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03 de Junio del 2017

Ley natural vs. milagro divino

Desde el punto de vista de la ciencia física, la concepción mecanicista propia del materialismo dista mucho de ser la opinión mayoritariamente aceptada hoy por los especialistas.

Antonio Cruz

  • Ley natural vs. milagro divino

Existe hoy, en la sociedad occidental, la creciente creencia de que todos los fenómenos que se dan en la naturaleza pueden ser explicados perfectamente por las ciencias experimentales, en el marco materialista de causas y efectos. Y que esto, por lo tanto, no dejaría ningún lugar para milagros ni acciones sobrenaturales.

Semejante convicción se predica e inculca en diversos centros docentes, lo que contribuye al menosprecio de las creencias religiosas de muchos alumnos o, como mínimo, a que estas solo puedan expresarse en el ámbito de lo particular y privado sin ser ridiculizadas.

Los creyentes, entre ellos los cristianos, se ven así excluidos del pensamiento supuestamente progresista, moderno o avanzado y, en muchos casos, terminan por silenciar sus creencias en los ambientes académicos o profesionales.

Por desgracia, esta persistente intimidación materialista origina, a veces, que algunos cristianos pierdan su fe o cuanto menos vivan y actúen como si no la tuvieran. Ahora bien, ¿es cierto que las leyes de la naturaleza, tal como hoy son entendidas por la ciencia, constituyen un marco mecanicista de causas y efectos?

A muchos físicos contemporáneos les parece que la mecánica cuántica no permite tan apresurada conclusión. La concepción de un mundo determinista según el cual todo fenómeno fuera prefijado necesariamente de antemano y, por tanto, todas las acciones estuvieran obligatoriamente preestablecidas, incluso nuestra libre voluntad, choca con los descubrimientos de la física cuántica.

Los numerosos fenómenos imprevisibles que esta disciplina ha descubierto en las entrañas de la materia ponen en entredicho el supuesto determinismo teórico. Tal como señala el físico anglicano John Polkinghorne, partidario del indeterminismo: “En un mundo de verdadero llegar a ser, Dios interacciona con el despliegue de la creación mediante la entrada de información. […] Dios interacciona con las criaturas, pero no las anula, porque se les ha permitido ser ellas mismas y hacerse ellas mismas.”

El origen de la información que evidencia el universo sería, pues, uno de los grandes misterios con los que se enfrenta la ciencia contemporánea. La antigua visión mecanicista, que concebía el mundo como un mecanismo de relojería en el que todo ocurría por influencia física y no había lugar para la existencia de entidades espirituales, es sustituida por la nueva concepción del mundo que propone el microcosmos de las partículas subatómicas, en el que estas existen a la vez como corpúsculos (con masa y carga electromagnética), pero también como ondas (dualismo onda-partícula).

Según el principio de indeterminación de Werner Heisenberg, el movimiento de los electrones en torno a un núcleo atómico central no está prefijado, sino que es casual e imprevisible, ya que depende del azar. Y, al ser esto así, no podemos hacer predicciones certeras sobre el comportamiento futuro del cosmos, ya que este puede variar considerablemente en función de las circunstancias.

De manera que la concepción mecanicista propia del materialismo, incluso desde el punto de vista de la ciencia física, dista mucho de ser la opinión mayoritariamente aceptada hoy por los especialistas. Esto abre la cuestión acerca de la posibilidad de los milagros o la intervención en el mundo de un Dios creador.

No es cierto que las leyes de la naturaleza impidan las acciones sobrenaturales en el cosmos —como suele decirse desde el materialismo ateo—, sino que es más bien todo lo contrario. Existen numerosos científicos y pensadores actuales que han centrado su especialidad precisamente en tales asuntos.

Hay toda una gama de modelos que contemplan la intervención divina en un universo regido por leyes físicas y naturales. En contra de lo que afirman hoy ciertos científicos materialistas, como el astrofísico Stephen Hawking, Dios no es simplemente un Creador que hizo explosionar el cosmos y se retiró para descansar indefinidamente.

Dios creó los seres y los mantiene permanentemente. Él continúa siendo hoy tan Creador como lo fue al principio. Su providencia no ha cesado en ningún momento. 

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