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12 de Abril del 2017

El autobús de la dignidad

Sorprende constatar hasta dónde han llegado las cosas y cómo todo se ha vuelto del revés, hasta el punto de que lo que el m

  • El autobús de la dignidad

Sorprende constatar hasta dónde han llegado las cosas y cómo todo se ha vuelto del revés, hasta el punto de que lo que el mero sentido común enseña es ahora considerado un acto delictivo.

Wenceslao Calvo (*)

La publicidad llevada en el autobús de la organización Hazte Oír por las calles de Madrid, en la que se recogía un lema sobre la identidad entre género y sexualidad de la persona desde su nacimiento en adelante, origina una tormenta de indignación.

En el ayuntamiento de Madrid se ha calificado al vehículo como “Autobús de la vergüenza”, mientras que dirigentes políticos, de todas las tendencias, se han apresurado a condenar el mensaje y hasta se han emprendido acciones legales para impedir que siga circulando, denunciándolo ante la Fiscalía por fomentar el odio y atentar contra la diversidad.

En una “sociedad avanzada” como la nuestra no puede haber cabida para semejantes mensajes. Resulta sorprendente constatar hasta dónde han llegado las cosas y cómo todo se ha vuelto del revés, hasta el punto de que lo que el mero sentido común enseña es ahora considerado un acto delictivo, lo cual significa que ese sentido ha sido desplazado por lo que se podría denominar sinsentido común. Una sociedad saneada se rige por el primero, mientras que una sociedad enfermiza y decadente se acoge al segundo.

El mensaje del autobús está tan lejos de ser vergonzoso como la Tierra lo está del Sol. Por eso al autobús, por su mensaje, se le puede denominar “Autobús de la dignidad”, porque alguien ha sido capaz de atreverse a desafiar la hegemónica indignidad, que desde hace tiempo se ha instalado en Madrid y en toda España, para proclamar a los cuatro vientos una verdad autoevidente, como es que los niños tienen pene y las niñas vulva, por lo cual si naces hombre, eres hombre, y si naces mujer, seguirás siéndolo.

Al autobús también se le podría denominar, por su mensaje, “Autobús de la valentía”, al haberse atrevido a ir contracorriente, a pesar de que el costo por el rechazo y las amenazas es muy elevado.

Resulta patético contemplar a los que hasta no hace mucho sostenían que ciertas verdades eran de sentido común, estando ahora a la cabeza de los perseguidores de ese mismo sentido común.

Al autobús, por su mensaje, también se le podría denominar “Autobús del compromiso”, porque se ha comprometido a defender una postura en la que no caben acomodos ni connivencias, so pena de traición, dado que lo que está en juego es el mismo ser humano.

Ese compromiso es todavía más encomiable al tener en cuenta la afiliación eclesiástica del presidente de Hazte Oír, si se considera que su jefe, el actual inquilino del Vaticano, se mantiene cómodamente al margen, sin hacer declaraciones comprometidas que solivianten contra él a los promotores del sinsentido común.

Al autobús, por su mensaje, se le podría llamar “Autobús de la libertad de expresión”, recortada ya desde hace tiempo para cualquier disidente del pensamiento hegemónico, aunque disponible en toda la extensión para los adeptos de este.

En el próximo verano, cuando Madrid será capital mundial del Orgullo Gay, circularán por las calles de la ciudad, con el beneplácito de unos y otros, muchos autobuses enalteciendo y promoviendo lo bochornoso. Sin trabas, sin amenazas, sin denuncias, sin límites.

Serán jornadas en las que se nos meterá por los ojos y por los oídos, durante veinticinco horas al día, a lo largo de muchos días, el mensaje del sinsentido común, cantándose sus alabanzas y magnificándose sus glorias, cuando, en realidad, no son otra cosa que torpeza y desviación. Pero a esto hemos llegado. A una “sociedad avanzada”, que ciertamente avanza, y lo hace apresuradamente, en dirección al suicidio colectivo.

En realidad, no es la primera vez que algo así sucede, puesto que no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Autobús de la vergüenza? Vergüenza es una palabra ambivalente, que puede querer decir cosas totalmente contrarias. Por un lado, puede significar honra y pundonor, de ahí la expresión ‘ser un hombre de vergüenza’; por otro lado, puede significar infamia y degradación, de ahí la frase ‘no tener vergüenza’. La vergüenza de este autobús es de la primera clase.

(*) Conferencista, predicador y pastor en una iglesia de Madrid, España.

(Ampliado)

Al autobús también se le podría denominar, por su mensaje, “Autobús de la valentía”, al haberse atrevido a ir contracorriente, a pesar de que el costo por el rechazo y las amenazas es muy elevado.

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