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03 de Junio del 2017

El trato de Dios con Mauricio

Tuvo una buena crianza, pero eso no impidió que se enredara en un mundo delincuencial y terminara trabajando para uno de los cárteles más grandes del narcotráfico en Colombia. Solo Dios pudo salvar a Mauricio Álvarez Gómez de ese temible mundo.

Winny Chávez Reyes

  • El trato de Dios con Mauricio

Era marzo de 1993. Mauricio Álvarez Gómez conducía una bicicleta rumbo a su casa y tenía que trasponer una esquina cuando de pronto una motocicleta se cruzó en su camino. La vio cuando estaba a unos metros del violento impacto. Solo atinó a cerrar los ojos, sintió un frío intenso en todo el cuerpo y esperó lo peor. De pronto escuchó una voz.

–Si en este momento te mueres, ¿a dónde se irá tu alma?

Abrió los ojos en esos momentos y vio que las dos personas que viajaban en la moto habían caído, pero él estaba completamente ileso. Un milagro lo había salvado del impacto aquel día especial que ahora, muchos años después, recuerda con detalle.

“Váyase, antes de que esos dos lo maten”, le recomendó una persona que había visto el accidente. Entonces, recogió su bicicleta y manejó hasta su casa. Entró corriendo, se encerró en su habitación y comenzó a llorar, pidiéndole perdón a Dios por todas las cosas malas que había hecho durante su vida.

Luego de un rato prendió la radio para escuchar música metálica, que era su preferida. Buscaba la emisora que la emitía cuando empezó a oír a un predicador que decía: “Cristo te ama y te está dando una segunda oportunidad. Acepta a Jesús en tu corazón”. Al escuchar esas palabras, cayó de rodillas y no pudo contener el llanto. En ese momento aceptó a Jesús y sintió que algo malo salía de su cuerpo.

No era para menos. Mauricio Álvarez Gómez había tenido una vida azarosa. Desde muy joven incursionó en el mundo delictivo, pese a que provenía de un hogar con una economía desahogada, aunque con sucesos violentos.

Nacido en 1973, en la ciudad de Medellín, Colombia, fue testigo de los maltratos físicos de su padre contra su madre, hechos que lo dejaron marcado para siempre. Eso fue lo peor de su infancia.

A los 17 años empezó a rodearse de personas de mal vivir, drogadictos y delincuentes vinculados con secuestros y asesinatos. Los lazos amicales con estos individuos pronto lo enredaron en el mundo de ellos.

Pese a la vida tan desordenada que llevaba, contrajo nupcias a los 19 años a causa del embarazo prematuro de su pareja, pero el matrimonio no logró ningún cambio positivo en él; por el contrario, empezó a maltratar a su nueva familia. Las infidelidades eran constantes y la vida en el matrimonio resultaba cada vez más complicada.

Mauricio no podía alejarse de la vida delictiva que llevaba. A pesar de no sufrir necesidades económicas, ansiaba tener más dinero para gastarlo en mujeres y en alcohol. Esos vicios eran su motivo para vivir.

Asaltar almacenes era uno de los actos más comunes para él. Mientras alguno de sus cómplices distraía a los vendedores del lugar, otros se encargaban de ingresar cuidadosamente y sustraer todo lo que podían. Así fue como los robos y atracos se volvieron su modo de obtener dinero, que luego despilfarraría en sus vicios. Felizmente, nunca segó la vida de persona alguna en esos asaltos.

La persecución

Un 23 de diciembre, Mauricio se encontraba con su familia cuando un tipo intentó acariciar el rostro de su joven esposa. Antes de que pudiera reaccionar, sus compañeros decidieron darle al atrevido una lección mortal. Lo llevaron con engaños a una fiesta en un lugar donde tenían escondida una gran cantidad de armas de fuego. La finalidad de este plan era matarlo, pero, cuando llegaron al lugar, el sujeto fugó.

Olvidaron el incidente y decidieron continuar con la fiesta, pero en la madrugada llegó la Policía. Sorprendidos y desesperados, escondieron las armas donde pudieron, tanto así que unas granadas de fragmentación fueron ocultadas en el coche de la hija de Mauricio. Su rápida reacción, felizmente, les permitió salir de la situación sin levantar sospechas.

A los pocos días, surgieron graves problemas para Mauricio, quien no sabía que las armas habían sido robadas a una poderosa banda del sur de Medellín, traficantes de drogas y protagonistas de numerosos actos criminales. Este cártel lo sindicó como el autor del robo y empezó una persecución.

En el intento de encontrarlo, mataron a uno de sus primos, como advertencia de lo que eran capaces. En el lugar del crimen se halló una boleta que decía: “Este es el primer muerto en venganza”.

La búsqueda continuó por varios meses y Mauricio tuvo que ocultarse en diversos lugares, lo que lo alejó de su familia. Cuando se enteró que la búsqueda había cambiado de blanco, sintió verdadero miedo. ¡Su esposa sería la próxima víctima!

Ante la nueva amenaza, decidió que la única forma de librarse de los sicarios que lo perseguían era viajar a otra ciudad de Colombia, así que junto con su familia enrumbó a Cali, otro lugar donde la violencia imperaba en las calles.

El cártel de Cali fue una organización criminal dedicada al tráfico de cocaína que alcanzó su auge en la década de 1990 y era el principal rival del despiadado cártel de Medellín. Álvarez Gómez tenía conocidos en el grupo caleño que podían ayudarlo y ubicarlo en un lugar para que trabajara y sostuviera a su familia. Fue en 1993 cuando Mauricio ingresó a este cártel. Con el fin de no involucrarse tanto en las actividades ilícitas, se dedicó a cumplir labores de asistente en la seguridad de los laboratorios donde se preparaba la droga y en las oficinas distribuidoras. Trabajar en el cártel de Cali no era el plan que tenía para su vida, pero no le quedaba más alternativa.

Cierto día fue invitado a una fiesta organizada para todo el cártel y con el propósito de asistir dejó a su familia en un lugar pequeño, sin comida y sin dinero, olvidando por completo lo peligroso que esto podía ser.

La fiesta duró tres días, en los que abundaron droga, licor y mujeres. El hombre estaba tan intoxicado que no se daba cuenta de sus acciones. Cuando llegó a su casa, su esposa intentó reclamarle el abandono que había sufrido, pero él estaba tan fuera de sí que terminó agrediéndola.

Le propinó muchos golpes a su esposa y en medio del escándalo rompió los vidrios de una ventana. Algunos fragmentos cortantes dañaron a su hija, de tan solo 6 meses de nacida. El dueño del alojamiento reaccionó ante tanta violencia y despidió a toda la familia, que no tuvo otra opción que salir esa misma mañana a buscar un lugar donde vivir.

 

La conversión

Es así como llegaron a la casa de una joven cristiana que aceptó rentarles una vivienda. El comportamiento de la muchacha les pareció extraño a Mauricio y su esposa, ya que solían encontrarla llorando en una habitación de la casa. No entendían que eran sus momentos de oración y clamor a Dios.

Fue precisamente la joven cristiana quien llevó a los caminos del Señor a la esposa de Mauricio. Cada vez que podía le hablaba de Dios y le aconsejaba que solo escuchando la Palabra saldría de esa dura etapa de su existencia.

La esposa se convirtió al poco tiempo, pero Álvarez siguió cerrando su corazón. Se enojaba cada vez que mencionaban a Dios y no permitía que le hablaran del Evangelio. Hasta que llegó el día del incidente con la moto.

Esa mañana, su mujer le dijo: “Flaco, cúbrase con la sangre de Cristo”. Él se enojó, la trató mal y respondió: “¿Cuál sangre de Cristo? ¡A mí no me diga esas cosas!”. Y se marchó a trabajar, montado en la bicicleta, sin saber que aquella misma noche cambiaría su vida.

Así fue como entregó su vida a Cristo y llegó la felicidad a su hogar. Querer servir a Dios en el lugar donde había nacido sería uno de los propósitos de su nueva vida, pero conocía los impedimentos. Seis meses después de su conversión, le llegó una carta; uno de los enemigos que lo perseguían le escribió. Le pedía perdón y le contaba que también había recibido a Dios. Así pudo llegar en paz al barrio de donde salió huyendo tiempo atrás.

Mauricio Álvarez Gómez es ahora un fiel servidor de Cristo y pastorea en la ciudad de Medellín, junto con su esposa y sus dos hijos, para que más personas le abran su corazón al Señor, al igual que él.

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