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02 de Enero del 2018

Valter y su pacto con Dios

DESPUÉS de ganar un reconocido premio en Italia como disc jockey y de tener mucho dinero, Clementi Valter Francesco quedó en bancarrota. Perseguido, triste, acongojado por las deudas y con una familia destruida, pensó en matarse. Sin embargo, la misericordia de Dios lo alcanzó a tiempo.

  • Valter y su pacto con Dios

En 1986, una dura realidad abrumó a Clementi Valter Francesco. Después de haber tenido una infancia sin problemas y provista de comodidades gracias a los negocios de sus padres, una grave crisis afectó su vida y los dejó en la ruina. Su padre tuvo poca suerte en el trabajo, perdió hasta la casa y la familia quedó en la calle.

Debido a esta situación, el joven de 17 años salió a buscar empleo para ayudar a sus padres y su hermana. Por aquella época frecuentaba una discoteca, en la que le propusieron un contrato formal que sería el inicio de una etapa que le traería más desgracias.

Dejó de estudiar y se dedicó solo a trabajar para ayudar en su hogar. Pensaba que al menos su hermana Mónica tendría la oportunidad de ser alguien mejor. Un año más tarde fue llamado al servicio militar y, de vuelta a casa, encontró que las cosas habían mejorado de cierto modo.

PASIÓN POR LA MÚSICA

Su padre consiguió al fin un trabajo y se cambiaron de casa porque en la que vivían padecieron penurias y frío durante el invierno. Su madre estaba más contenta, pero su hermana abandonó el hogar, cansada de vivir en la miseria. Francesco volvió a las discotecas y descubrió su pasión por la música.

A partir de entonces comenzó a laborar como disc jockey; así, gracias a su talento y popularidad, trabajó en las discotecas más reconocidas de Venecia, en Lombardía. En 1997, a los 28 años, ganó un premio importante en Italia, el Music Grammy Awards, como productor destacado en disco dance.

Si bien el reconocimiento trajo felicidad a su corazón, en el fondo sentía que no era suficiente. En el 2001, conoció a Leida de la Cruz, quien después de haber sufrido muchas decepciones en su país migro a Italia con sus dos hijos en busca de un futuro mejor. Walter la amó desde el primer momento en que la vio, pero su familia se opuso a la relación por la situación de la mujer.

Producto de esa relación, en 2003 nació Leonardo, quien sufría de asma crónica debido a que fue un bebé prematuro; la enfermedad del niño sensibilizó a la familia. Ella se ganó el respeto de los parientes de su esposo y al fin la aceptaron.

RUINA INESPERADA

Más tarde, en el 2004, Walter optó por cambiar de vida; entonces se olvidó de su actividad musical y descubrió nuevos caminos. Abrió su propio negocio, una agencia organizadora de eventos, y más adelante una fábrica en la que se elaboraban productos para espectáculos.

Sus artículos eran los más vendidos en el norte de Italia y la fama lo convirtió en una persona orgullosa de sí misma. Hasta que en el 2010 las cosas comenzaron a cambiar para mal. Sus clientes lo abandonaron, se llenó de innumerables deudas y sufrió constantes amenazas. Valter no podía creer lo que le estaba pasando. ¿Cómo era posible que decenas de sus clientes desaparecieran y ya no contaran con él? Su vida era un caos.

Vivía en la angustia. La frustración lo llenó de furia contra sus seres queridos, se hundió en el consumo de la marihuana y el alcohol, la gente lo insultaba, no podía salir de casa por temor a una represalia, sentía que no se soportaba a sí mismo y su familia no lo aguantaba más. En su desgracia, solo una voz hacía eco en su mente: “¡Mátate! ¡Mátate! ¡No sirves para nada!”, le decía constantemente. Pensó que tal vez era la mejor solución.

EL MILAGRO DE DIOS

Tres años atrás, su esposa Leida, quien apenas podía caminar debido a una enfermedad en la pierna, conoció la Iglesia del Movimiento Misionero Mundial en Conegliano. Asistió y comenzó a seguir Bethel Televisión por canal satelital. A partir de entonces, los coros y las prédicas se escuchaban en casa, pero con la oposición de Valter, quien sentía fastidio al escuchar la Palabra de Dios.

El 5 de junio del 2010 por fin se casó con Leida. Ella le había hecho una petición especial, pues no podía bautizarse en la Iglesia evangélica si no era casada. Un mes después, la acompañó a regañadientes a su bautismo. En esos días de campamento, a pesar de que Valter no salía de la carpa, la

Palabra de Dios tocaba su corazón, aunque no quería aceptarlo. Observó a su esposa descender a las aguas con dificultad, aquejada por su enfermedad. Los doctores le habían diagnosticado un desgaste en el cartílago de la rodilla, razón por la cual era probable que quedara en una silla de ruedas. Al salir de las aguas bautismales, para sorpresa de todos, ella caminó con normalidad. Su fe la había sanado; era un milagro que no podía creer. De regreso a casa, un automóvil los embistió.

Afortunadamente, salieron ilesos. Dios seguía obrando en ellos. En los meses siguientes, en algunas oportunidades, Valter acompañaba a su esposa a la iglesia y ahí se preguntaba por qué Dios permitía que pasara por tantas penurias. Las deudas eran cada vez mayores y parecía que no tenía salida.

UN TRATO DEL SEÑOR

Por las noches era imposible dormir con tantos problemas, así que empezó a hablar con el Señor sin que lo supiera su esposa porque se sentía avergonzado. Más tarde, comenzó a leer el libro de doctrina y, para su mayor entendimiento, lo tradujo al español.

Un domingo acompañó a su esposa a la iglesia para cambiar la tierra de las plantas. Cuando llegaron, no había nadie en el templo. Se sentó en una silla y Leida fue a realizar su trabajo. De repente, sintió una angustia y comenzó a contarle a Dios todos sus problemas; en seguida, una fuerza dulce pero firme le tocó la espalda y lo obligó a arrodillarse.

Postrado, comenzó a llorar como un niño. Semanas después, en septiembre de 2011, Valter llegó sumamente débil al hospital: había sufrido un infarto. En ese momento pensó que Dios le estaba dando una oportunidad y que era el momento de tomar una decisión importante en su vida.

UN PACTO CON DIOS

En el hospital tuvo mucho tiempo para pensar, así que esta vez hizo una poderosa oración de fe: “Señor, tal vez yo no conozco nada de la Biblia y lo poco que sé lo he oído en la televisión, pero una cosa sí sé, que así como tú hiciste pacto con tu pueblo para bendecirlo, puedes hacer un pacto conmigo.

Te entrego mi vida, mis problemas, mis deudas y a cambio prometo servirte siendo fiel a donde tú me mandes”. A partir de entonces, Valter estuvo a disposición del Señor. Su carácter cambió por completo, era libre de andar por las calles y

Dios se encargó de sus problemas. Poco a poco se fueron saldando sus deudas y quedó limpio por la gracia del Señor. En el 2012 se bautizó, y a pesar de que su hijo tuvo fiebre alta ese mismo día, Dios lo sanó para la gloria de su nombre.

Poco tiempo después, algo extraño le ocurrió a su hijo, que era asmático y no podía realizar actividades físicas. De un momento a otro empezó a actuar como un niño normal. Incontables habían sido las veces que tuvo que llevarlo de urgencia al hospital por las crisis agudas que sufría, pero ahora jugaba, saltaba, sudaba y no evidenciaba ningún síntoma.

Un mes después, los padres del niño le comunicaron a la iglesia la sanación divina de Leonardo. Estaba curado, su familia era libre por la sangre de Cristo y la misericordia de Dios. Ahora, Valter y su hogar le sirven al Señor con todo su corazón, apoyan la Obra que los vio nacer y son pastores en una iglesia de Venecia

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