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06 de Abril del 2018

Cuando el sueño del rey se fue

“Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y que las leyeran en su presencia” Ester 6:1.

  • Cuando el sueño del rey se fue

Por Rev. José A. Soto Benavides

Cuando la reina Vasti decidió no presentarse al banquete real desafiando la orden del rey Asuero, esta acción trajo su destitución inmediata. Dios tomó la decisión de poner en el trono a una joven que no declaró su nacionalidad, pero que era judía. Dios introdujo a Ester en el palacio de Asuero usando su belleza, su donaire, para ubicarla en el centro del imperio persa. ¡Dios sabe lo que hace!

En medio de la bendición de Dios, se levantó alguien como Amán. Este sujeto empezó a ascender en el reino. Fue nombrado visir, cargo de gran importancia. Pero lo más glorioso es que antes de que este hombre ascendiera a esa posición, ya Dios había colocado a Ester en el trono real.

Amán se enalteció y cada vez que estaba en algún vestíbulo del palacio la gente debía arrodillarse delante de él. Pero Mardoqueo, padre adoptivo de Ester, “ni se arrodillaba ni se humillaba ante Amán” (Est. 3:2). Amán se enfureció y decidió matar a Mardoqueo y a todo el pueblo judío. Amán fue donde el rey y le dijo que existía un pueblo, diseminado en su reino, que era improductivo y que no merecía vivir. Ofreció pagar diez mil talentos de plata para destruir a los judíos. El rey, que nada sabía sobre este pueblo ni tampoco le importaba, le respondió: “La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere” (Est. 3:11).

Amán envió un anuncio por todo el imperio en distintos idiomas: que en cierta fecha todo el pueblo de Israel fuera exterminado, destruido, y sus propiedades expropiadas. Era una orden irrevocable, la sentencia se tenía que cumplir (Est. 3:15). Fue en este momento de angustia, desesperación y dolor que Dios hizo que al rey se le quitara el sueño.

A este rey persa se le fue el sueño, pero esto no fue casualidad. Una inquietud por leer las crónicas de su pueblo fue naciendo en su mente; las crónicas eran el registro en que se anotaban los eventos importantes del reino. Este sentir lo puso Dios en el corazón del rey Asuero. Hasta esa noche el rey no se había mostrado interesado, ni se había preocupado por la vida del pueblo de Dios.

“Entonces hallaron escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, que habían procurado poner mano en el rey Asuero” (Est. 6:2). Al preguntar el rey Asuero si se había recompensado a Mardoqueo por su acto, le contestaron que nada se había hecho. En ese preciso momento llegaba Amán al palacio, el rey lo convocó y le hizo una pregunta: “¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey honrar más que a mí?” (Est. 6:6).

Pensando que el rey hablaba de él, Amán pidió la honra máxima que se le podía dar a alguien en el reino persa. “Y respondió Amán al rey: Para el varón cuya honra desea el rey, traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey” (Est. 6:7-9).

“Entonces el rey dijo a Amán: Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho” (Est. 6:10). Amán había llegado para colgar a Mardoqueo en una horca de 25 metros de alto, pero el rey le dijo a Amán que fuera donde estaba Mardoqueo e hiciera con él todo lo que había dicho. ¡Amán tuvo que pregonar por toda la ciudad que Mardoqueo era el hombre más honrado por el rey! Cuando Amán regresó a su casa, avergonzado por este episodio, sus sabios y su esposa le dijeron: “Si de la descendencia de los judíos es este Mardoqueo delante de quien has empezado a caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él” (Est. 6:13).

La trama asesina de Amán contra Mardoqueo y el pueblo judío estaba siendo contrarrestada por el Señor por medio de Ester. Aunque para acceder al rey era necesaria su invitación bajo pena de muerte, Ester recurrió a la oración y al ayuno, y Dios le dio gracia ante los ojos de Asuero, el cual le dijo: “¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará” (Est. 5:3). Ester le rogó que fuese a un banquete que ella le había preparado; cuando llegó Asuero le volvió a manifestar: “¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida” (Est. 5:6). Ella le pidió que viniera junto a Amán a otro banquete.

En este nuevo banquete el rey volvió a insistirle a Ester sobre lo que ella deseaba, finalmente ella le pidió que su vida fuese preservada, ya que junto a su pueblo había sido condenada a la exterminación. Estas palabras enojaron terriblemente al rey. “Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán…” (Est. 7:5-6).

Encendido en ira, el rey salió al huerto, mientras tanto Amán se postró ante Ester para rogarle que perdonara su vida; al entrar Asuero y viéndolo recostado sobre el lecho de la reina gritó indignado: “¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa?” (Ester 7:8). Los guardias del rey le cubrieron la cabeza a Amán; lo sacaron y lo colgaron en la misma horca que había preparado para Mardoqueo. ¡Cuando el sueño se va, se desencadena un proceso de triunfo y de victoria para el pueblo de Dios!

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