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06 de Junio del 2018

ENEMIGOS QUE NOS DESPOJAN DE LAS BENDICIONES

“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado… Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura...” Génesis 25:27-34.

  • ENEMIGOS QUE NOS DESPOJAN DE LAS BENDICIONES

Por Rev. Gustavo Martínez Garavito

Aquí se muestra a un hombre llamado Esaú, a quien se le había concedido el privilegio de ser el hijo primogénito. Este recibiría una cantidad de beneficios, pero por cierta debilidad en un momento de su vida lo menospreció.

I. El cansancio, un enemigo

Pablo dice “... que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Heb. 12:3). La Iglesia está realizando tanta actividad que no le queda tiempo a veces de descansar o de buscar a Dios como se debe, y tanto activismo puede hacer que se caiga en el cansancio en que muchos otros han caído. Esaú estaba cansado, hambriento, desesperado.

Esaú despreció lo que Dios le había otorgado, dándole poco valor a la bendición de Dios, y en un momento la perdió.

El cansancio puede afectar su vida espiritual, porque dejará de orar, dejará de prepararse para esta batalla espiritual. Aunque se muestre como un hombre de inspiración, un hombre activo, vivo, el cansancio puede llevar a muchos a dormirse cuando van a orar. En Isaías 40:28-31, encontramos que Dios “... No desfallece, ni se fatiga con cansancio… El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene… pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

II. La ansiedad, otro enemigo

“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado…” (Gn. 25:29). Esaú vino del campo cansado, pero a ese cansancio se le sumó otro enemigo, y esa es la ansiedad, que es el afán, es la desesperación. La ansiedad es nociva, nos limita la mente, nos limita la visión, nos priva de lograr lo que realmente deseamos, nos priva de seguir adelante, nos priva el ánimo, nos paraliza.

El Señor dice en Mateo 6:25-34: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir… ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas... Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán...”.

El afán es una demostración de desconfianza en el Señor. La ansiedad también es un estado de inquietud interior. Por eso, afanarse o preocuparse en demasía es peligroso. ¿Qué nos puede ayudar para no caer en la desesperación? La fe, la paciencia, el saber que todo tiene su tiempo, y que todo está bajo el control de Dios. Tenemos que esperar como el labrador, que hoy siembra la semilla y tiene que esperar un periodo de tiempo para que esa semilla dé fruto (2 Ti. 2:6).

Cuando Esaú cae en la ansiedad, le dice a Jacob: “Te ruego que me des a comer...”. Las palabras “te ruego” están demostrando su desesperación. Hay líderes que al día siguiente quieren tener todo lo que otros, después de muchos años, han logrado edificar. No se afane, todo tiene su tiempo, deje que Dios le prepare, y que adquiera estabilidad en todos los aspectos.

III. La seducción, un enemigo más

“Dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado.” (Gn. 25:30). Esaú pidió de comer, lo vio atractivo. La seducción significa fascinación, atracción. “No diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” (Stg. 1:13-14). La seducción es como un imán fuerte, potente, que comienza a atraer los metales; en el caso nuestro la seducción comienza a atraer lo que hay dentro de nuestro corazón. Cristo dijo: “Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.” (Mt. 6:21). Debemos tener mucho cuidado, porque podemos ser seducidos por el sexo opuesto, podemos ser atraídos al amor por el dinero, podemos ser atraídos al prestigio, etcétera.

IV. La falta de visión, es otro enemigo

“Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu progenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” (Gn. 25:31-32). Así hay mucha gente a la que el cansancio, la ansiedad o la seducción le han quitado la visión.

Hay mucha gente que está siendo víctima de la indiferencia, no les importa vivir sin visión, sin proyección. A estos no les importa la asistencia, lo que les importa es el dinero; no se están proyectando en el campo espiritual ni en el campo ministerial, se están proyectando en el campo material. La falta de visión está impidiendo el crecimiento espiritual ministerial y de las congregaciones. Por eso hay muchos que caen en adulterios, y muchos que se roban el dinero de la Iglesia.

V. Esaú menospreció las bendiciones de Dios

“Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.” (Gn. 25:34). No le importó sino comer y beber.

El hecho de que ahora no tenga comida, y que esté pasando por momentos difíciles no quiere decir que se va a morir, y que todo el tiempo va a tener hambre, no quiere decir que todo el tiempo va a tener frío o calor; ya vendrán momentos diferentes, eso no es tan importante, lo importante es la vida que uno tiene en Dios.

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