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03 de Agosto del 2017

El miedo al colapso financiero

¿Se llena usted de terror cuando piensa en su futuro financiero?; cuando piensa en ese asunto, ¿se le acelera el corazón y le sudan las manos? ¿Cómo enfrentamos el temor hostigoso de que se nos acabe el dinero o que cuando ya seamos viejos no tengamos suficientes recursos para atendernos nosotros mismos? ¡Usted no está solo!

  • El miedo al colapso financiero

David Jeremiah

Etelda López trabajó toda su vida, planeó bien su jubilación y el cheque de su pensión llegaba cada mes. Cierto mes, el cheque no llegó. Una firma de contabilidad administraba su inversión, pero a la compañía no se le podía encontrar en ninguna parte. Ella había trabajado para una empresa telefónica gigantesca por tres décadas, había pagado las primas del plan todos esos años, y ahora no tenía ni idea de dónde estaba su dinero. Ni siquiera pudo continuar pagando su hipoteca. Así que hizo muchas llamadas telefónicas, a cualquiera y quienquiera que pudiera arrojar alguna luz sobre su situación. De nada sirvió, su dinero se había esfumado. De la noche a la mañana se encontró en la indigencia y por las noches lloraba hasta quedarse dormida.

El colapso financiero ha infligido inmensurable tristeza y sufrimiento, y hay un increíble número de personas con el corazón destrozado. Cuando hemos perdido nuestras posesiones y el concepto de seguridad financiera se ha esfumado y no nos queda nada, ¿adónde acudimos? ¿Tiene Dios algo que decirnos? Por supuesto, sabemos que Él lo tiene.

Sobre las cenizas

William Carey, el padre de las misiones modernas, había establecido una imprenta grande en la India, donde trabajó por años traduciendo la Biblia a muchos de los idiomas de ese país. El 11 de marzo de 1812, Carey viajó a otra ciudad. Su asociado, William Works, estaba trabajando tarde, cuando de repente olió el humo y notó nubes negras que salían de la imprenta, gritó pidiendo ayuda e hicieron todo lo que pudieron para salvar el establecimiento, pero de nada sirvió, todo quedó destruido.

Al día siguiente, Josué Marshman entró en el salón de clase de Calcuta, en donde William Carey estaba enseñando, puso una mano sobre el hombro de su amigo y le dijo: “No puedo pensar en una manera más suave para darte las noticias, la imprenta quedó reducida a cenizas anoche”.

Había desaparecido el masivo trabajo de traducción que Carey había hecho por cerca de veinte años: un diccionario, dos gramáticas, versiones completas de la Biblia; también desaparecieron tipos en 14 lenguajes orientales, 1200 resmas de papel, 55 000 páginas impresas, y 30 páginas de su diccionario bengalí. El trabajo de toda una vida quedó hecho cenizas.

William Carey, ante todos los imponderables que sufría, sabía que el Señor estaba con él. No sabía ni cómo ni por qué, pero confiaba en Dios, que de alguna manera daría bendición incluso a la ceniza de sus sueños.

Las noticias del incendio se hicieron conocidas, el dinero empezó a llegar a la Fundación Carey, voluntarios se ofrecieron para ayudar, la imprenta fue reconstruida en cuestión de meses y la hicieron más grande. En 1813, apenas un año más tarde, se imprimieron Biblias completas, Nuevos Testamentos o libros separados de la Biblia salieron de la imprenta en ese nuevo establecimiento, y en 44 idiomas y dialectos diferentes. Fue belleza que brotó del incendio.

Superando la crisis

Hace como 200 años, Estados Unidos de América atravesaba otro trastorno económico, el pánico financiero de 1837. Henry Warner vivía con sus hijas Anna y Susan en una mansión de tesoros de arte, muebles de primera clase y todo un ejército de criados; estaban en la cúspide del mundo de las riquezas.

Entonces, llegó la recesión, la bolsa de valores quebró y arrastró consigo todas las inversiones de Warner; la familia lo perdió todo, quedó profundamente endeudada y tuvo que mudarse a una vieja casa.

El colapso financiero de Warner lo devastó emocionalmente; en realidad, nunca se recuperó. Sus hijas, acostumbradas a fiestas de lujo, al mundo social, ahora se daban cuenta de que tenían que hacer algo, simplemente para ver si podían mantener a la familia; no tenían mucho talento, pero algo que sí sabían hacer era escribir.

Escribieron algunas cosas y trataron de hallar a alguien que las publicara, y a la larga una editorial aceptó la novela El mundo amplio, de Susan Warner. El éxito empezó a llegar y las dos hermanas acabaron escribiendo más de cien obras, todas levantadas sobre el cimiento del Evangelio.

Uno de los libros contiene un breve poema que Anna había entretejido en el relato, ese breve poema empieza con las palabras: “Cristo me ama, bien lo sé”. Un compositor le añadió música, y ahora esta canción la entona todo el mundo; incontables millones de niños han encontrado a Dios por primera vez gracias a ese breve canto. Es tan especial esta canción que en 1943, cuando la torpedera de John F. Kennedy fue hundida en las islas Salomón, los isleños y marineros estadounidenses cantaban “Cristo me ama” al rescatar a los sobrevivientes.

La Biblia nos dice que confiemos en el Señor, que hagamos el bien, que nos mantengamos en su fidelidad, que nos deleitemos en Dios, que encomendemos nuestro camino al Señor, y que esperemos en Él.

(Recuadro)

La fe en el Señor

Decida confiar

“Confía en Jehová...” (Sal. 37:3). Si pone su confianza en lo que ha podido amasar como fruto de su trabajo, nunca va a sentir gran seguridad, porque si lo pone en el banco, qué tal si el banco quiebra; si lo convierte en oro y lo pone en su caja de seguridad, qué tal si alguien se lo roba. ¿Hacia dónde nos dirigimos financieramente?, ¿acaso la inflación va a desbocarse? No lo sé. Yo no pongo mi confianza en ninguna de esas cosas, yo pongo mi confianza en Dios, Él no fallará. La Biblia dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Honre al Señor

“Confía en Jehová, y haz el bien…” (Sal. 37:3). 1 Timoteo 6:17-19, nos dice: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos… que echen mano de la vida eterna.” Qué increíble manera de lidiar con la vida que enfrentamos hoy: Confía en Dios y haz el bien.

Fidelidad al Señor

“… y te apacentarás de la verdad” (Sal. 37:3). Cuando se confía en Dios y se hace el bien, entonces uno se llena con la verdad de la fidelidad de Dios, que es como memorizar versículos bíblicos y poner esa verdad en el computador espiritual; se desarrolla una especie de personalidad con teflón espiritual, de modo que las cosas malas simplemente resbalan sobre uno.

Deléitese en el Señor

“Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón” (Sal. 37:4). Podemos estar enfrentando pérdidas y opresión, pero siempre podemos hallar nuestro deleite en el Señor. Ahora bien, este versículo trae una promesa: “… y Él te concederá las peticiones de tu corazón.” Uno nunca va a pedirle algo que no coincida con lo que Él es. Si verdaderamente nos deleitamos en el Señor, podemos pedirle lo que queramos y Él le dará los deseos del corazón.

Dedíquese al Señor

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará.” (Sal. 37:5). Podemos echar sobre Él nuestras cargas, podemos darle nuestra vida sin temor a lo que pueda suceder. Si dedica su vida al Señor, cuando venga la pérdida, Él estará allí para ayudarle y darle sentido en esa vida hoy.

No se altere

“Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino…” (Sal. 37:7). La Biblia dice: “No te alteres”. La palabra que se traduce alteres tiene dos significados diferentes. La palabra alteres quiere decir roer, como una rata que roe una cuerda o algo; el otro significado es tener un fogonazo explosivo de una llama. Así es la ansiedad, es como tener algo que lo corroe a uno por dentro, es como tener algo que arde por dentro. Porque si usted se afana al respecto, eso no va a cambiar nada, lo que va a hacer es arruinarlo. No sabemos qué resultará, simplemente sabemos que servimos a un Dios que es justo y recto.

Esperar en el Señor

“… y espera en Él.” (Sal. 37:7). Esperar es lo que sucede entre la promesa y el cumplimiento. Esperar edifica nuestra fe, esperar nos recuerda que Dios no vive según nuestro horario, nosotros vivimos según el suyo, y si aprendemos a esperar veremos que Dios hace grandes cosas.

(Ampliados)

Cuando hemos perdido nuestras posesiones y el concepto de seguridad financiera se ha esfumado y no nos queda nada, ¿adónde acudimos? ¿Tiene Dios algo que decirnos? Por supuesto, sabemos que Él lo tiene.

En 1813, apenas un año más tarde, se imprimieron Biblias completas, Nuevos Testamentos o libros separados de la Biblia salieron de la imprenta en ese nuevo establecimiento, y en 44 idiomas y dialectos diferentes. Fue belleza que brotó del incendio.

La Biblia nos dice que confiemos en el Señor, que hagamos el bien, que nos mantengamos en su fidelidad, que nos deleitemos en Dios, que encomendemos nuestro camino al Señor, y que esperemos en Él.

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