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04 de Mayo del 2018

MLK, un hombre de fe

Han pasado 50 años del asesinato de Martin Luther King Jr., el pastor bautista que lideró la lucha pacífica por los derechos civiles en Estados Unidos y logró una transformación social con el respaldo de su formación cristiana.

  • MLK, un hombre de fe

El nombre de King se hizo conocido a raíz del boicot que organizó, junto con otros líderes y pastores, cuando Rosa Parks fue arrestada por haber desafiado las leyes segregacionistas de la ciudad de Montgomery, al negarse a ceder su asiento a un hombre blanco. King fue arrestado también, pero gracias a la persistencia del movimiento consiguieron su primer triunfo político: la Corte Suprema declaró ilegal la segregación en autobuses, escuelas, restaurantes y otros lugares públicos poco más de un año después.

“Las libertades que se desarrollaron fueron impulsadas desde la sociedad civil y desde personas individuales”, recuerda el politólogo y médico Xesús Manuel Suárez, de la Alianza Evangélica Española. “Y se basaban en la dignidad de la persona, en conceptos genuinamente cristianos, como es el hecho de que todos somos iguales ante los ojos de Dios”.

ACTIVISMO SOCIAL

MLK fue formado en la “teología liberal blanca” –explica el teólogo y periodista José de Segovia–, con énfasis en el activismo social, más allá de lo que se entiende como un cristianismo ortodoxo. “Pero en sus momentos de crisis en su lucha social siempre volvía a la fe ortodoxa evangélica”, y era un buscador de reencuentros con la fe que vivió de niño, “conviviendo en tensión ambas experiencias, la intelectual o racional, que duda, y la vivencial, que quiere arraigarse en lo básico de la fe cristiana en Jesús”.

Esa inspiración netamente bíblica fue la que acompañó siempre a Martin Luther King Jr. en su defensa de los derechos civiles. Una defensa que se articuló a partir de la no violencia y la desobediencia civil, armas que se aplicaron bajo un gran coste personal, incluso por parte de quienes, aunque procuraban conseguir los mismos derechos, consideraban que esta era una posición de debilidad y apostaban por un enfrentamiento frontal.

Sin embargo, las marchas lideradas por King en Estados Unidos fueron aglutinando cada vez a más personas, entidades y simpatías, hasta llegar a la histórica marcha a Washington y a su famoso discurso “Yo tengo un sueño”, que concluye con referencias al libro de Isaías.

PROFÉTICO ÚLTIMO SERMÓN

En los siguientes años, las tensiones que surgen y el desgaste a causa de la exposición de King lo llevan a situaciones de presión y dificultad. Sabe que es investigado por el Gobierno y las amenazas de muerte lo rodean y afectan también a su familia.

“Luther King era cada vez más consciente de que su lucha le iba a costar la vida”, reflexiona el pastor bautista John Piper en un artículo publicado en Desiring God. Tanto es así que en su predicación en una iglesia de Memphis en 1968, la noche anterior a perder la vida, Martin Luther King se había mostrado exultante: “Veo a Dios trabajando en este período del siglo XX, en la forma extraña en la que los hombres están respondiendo. Algo está sucediendo en nuestro mundo”.

Para concluir su sermón, King dejó estas palabras: “Dios ha permitido que llegara a la cima de la montaña y desde allí he visto la tierra prometida. Y es posible que no vaya a la tierra prometida con ustedes [… pero] Estoy feliz esta noche. Nada me preocupa. No temo a hombre alguno. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”.

Para José de Segovia, se puede notar en este discurso que “MLK no es ya el mismo joven de las dudas de fe iniciales de su vida pública, fruto de su educación teológica liberal, sino que las crisis y la fragilidad lo han llevado a sostenerse aferrado a la esperanza en Dios y en la misión, con sus defectos y contradicciones, luchando contra el pecado del racismo. Sin duda, fue utilizado por la providencia de Dios para dar un giro a la situación injusta del pueblo negro en Estados Unidos”.

“Dejando de lado su teología y sus defectos morales, Luther King fue usado por las manos poderosas de la Providencia para cambiar el mundo”, afirma el pastor John Piper, quien reconoce que el racismo sigue estando ahí, pero este mundo de hoy “es muy distinto al mundo en el que yo crecí”, y eso es gracias “a personas como Martin Luther King Jr.”.

LEGADO QUE PERDURA

La vida de Martin Luther King ha servido de inspiración y ejemplo en la lucha por los derechos civiles con métodos pacíficos y de resistencia.

Xesús Manuel Suárez considera que podemos aprender del ejemplo de King a “someter” nuestro pensamiento a la Biblia. “No puede ser que vayamos por la vida con una mentalidad a hablar en la iglesia y otra al hablar de política. Nuestro pensamiento político debe estar sometido a lo que la Palabra nos enseña, porque la Palabra nos da respuestas a cuestiones políticas”.

Los evangélicos “tendemos a veces a fijar primero nuestra posición política y luego querer ajustar la perspectiva bíblica a esta tendencia. Creo que el camino que debemos hacer es el contrario: primero, entender la visión bíblica y, luego, desarrollar nuestro pensamiento político”.

Partiendo entonces de la Biblia, Suárez entiende que “desde nuestra mentalidad evangélica podamos construir democracia, derechos civiles, libertades, y aportarlos a la sociedad que vivimos y al medio político en el que estamos”.

King se graduó en el Morehouse College en la carrera de Sociología (Bachelor of Arts, licenciado en Letras) en 1948 y en el Crozer Theological Seminary obtuvo el grado de Bachelor of Divinity (licenciatura en Teología) en 1951. Ese mismo año, en la Universidad de Boston inició el doctorado en Teología sistemática, y recibió el grado de Doctor en Filosofía (Ph. D.) en 1955.

En 1954, King fue elegido pastor de la iglesia bautista de Dexter Avenue, en Montgomery, Alabama. Lideró el boicot a los autobuses de Montgomery en 1955, como protesta por el arresto de Rosa Parks, mujer negra que rehusó acatar las leyes segregacionistas que obligaban a las personas de color a ceder su asiento a personas blancas. La situación se volvió tan tensa que la casa de King fue atacada. El doctor King fue arrestado durante esta campaña, que finalizó con la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que declaró ilegal la segregación en los autobuses, escuelas y otros lugares públicos.

Continuando con la lucha pacífica, en 1957 King participó en la fundación de la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano (SCLC, siglas en inglés), un grupo creado para organizar el activismo por los derechos civiles.

King continuó liderando la organización hasta su muerte, una posición criticada por el más radical y democrático Comité de Coordinación Estudiantil de la No Violencia. El SCLC obtuvo esta afiliación principalmente de comunidades negras asociadas con iglesias bautistas.

NOBEL DE LA PAZ

King fue un defensor de las filosofías de la no violencia y la desobediencia civil, usada satisfactoriamente en la India por Gandhi, y aplicó esta filosofía a las protestas organizadas por la SCLC.

La respuesta racista desde diferentes entornos a las marchas pacíficas creó una ola en pro de los derechos civiles en la opinión pública, lo que fue clave para la aprobación de los derechos civiles a principios de la década de 1960.

El 14 de octubre de 1964, King se convirtió en el ganador más joven del Premio Nobel de la Paz, el cual le fue entregado por liderar la resistencia no violenta para dar fin a los prejuicios raciales en Estados Unidos.

En 1965, King empezó a expresar dudas sobre el papel de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. En febrero, y de nuevo en abril de 1967, se expresó fuertemente contra la participación estadounidense en esta guerra.

En 1968, King y la SCLC organizaron la Campaña de la Gente Pobre, en defensa de los derechos de los más desfavorecidos. La jornada culminó con una marcha en Washington, durante la que se demandó ayuda económica para las comunidades más pobres de Estados Unidos.

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