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10 de Julio del 2018

¿Qué piensa Dios del sexo?

La Biblia tiene una noción muy elevada de la sexualidad humana. Dios ha diseñado la expresión sexual para que se lleve a cabo entre un hombre y una mujer en el contexto de una relación de amor permanente. No es como la enfocan muchos modelos seculares que ven la sexualidad humana simplemente como un impulso instintivo, físico y de procreación.

  • ¿Qué piensa Dios del sexo?

David Jeremiah (*)

El Cantar de los Cantares, libro del Antiguo Testamento de la Biblia, tiene una noción muy elevada de la sexualidad humana. Este libro narra cómo Salomón conoce a la sulamita, la corteja, sale con ella, le pide que se case con él y la lleva a Jerusalén para la boda. En el capítulo 4 de este libro, la boda ya se ha realizado y la luna de miel ha empezado. Ahora bien, en el capítulo 4, versículos del 1 al 7, y en el capítulo 5, versículo 1, hay toda una serie de principios que observamos en esta pareja.

LA PREPARACIÓN

Empezamos con la preparación para la intimidad sexual. En el capítulo 4, los versículos 1 y 7 anotan las palabras de Salomón: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía, he aquí que tú eres hermosa” (v. 1a); “toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha” (v. 7). Le dice a la sulamita tres veces lo hermosa que es. En hebreo sus palabras son: “Tú eres exquisitamente hermosa”. En el versículo 7, Salomón le dice a la sulamita que en ella no hay mancha alguna, que no hay defecto. En los versículos del 1 al 6 hay una continuación del canto de Salomón y él elogia ocho partes diferentes del cuerpo de su esposa.

1) Ojos. “Tus ojos entre tus guedejas como de paloma” (v. 1b). La palabra “guedejas” se traduce como “velo”, una referencia a la energía suave, chispeante, que él vio en los ojos de ella. En las bodas hebreas antiguas, la novia llevaba un velo.

2) Pelo. “Tus cabellos como manadas de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad” (v. 1c). Cuando él menciona a Galaad se refiere a una región que alcanza más de mil metros sobre el nivel del mar y provee un paisaje imponente del mar de Galilea; en las faldas que bajan al mar de Galilea había cientos de cabras con pelo largo, ondulado y negro. Salomón le dice a la sulamita: tienes hermoso pelo negro.

3) Dientes. “Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas, que suben del lavadero, todas con crías gemelas, y ninguna entre ellas estéril” (v. 2). Cuando a las ovejas se les trasquila la lana, se le quita toda la suciedad, y la lana de la oveja queda blanca. Salomón admira los hermosos dientes blancos de su amada, era como si hubiera sido lavada. También habla de ovejas que tienen crías gemelas, indistinguibles la una de la otra; esto tiene el propósito de reflejar la simetría de la boca de la sulamita.

4) Labios. “Tus labios como hilo de grana” (v. 3a). Los comentaristas piensan que este no era el color de sus labios, sino que ella había usado algo para acentuarlos.

5) Su hablar. “Y tu habla hermosa” (v. 3b). La forma de hablar de la sulamita atraía a Salomón y mejoraba la belleza física de ella.

6) Mejillas. “Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo” (v. 3c). Esas mejillas son como un pedazo de granada, están sonrojadas con el deseo. Las granadas se consideraban afrodisíacas, eran atractivas a los ojos y agradables al gusto.

7) Cuello. “Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería; mil escudos están colgados en ella, todos escudos de valientes” (v. 4). En su analogía, él quiere decir que el cuello de ella es erguido, majestuoso y adornado con hermosas capas de joyas.

8) Pechos. “Tus dos pechos, como gemelos de gacela, que se apacientan entre lirios” (v. 5). Está hablando de la gracia, belleza y suavidad femenina.

Y como conclusión a todo esto dice: “Hasta que apunte el día y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, y al collado del incienso” (v. 6). El incienso y la mirra nos recuerdan que es un hombre que lo tiene todo, es rico, es el rey. Pero tiene una cosa en mente, no tiene nada que ver con su riqueza, ama a su mujer y espera pasar la noche de bodas con ella hasta que rompa la mañana.

El énfasis en toda esta sección es la importancia de dos cosas: tiempo y ternura. El tiempo y la ternura son muy esenciales en la preparación para la intimidad sexual.

LA EXPECTATIVA

En segundo lugar, la expectativa de la intimidad sexual. Salomón dice: “Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos” (v. 8).

Si observan, hay solamente un pronombre de primera persona en la totalidad de los primeros siete versículos. Salomón ha mencionado a su amada cinco veces y en los versículos del 8 al 12 la llama su esposa. La clave de la intimidad es la pérdida del yo de uno y el gozo del otro.

Pablo deja muy en claro: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:4). El matrimonio es dejar a un lado nuestro yo y comprender que es asunto del gozo de atender las necesidades de la vida del cónyuge.

“Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano” (vv. 9-11). Salomón empieza diciendo a su esposa que ella ha prendido y apresado su corazón. La palabra significa “robado”. Esta mujer le ha robado el corazón a Salomón, el amor de él por ella lo ha cautivado, su corazón se ha prendado de ella, ella lo tiene.

Llama a su esposa hermana. En la cultura del antiguo Cercano Oriente, “hermana” era una expresión de afecto y amistad íntima, no eran simplemente amantes, eran amigos.

En el versículo 10 leemos que Salomón está embelesado con la fragancia de su esposa. Después de la vista, para el hombre, está la fragancia. Una mujer sabe que tiene gran poder sobre un hombre por la forma en que se ve y luego se frota un ápice de perfume detrás de las orejas, y eso añade al romance.

El versículo 11 dice: “Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano”. Salomón le dice a la sulamita que sus labios destilan dulzura como la del panal, y que hay leche y miel debajo de su lengua. Salomón halló gozo inmensurable en los besos hondos, prolongados e íntimos de su esposa. Finalmente, la sulamita añade perfume no solo a su cuerpo, sino también a su ropa. Todos los sentidos: gusto, tacto, olfato, vista y oído han jugado un papel en esta sinfonía sensual en el dormitorio.

LA APRECIACIÓN

En los versículos del 12 al 15, de nuevo Salomón es quien habla y dice: “Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada” (v. 12). Salomón expresa su apreciación por la virginidad y pureza de la sulamita, la describe como huerto cerrado, como fuente cerrada y como fuente sellada. Ella se ha guardado para su esposo.

Luego él pasa a decir en los versículos 13 y 14: “Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, de flores de alheña y nardos; nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas”. Vuelve al cuadro del huerto y describe a su esposa como un exótico arreglo de frutas, flores, plantas, árboles y especias. Ella es atractiva para él.

En el versículo 15, dice: “Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano”. Salomón vuelve a la idea de la fuente que ya ha mencionado en el versículo 12. La sulamita se ha entregado sin ninguna reserva a su esposo, el deseo por Salomón ha sido dejado en libertad, es como un manantial de agua viva.

LA SATISFACCIÓN

En el versículo 16 se expresa el deseo por intimar; ahora habla la sulamita: “Levántate, Aquilón, y ven, Austro; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta”.

Dos veces la sulamita les ha dado una advertencia a sus amigas, allá en el capítulo 2, versículo 7, y de nuevo en el capítulo 3, versículo 5, tenemos exactamente el mismo versículo, dice: “Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no des- pertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera”. La sulamita les dice a sus amigas: no tengan esta intimidad antes del tiempo apropiado.

En el capítulo 4, versículo 16, usa las mismas palabras, le dice: “Levántate, Aquilón, y ven, Austro; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas”. Ella invita a Salomón a que venga y la posea, ella ha esperado por este momento.

Llegamos al capítulo 5, versículo 1, y notamos que se disfruta del deleite de la intimidad. Salomón responde a la invitación de su flamante esposa y dice: “Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; he recogido mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido” (v. 1a). Salomón la llama “mi huerto”, y ocho veces usa el pronombre personal de primera persona: mi. Su matrimonio ha sido consumado, son una sola carne, se pertenecen el uno al otro. Esa es la noche de bodas.

Ahora, las últimas palabras de este primer versículo, del capítulo 5, son esenciales: “Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados” (v. 1b). ¿Qué es lo que esto quiere decir?, ¿quién está hablando? No pueden ser los amigos, ellos no saben nada de lo que sucedió esa noche. Los estudiosos de este libro piensan que estas son palabras de Dios expresando su aprobación de esta relación y de este tiempo de intimidad.

Dios no se molesta porque tengamos una relación física, hombre y mujer, dentro del matrimonio. Fue Dios quien envió a su creación un día al mundo con un solo hombre, y dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Es más, los matrimonios que sirven a Dios tienen la mejor experiencia sexual de todo el mundo. ¡Esa es la verdad!

(*) Doctor en Teología por la Universidad Cedarville College.

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