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05 de Marzo del 2018

"La Ideología de Género Corroe Libertades"

EL escritor argentino Agustín Laje se ha convertido en el azote feroz de la izquierda y de aquellos que propulsan la llamada “ideología de género”. Su discurso pone en jaque los postulados de las feministas, los proabortistas
y los denominados “progres”. Es un gran defensor de la vida y de la familia.

  • "La Ideología de Género Corroe Libertades"

La obra de Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda, escrita con Nicolás Márquez, ya va por su duodécima edición impresa en Argentina. En ella desmantela los argumentos de quienes se consideran adalides de la libertad, lo que le ha colocado en el blanco de las críticas de la izquierda feminista más radical.

Hace unas semanas dio una entrevista a la periodista española Miriam Calderón y fue publicada en la página web Actuall, en la que aborda los temas polémicos que le han dado fama internacional. Aquí extractos de la conversación.

¿Cuáles son las consecuencias de que en muchos países de América y Europa se esté imponiendo la ideología de género?

Son enormes y abarcan muchos campos distintos. [...] La ideología de género corroe libertades políticas por medio de mecanismos como las “cuotas”; libertad de opinión, bajo la creciente penalización de discursos políticamente incorrectos; libertad de conciencia, por medio de leyes que penalizan, como en Canadá́, expresar ciertas creencias religiosas que molestan a “minorías sexuales”; libertades económicas, en la medida en que cada vez hay más casos de comercios multados por razones de género, como las pastelerías de Colorado y Oregón que fueron penalizadas por no hacer un pastel para una boda homosexual; libertades educacionales, en tanto que los padres y madres están perdiendo toda la soberanía educacional sobre su familia, etcétera.

Si vemos bien, estas libertades se van perdiendo por un discurso que ha capturado al Estado, lo ha inflado en cuanto a sus campos de acción, y utiliza su poder de policía para imponerse sobre la sociedad civil.

Si desde el colegio se les educa a los niños en esta dirección, ¿qué re- percusiones puede tener a la larga?

El colegio es una de las instituciones de socialización más importantes de la sociedad moderna. Los chicos pasan incluso más tiempo activo en el colegio que en sus propias casas. Desde la izquierda, pensadores como Gramsci y luego Althusser vieron muy bien esto. Parafraseando a este último, no hay ningún “aparato ideológico del Esta- do” que mantenga a una audiencia obligatoria durante tantas horas por días, tantos días por semana, tantos meses por año y tantos años en una vida.

En efecto, agrego yo, el colegio es el motor de toda ingeniería social: modificar radicalmente al hombre, como la ideología de género pretende, no es algo que pueda hacerse tan fácilmente con generaciones socializadas en otros contextos, pero sí es posible con mentes vírgenes que se someten a relaciones de poder que ni siquiera están capacitadas para comprender. Es de una violencia inconmensurable. No me atrevo ni a imaginar las repercusiones de largo plazo.

¿Por qué cree que el feminismo no busca promover la igualdad entre hombre y mujer?

Porque ningún discurso basado en el odio hacia una de las partes puede buscar igualdad alguna. Y el feminismo actual está más articulado por el odio al hombre que por el amor a la mujer. Basta con leer a sus teóricas contemporáneas para entender que el actual feminismo percibe su lucha política no tanto como política, sino como guerra.

En la política los adversarios deben todavía convivir en la disidencia; en la guerra los enemigos están dispuestos a la aniquilación mutua. Y esta última es la mentalidad que predomina y que a veces sale a la luz con mucha claridad, como cuando el pasado 29 de diciembre la feminista Emily McCombs llamó a “organizarse para matar a todos los hombres” como deseo de Año Nuevo, o cuando la cofundadora de Justice for Women, Julie Bindel, hace no mucho, dijo en un reportaje que ella esperaba que algún día los hombres fueran encerrados en campos de concentración.

No se trata de excepciones: es un discurso predominante que, por razones estratégicas, trata de mantenerse moderado, pero a veces no se puede contener y desborda.

Usted ha afirmado que cierto feminismo “está apoyando la causa pedófila”, ¿puede explicar esa afirmación?

Si la ideología de género (producto del feminismo de género) se basa en que lo re- levante de la sexualidad pasa a ser la cultura y, si la “liberación de las cadenas del género” pasa a ser la autopercepción, entonces estamos bajo el yugo de una ideología que hace depender la sexualidad de un subjetivismo absoluto.

En este contexto, la posibilidad de reivindicar incluso la pedofilia está inscripta en la misma lógica de la ideología de género. Si lo relevante para la sexualidad no es la naturaleza sino la cultura, entonces la sexualidad humana carece de todo límite, porque es la naturaleza la que nos limita objetivamente; los límites culturales son por definición construcciones históricas que bien pueden esfumarse.

Así las cosas, los grupos pedófilos hoy buscan legitimarse por medio de la ideología de género. Si la orientación y la identidad sexual dependen de la autopercepción, ¿por qué habríamos de prohibirle a un hombre mayor que se autoperciba como un niño y actúe en consecuencia? Esto por desgracia no es una hipótesis, ya hay casos en Canadá.

También podemos analizar el discurso de sitios web como el de la NAMBLA, una internacional pedófila con sede en los Estados Unidos. Es impresionante ver cómo utilizan los argumentos de la ideología de género para su propia causa: parecen hechos a medida.

No es casualidad entonces que encontremos la existencia de movimientos feministas en Holanda que pidieron y firmaron solicitudes en favor de la legalización de la pedofilia. En España, activistas feministas de renombre como Lola Pérez han reivindicado la pedofilia en numerosas ocasiones. En Argentina tuvimos el caso de Jorge Corsi, un “psicólogo feminista” que fue tal vez el más importante ideólogo local del género, está preso por pedófilo. En Alemania, el Partido Verde apoyó la pedofilia.

¿A qué se re ere cuando habla de la “nueva izquierda”? y ¿qué busca?

La “nueva izquierda” es la forma que adoptó la vieja izquierda para sobrevivir a las condiciones de crisis teóricas, prácticas y estratégicas que sufrió durante la segunda mitad del siglo XX.

Se trata de una izquierda culturalista, que desplaza el problema de las clases en favor de los problemas de “las minorías”: un concepto mucho más amplio que le permite una mayor flexibilidad ideológica y una adecuación más fácil a contextos disímiles.

Asimismo, es una izquierda que no busca hacer ninguna revolución armada, como se intentó en el siglo XX: la nueva estrategia es de lucha cultural, es decir, lucha gradual, subterránea, difícil de percibir, que se des- envuelve no en espacios de combate arma- do, como los montes o las selvas de otrora, sino en universidades, escuelas y medios de comunicación.

En resumidas cuentas, antes la izquierda buscaba destruir un sistema económico específico, porque pensaba que esta era la ver- dadera forma de hacer una revolución. La nueva izquierda se dio cuenta de que es más factible y seguro (para ellos) destruir una cultura primero, y que el resto luego se verá.

En apenas 48 horas recibió decenas de amenazas de muerte después de publicar un video en el que resumía la historia del feminismo. Con motivo del Orgullo Gay, Facebook llegó a suspenderle la cuenta por miedo a la furia de algunas de sus enemigas... ¿Qué le diría a sus de- tractores?

Que cada vez que hacen eso sencillamente confirman mis tesis. Brindan de forma gratuita elementos tanto a mí como a mis lectores para comprobar, de forma directa, que lo que escribo no me lo invento. Y que, como decía Voltaire, para saber quién gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quién no estás autorizado a criticar.

Lo que sucede es que la ideología de género no es un “enfoque” ni una “perspectiva”; mucho menos se trata de una “invitación”, una “oferta” o un “tema por debatir”; la ideología de género es una imposición que se ha decidido a espaldas de la gente sin que nadie haya podido discutirlo de verdad.

Usted afirma que el n de la izquierda es atacar a la familia y que, destruyéndola, se consigue un Estado total. ¿Por qué?

Es, efectivamente, uno de los fines de la nueva izquierda porque la familia es una institución que transmite tradición. Y la revolución cultural es, por definición, una revolución contra una tradición; por eso es, precisamente, revolución.

En la familia se socializan durante sus primeros años las nuevas generaciones. La Escuela de Fráncfort, en sus “Estudios sobre la autoridad y la familia”, a mediados de los años 30, ya reparaba sobre el freno que significaba la familia para una revolución izquierdista. Familias destrozadas son funcionales al desgarramiento de una tradición; el desgarramiento de una tradición, por su parte, simplifica la ingeniería social; la simplificación de la ingeniería social consolida la revolución cultural. Y sin familia, finalmente, no tenemos nada que intermedie entre la sociedad y el Estado.

Los abortistas intentan convencer por medio del lenguaje que el aborto es un derecho, ¿cómo des- monta usted este postulado?

Nadie tiene el derecho de asesinar a un ser humano inocente. Ninguna sociedad es posible donde este derecho no se reconoce, expresa o implícitamente. Se dirá, no

obstante, que aquello que se hospeda en el vientre materno durante nueve meses, al ser “parte del cuerpo de la madre”, depende entonces del derecho de ella misma a decidir sobre su propio cuerpo.

Craso error: no la Iglesia, no una encíclica, no una bula papal, sino la propia ciencia ha demostrado que “aquello” no es “parte” del cuerpo de la mujer, sino que tiene una carga genética única e irrepetible: es un ser humano que, como cualquier otro ser hu- mano, necesita pasar esos nueve meses en el vientre materno como parte de su ciclo vital.

¿Cómo explicaría a otra persona que el llamado “matrimonio homosexual” no es un derecho humano?

[Haciéndole entender] que lo que se ha hecho con los “derechos humanos” ha sido una atrocidad. Los derechos humanos son en el derecho como la inflación en la economía. En esta última, a medida que imprimimos moneda sin respaldo, el valor de nuestro dinero se pierde. Con los derechos humanos pasa algo muy similar: a medida que se inventan más y más derechos humanos –porque no son más que eso: un invento acorazado con coerción–, los derechos que teníamos van perdiendo valor por algo que podríamos llamar “inflación de derechos”. Si todo es “derecho humano”, nada es derecho humano.

Hablar de “matrimonio homosexual” es hablar de una contradicción en sus términos. La institución matrimonial expresa su significado en su propio significante cosa que no todos los significantes logran; “matrimonio” viene de matriz, es decir, de la idea de útero materno; viene de maternidad.

El matrimonio es la unión humana afectiva y dotada de cierta estabilidad por medio de la cual existe la potencialidad de la maternidad. Digo “potencialidad” porque existen matrimonios que por distintas circunstancias no pueden o no quieren tener hijos, pero eso no invalida la potencialidad inherente a la naturaleza del vínculo en cuanto tal. Luego, “matrimonio homo- sexual” es cosa imposible, porque ninguna potencialidad existe entre personas del mismo sexo de traer a la sociedad nuevas generaciones de seres humanos.

 

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