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07 de Febrero del 2017

El milagro llamado Jeftzybah

Jorge Bossa y Nubi Carreño, los padres atormentados que encomendaron el fruto de su amor al Señor. Los médicos detectaron una enfermedad congénita en pleno embarazo. Recomendaron abortar. Pero ellos defendieron la vida. Y hoy gozan de una linda niña. Marlon Pérez

  • El milagro llamado Jeftzybah

Ampliados:

- Jorge llevó a Nubi a su rutinario chequeo mensual de embarazo, sin pensar que ese día recibirían la noticia más desalentadora de sus vidas, su pequeña llamada Jeftzybah presentaba una peligrosa anomalía en su cabeza, que la ponía en riesgo. Al ser derivados rápidamente a una clínica especializada en aquella ciudad capital, los expertos concluyeron que la bebé presentaba una enfermedad congénita llamada hidrocefalia.

- Tras diagnosticarse el mal en su bebé, los primeros días del mes de enero de 2016, Jorge y Nubi recorrieron a cuanto especialista hubiese en la ciudad, realizando todo tipo de exámenes, chequeos, análisis y un sinfín de pruebas que le realizaron en su vientre. Todo esto se convirtió en parte de la rutina mientras la pequeña Jeftzybah se debatía entre la vida y la muerte.

- Al cabo de los minutos, uno de los obstetras que realizó la cirugía, le reveló a Jorge que la cesárea no tuvo mayores complicaciones y que su primogénita no necesitó ninguna intervención quirúrgica, porque nació fuera de peligro y con proyecciones a tener una vida saludable. Por primera vez y después de varios meses de angustia, una sonrisa se dibujó en el rostro de Jorge. Dios había respondido a su oración y la de su esposa.

A inicios de 2016, Jorge Bossa y Nubi Carreño se preparaban para uno de los acontecimientos más grandes que todo recién casado anhela: ser padres. Sin embargo, este deseo casi se convierte en tragedia, cuando esta pareja de cristianos del Movimiento Misionero Mundial en la República de Colombia, escucharon que su pequeña bebé de cinco meses de gestación presentaba hidrocefalia. Una enfermedad congénita que casi acaba con el fruto de su vientre, sino fuera por la intervención milagrosa del Todopoderoso, que pudo más que la propia ciencia.

Todo comenzó al quinto mes de embarazo, cuando Nubi detectó que la pequeña que llevaba en su vientre dejó de moverse. Nueve largas horas pasaron, hasta que Jorge regresó de su trabajo y masajeó el vientre de su esposa para reanimar a su primogénita. Al trasladarla al hospital militar de la ciudad de Bogotá, los especialistas le practicaron la misma técnica reanimación, pero sin sentir algún latido o señal que evidencie la estabilidad de la criatura. Al realizarle otro examen, escucharon por fin el pequeño corazón latir lenta y suavemente, y todo volvió a la calma. Ambos padres retornaron a su hogar para disfrutar de las fiestas navideñas de aquel año, sin imaginar que a los pocos días empezaría su verdadero calvario.

Transcurrido los días, Jorge llevó a Nubi a su rutinario chequeo mensual de embarazo, sin pensar que ese día recibirían la noticia más desalentadora de sus vidas, su pequeña llamada Jeftzybah presentaba una peligrosa anomalía en su cabeza, que la ponía en riesgo. Al ser derivados rápidamente a una clínica especializada en aquella ciudad capital, los expertos concluyeron que la bebé presentaba una enfermedad congénita llamada hidrocefalia, que provocaba un crecimiento anormal en las cavidades de su cerebro, por la cantidad de líquido cefalorraquídeo almacenado. Esta noticia los derrumbó.

Al retornar a casa, ambos subieron al bus y ninguno habló como de costumbre, se mantuvieron callados mirando a las ventanas y preguntándose en su interior ¿por qué a nosotros? De pronto y tras contener la enorme tristeza, una lágrima brotó del rostro de Nubi y Jorge rompió en llanto. Ninguno de los pasajeros del bus comprendió el lamento de esta pareja de jóvenes y ese abrazo tan efusivo que se dieron, que terminó por quebrarlos a todos. El dolor era más que evidente.

Historia de amor

Jorge Mario Bossa Panqueva, nació en julio de 1985 en la ciudad de Soata, departamento de Boyacá, Colombia. Creció dentro del conocimiento de la palabra de Dios que sus progenitores le inculcaron desde su infancia, hasta que en su adolescencia se apartó de él. A sus 17 años tuvo un primer hijo llamado Hammer con una primera relación. Tres años después terminó sus estudios y sirvió al ejército de su país.

En tanto, Nubi Aliz Carreño Bravo nació en marzo de 1987 en la ciudad de Gachalá, departamento de Cundinamarca. Fue hija de una pareja de reconocidos pastores que sirvieron al Señor en una iglesia del Movimiento Misionero Mundial en la república colombiana. Su infancia estuvo marcada por los constantes viajes misioneros al interior del país cafetero, anunciando el evangelio de Jesucristo.

En 2010, Jorge y Nubi se conocieron y conformaron una hermosa amistad, con los meses floreció una relación sentimental. Dos años después, contrajeron nupcias en el municipio de Melgar, departamento de Cundinamarca, y formaron un sólido matrimonio, que antes de formar su propia familia, se dieron un tiempo para cumplir con algunos de sus objetivos trazados.

Concibiendo el dolor

Llegado 2015, Jorge y Nubi decidieron tener un hijo y formar la familia que siempre lo soñaron. Fue así que ambos se prepararon y dispusieron su corazón al Señor para que respalde su petición. “Nuestras vidas se llenaron de mucha felicidad, el día que nos enteramos que íbamos a ser padres, pues era lo que habíamos pedido a Dios y seguramente había llegado la repuesta a nuestra oración”, recuerdan.

Al pasar los meses, a Nubi le sobrevinieron los síntomas propios de un embarazo, y el 18 de agosto de ese mismo año, confirmaron la noticia a través de los exámenes médicos. El resultado arrojó el milagro de la vida. “Si salió embarazada, es porque Dios lo había querido así”, recuerda Jorge.

Al anunciar su felicidad a toda su familia y a parte de la iglesia, Jorge y Nubi nunca imaginaron de la prueba de fuego que Dios tenía preparado para ellos, cinco meses después de aquel resultado. Era una verdadera prueba de fe. “Nuestra bebé se llamaría Jeftzybah, que significa: ‘Mi deleite está en ella’, y está ubicado en el libro de Isaías 62:4”, precisa Jorge.

Un verdadero calvario

Tras diagnosticarse el mal en su bebé, los primeros días del mes de enero de 2016, Jorge y Nubi recorrieron a cuanto especialista hubiese en la ciudad, realizando todo tipo de exámenes, chequeos, análisis y un sinfín de pruebas que le realizaron en su vientre. Todo esto se convirtió en parte de la rutina mientras la pequeña Jeftzybah se debatía entre la vida y la muerte. “A pesar de nuestro dolor, sabíamos y confiábamos en que Dios, así como había permitido esa gestación, igualmente llevaría las cosas a un buen y feliz término”, pensaba Jorge.

Mientras ambos aguardaban un milagro, orando y clamando como el conocido pasaje bíblico de Jeremías 33:3 (“Clama a mí y yo te responderé, y te haré conocer cosas grandes y ocultas que tú no conoces”). Al llegar al séptimo mes (semana 28), uno de los ginecólogos les propuso interrumpir su embarazo para acabar con el calvario que los estaba consumiendo. Ambos se negaron rotundamente, por su convicción por la vida.

Al pasar las semanas y los meses, los especialistas les ordenaron nuevamente interrumpir el embarazo, porque según los pronósticos médicos la bebe nacería sorda o ciega, o en el peor de los casos quedaría en estado vegetal y moriría al cabo de unos minutos de existencia. Esta noticia traspasó los corazones de Jorge y Nubi; sin embargo ambos tomaron fuerzas y nuevamente desistieron del proceso abortivo, porque su fe era más fuerte que el propio razonamiento humano. “Estábamos confiados en que si Él (Dios) lo había permitido nos iba a dar la salida… Abortarla nunca fue opción en lo más mínimo”, expresa Jorge.

El milagro de vida

A pesar de los pronósticos desalentadores, llegó la semana 40 y la hora del parto se aproximaba. Fue así que los médicos ordenaron realizarle una cesárea de emergencia a Nubi, pues la cabeza de la pequeña no pasaría por el tracto uterino. En el quirófano, seis especialistas, un resucitador, una cámara de oxigeno y otros aparatos médicos esperaron a Nubi y a su bebé, quien estaba a punto de llegar a este mundo.

Una hora después y tras despedirse de su esposa, Jorge esperó pacientemente en aquel nosocomio y en las promesas del Señor, hasta que las puertas del quirófano se abrieron de par en par, viendo el frágil cuerpecito de su pequeña deleite, quien era llevada rápidamente a una incubadora para su subsistencia. Este milagro ocurrió el 13 de abril de 2016.

Al cabo de los minutos, uno de los obstetras que realizó la cirugía, le reveló a Jorge que la cesárea no tuvo mayores complicaciones y que su primogénita no necesitó ninguna intervención quirúrgica, porque nació fuera de peligro y con proyecciones a tener una vida saludable. Por primera vez y después de varios meses de angustia, una sonrisa se dibujó en el rostro de Jorge. Dios había respondido a su oración y la de su esposa.

Hoy, la pequeña Jeftzybah tiene más de nueve meses de nacida y con un pronóstico saludable y difícil de entender para los médicos quienes prácticamente la desahuciaron. “A la bebé se le ordenaron terapia física, ocupacional, de lenguaje hasta 2017, pero solo es de rutina”, aseguran Jorge y Nubi quienes prefieren colocar su fe en las promesas de Creador antes que la propia ciencia.

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