es defectuosa, juzgan con precipitación e imprudencia los juicios de la providencia de Dios, y cosas que están por encima de ellos. Y de ahí que caen en la impiedad. Tanto esta clase de personas como los simples son inexcusables, pues las Sagradas Escrituras presentan al Señor ofreciendo libremente –¡qué digo!, rogándo­les que acepten (Pr. 8:1-10)– aquello que les dará sabiduría para buscar la salvación.
 
3) El vocablo que se traduce como “necio” con frecuencia (Pr. 15:20) describe a la persona que, aunque capaz de hacer el bien, está ligada por lazos carnales y es conducida fácilmente al pecado por sus inclinaciones pecaminosas. No se disciplina a sí misma ni guía sus tendencias o predisposiciones según la ley divina.
 
4) El “escarnecedor” (Sal. 1:1; Pr. 14:6) es el malvado que justifica su maldad mediante argumentos razonados contra la existencia o realidad de Dios, y contra lo espiritual en general. De manera que el vocablo “escarnecedor” del Antiguo Testa­mento equivale al ateo o librepensador, y la expresión “silla de escarnecedores” se refiere con probabilidad a la sociedad pagana o infiel local.
 
EN EL NUEVO TESTAMENTO
 
Por otro lado, el Nuevo Testamento describe al pecado como sigue:
 
Errar el blanco. Que significa la misma idea expresada en el Antiguo Testamento.
 
Deuda (Mt. 6:12). El hombre le debe a Dios el guardar sus mandamientos. Todo pecado cometido equivale a una deuda contraída. Incapaz de pagarla, su única esperanza es el perdón o remisión de la deuda.
 
Desenfreno. El pecador es un rebelde e idólatra, pues aquel que deliberadamente quebranta un mandamiento escoge su propia voluntad antes que la ley de Dios. Peor aún, se convierte en ley para sí mismo y, por lo tanto, hace un dios de sí mismo. El pecado comenzó en el corazón del ángel enaltecido que dijo “su­biré”, en oposición a la voluntad de Dios (Is. 14:13-14). El anti­cristo es el desenfrenado (traducción literal del inicuo) porque se enaltece sobre toda cosa que es adorada o denominada Dios (2 Ts. 2:4). El pecado es esencialmente obstinación, terquedad, y la obstinación es esencialmente pecado.
 
Desobediencia. Literalmente, “oír impropiamente”; escuchar con falta de atención (He. 2:2). “Mirad, pues, como oís” (Lc. 8:18).
 
Transgresión. Es “excederse los límites” (Ro. 4:15). Los mandamientos de Dios son cercas o setos, por así decirlo, que impiden que el hombre penetre en territorio peligroso y sufra así daño su alma.
 
Caída. O falta o caer junto al camino (Ef. 1:7) en el idioma griego. De ahí la expresión común de “caer en pecado”. Pecar es caer de un nivel de conducta.
 
Derrota. Es el significado literal de la palabra “falta” (Ro. 11:12). Al rechazar a Cristo, la nación judía sufrió una derrota y equivocó el propósito de Dios.
 
Impiedad. De un vocablo que significa “sin adoración o apetencia” (Ro. 1:18; 2 Ti. 2:16). El hombre impío es aquel que presta poca atención o ninguna a lo sagrado. Lo sagrado no produce sentimiento alguno de temor aparencial. Está sin Dios porque no quiere a Dios.
 
Error. Describe los pecados cometidos por descuido o ig­norancia, que se diferencian de aquellos pecados cometidos con presunción. El hombre que obstinadamente se propone hacer lo malo incurre en mayor grado de culpa que aquel que por debili­dad cae en alguna falta.
 
TEORÍAS FALSAS
 
En la historia se han propuesto teorías que niegan o presentan erróneamente o restan importancia al pecado y su naturaleza.
 
1. Ateísmo. Al negar la existencia de Dios, el ateísmo niega también el pecado, puesto que, en sentido estricto, podemos pe­car solamente contra Dios. En el análisis final de las cosas, toda mala acción está dirigida contra Dios.
 
2. Determinismo. Afirma que el libre albedrío es un engaño y no realidad. Nos imaginamos que somos libres para escoger, cuando en realidad nuestra elección es dictada por estímulos internos y por circunstancias fuera de nuestro dominio. El hom­bre es simplemente un esclavo de las circunstancias, según esa teoría.
Una de las consecuencias prácticas del determinismo es con­siderar al pecado como una enfermedad, por la cual debe con­siderarse al pecador como un ser digno de lástima, y no como a alguien a quien se debe castigar; pero el perentorio sentido del deber implantado en la conciencia del hombre refuta esta teoría.
 
3. Hedonismo. Esta palabra procede de una raíz etimológi­ca griega que significa “placer”. Se trata de una teoría que sostie­ne que el mayor bien de la vida es disfrutar de los placeres y evi­tar el dolor. No todos los hedonistas viven una vida viciosa, pero la tendencia general del hedonismo es pasar por alto el pecado con designaciones como las siguientes: “debilidad inocente”,
“un tropezón”, “un capricho”, y “entusiasmo juvenil”. Disculpan el pecado con dichos como los siguientes: “errar es humano”, “lo que es natural es hermoso, y lo que es hermoso es bueno”. Naturalmente que esto representa con frecuencia un intento de justificar la inmoralidad.
 
4. Ciencia cristiana. La ciencia cristiana niega la realidad del pecado. El pecado, dice, no es algo positivo, sino simplemen­te la ausencia de lo bueno. El que el pecado tenga existencia ver­dadera es un “error de la mente mortal”.
Las Sagradas Escrituras denuncian el pecado como viola­ción positiva contra la ley de Dios, es una ofensa real.
 
5. Evolución. Esta teoría considera el pecado como la he­rencia de animalidad del hombre primitivo. Esta teoría de la evolución es antibíblica. Además, los animales no pecan; viven de acuerdo con su naturaleza, y no experimentan conciencia de culpabilidad por proceder de esa manera. Es cierto que el hom­bre tiene una naturaleza física, pero esa parte inferior de él fue creación de Dios y ha sido creada para que esté sujeta a una inte­ligencia iluminada por Dios.
 
EL ORIGEN DEL PECADO
 
El tercer capítulo del Génesis da las claves que caracterizan la historia espiritual del hombre. Son ellas: tentación, pecado, cul­pabilidad, castigo, redención.
 
1. TENTACIÓN.
 
a) la posibilidad de la tentación. El segundo capítulo del Gé­nesis proporciona la narración de la caída del hombre. Habla del primer hogar del hombre, su inteligencia, su servicio en el huer­to de Edén, los dos árboles, y la primera boda. Se hace mención particular del árbol del conocimiento del bien y del mal y del árbol de la vida. ¿Por qué razón se había plantado allí? Con el objeto de proporcionar una prueba por medio de la cual el hom­bre podía con cariño y libertad escoger servir a Dios. Sin el libre albedrío, el hombre hubiera sido simple máquina.
 
b) La fuente de la tentación. Es razonable inferir que la ser­piente fue el agente empleado por Satanás (Ez. 28:13-17; Is. 14:12-15). Por esta razón se describe a Satanás como “la ser­piente antigua, que se llama diablo y Satanás” (Ap. 12:9).
 
c) La sutileza de la tentación. La sutileza se menciona como una característica sobresaliente de la serpiente (Compare Mt. 10:16). Presenta con gran astucia sugestiones que, cuando se las abraza, dan objeto a deseos pecaminosos y hechos también pe­caminosos. Comienza dirigiéndose a la mujer (Gn. 2:16-17). Y espera hasta que Eva está sola (Compare Gn. 3:1; 2:16-17). Así, astutamente siembra la duda en el corazón de la mujer y, al mis­mo tiempo, insinúa que el mismo tiene la preparación necesaria para ser juez, en lo que respecta a la justicia de tal prohibición.
 
2. CULPABILIDAD.
 
a) Las palabras de la serpiente (Gn. 3:5) se cumplieron, pero el conocimiento adquirido fue distinto del que habían esperado. En vez de sentirse como Dios, experimentaron un terrible sen­timiento de culpabilidad. Nótese que la desnudez corporal es símbolo de una conciencia desnuda o culpable. Cuando pecaron, la comunión fue interrumpida, el cuerpo venció al espíritu, y se inició el conflicto entre el espíritu y la carne (Ro. 7:14-24) que ha sido la causa de tanta miseria.
 
b) Así como la desnudez era representación y señal de una conciencia culpable, así también la tentativa de cubrir su des­nudez es un cuadro del intento del hombre de ocultar su cul­pabilidad bajo el manto del olvido o de las excusas. Empero, solamente una vestidura hecha por Dios puede cubrir el pecado (Gn. 3:21).
 
c) El hombre culpable trata de ocultarse de Dios, de huir de él. Y es así como Adán y Eva procuraron ocultarse entre los árboles.
 
3. CASTIGO.
 
a) Castigo de la serpiente. La serpiente era un animal her­moso, erguido, pero se convirtió en el instrumento de la caída del hombre; es un animal maldito y degradado. Mas, puesto que la serpiente fue sencillamente un instrumento de Satanás, ¿por qué debe ser castigada? Porque Dios se propuso hacer de la mal­dición sobre la serpiente una figura y profecía de la maldición sobre el diablo y todas las fuerzas del mal.
 
b) Castigo de la mujer. “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gn. 3:16).
 
c) El castigo del hombre. Al hombre se le había designado ya el trabajo (Gn. 2:15); mas el castigo consistirá en lo arduo del trabajo, y de las desilusiones y disgustos que acarrea.
 
d) La pena de muerte. El hombre fue creado capaz de no morir físicamente. Podría haber vivido indefinidamente si hu­biera preservado su inocencia y continuado comiendo del árbol de la vida. Aunque restaure su comunión con Dios (y venza la muerte espiritual) por el arrepentimiento y la oración, no obs­tante, debe retornar a su Hacedor por el camino de la tumba.
 
4. REDENCIÓN.
 
Los primeros tres capítulos del Génesis contienen las tres apelaciones de Dios, que por medio de todas las Escrituras figu­ran en todas las relaciones de Dios con el hombre.
 
La redención prometida.
 
1) La serpiente trató de formar una alianza con Eva contra Dios, pero Dios romperá esa alianza. En otras palabras, se pro­ducirá una lucha entre la humanidad y los poderes malignos que causaron su caída.
 
2) ¿Cuál será el resultado de ese conflicto? Primero, victoria para la humanidad por medio del representante del hombre, la Simiente de la mujer. “Esta [la Simiente de la mujer] te herirá en la cabeza”. Cristo, la
 
Simiente de la mujer, vino al mundo para aplastar el poder del diablo (Mt. 1:23, 25; Lc. 1:31-35, 76; Is. 7:14; Gá. 4:4; Ro. 16:20; Col. 2:15; He. 2:14-15; 1 Jn. 3:8; 5:5; Ap. 12:7-8, 11; 20:1-3, 10).
 
3) Empero, la victoria no será sin sufrimiento. “Tú [la serpiente] le herirás en el calcañar”. En el calvario, la serpiente hirió en el calca­ñar a la Simiente de la mujer. Pero, esa herida ha proporcionado sa­lud a la humanidad (Is. 53:3-4, 12; Dn. 9:26; Mt. 4:1-10; Lc. 22:39- 44, 53; Jn. 12:31-33; 14:30-31; He. 2:18; 5:7; Ap. 2:10)
 

 

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