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02 de Agosto del 2018

AVANZANDO SIN PRISAS NI PAUSAS

Pese a las enormes tensiones en el Medio Oriente, la Iglesia del Movimiento Misionero Mundial en Israel continúa creciendo y salvando muchas almas para Cristo. Cada día los fieles demuestran su fe y valor para cumplir el propósito de Dios en la tierra escogida.

  • AVANZANDO SIN PRISAS NI PAUSAS

Entrevista por Susan Amau

El pastor Tomás Córdova Zavaleta, misionero peruano de padres judíos, encargado de la Obra en Israel, nos habla de las maravillas del Señor en el país bendito después de estar más de 10 años trabajando junto con su familia y un grupo de hermanos, los que han dedicado su vida al Señor.

¿Dónde se inició la Obra del Movimiento Misionero Mundial en Israel?

Al comienzo estuvimos en Tel Aviv, después nos mudamos a Ramla; luego, a Beer Sheva, y nuevamente estamos trabajando en Tel Aviv. Ahora, el Señor nos abre las puertas en distintos lugares para predicar la Palabra de Dios.

¿Cuál es la situación de la Iglesia en Israel?, ¿cuáles son sus mayores problemas y dificultades?

Dificultades hay muchas, pero también hay victorias en el Señor. A pesar de las circunstancias, no hemos mirado las dificultades con mucha seriedad porque significaría una derrota. En primer lugar, Israel es un país que no tiene libertad de culto, no hay libertad para poder hacer actividades al aire libre, predicar por las calles o tocar las puertas para llegar a las personas; por eso el trabajo es un poco distinto. Se podría decir que de lo que más adolecemos, si se quiere usar ese término, es de la falta de obreros, hombres de Dios que estén comprometidos con la Obra del Señor.

¿Cuántas iglesias existen hasta el momento?

Hasta ahora tenemos dos. Estamos en Ramla y Beer Sheva. Asimismo, tenemos campos blancos en Tel Aviv y otros lugares, como Ashkelon, en Jerusalén, en Jaffa y ciudades a las que accedemos con la ayuda del Señor. Hace poco llegó el pastor Wilson Santillán y su esposa para ayudarnos en la Obra. Allá necesitamos apoyo permanente, ya que salimos a visitar y evangelizar de una manera muy personal. Por la distancia, a veces viajamos muchas horas, y cuando llegamos al culto, debemos hacerlo a toda velocidad para no perder nuestro transporte.

¿Existen problemas de persecución?

En cierto sentido, sí. No hay libertad de culto, hay mucha intolerancia y, en algunos casos, cuando hemos intentado hacer actividades al aire libre nos han agredido; en mi caso, por ejemplo, hasta me mandaron a la cárcel, pero gracias al Señor permanecimos firmes y salí libre.

Entonces, ¿legalmente está prohibido difundir el Evangelio?

No está firmado, pero las personas que gobiernan el lugar hacen lo que quieren. Una vez, por ejemplo, fueron a una congregación en pleno bautismo, agredieron a la mayoría de los participantes y acusaron al pastor. Después, se fueron hasta el tribunal y encima ganaron el juicio. A otro pastor le llevaron un regalo; cuando su hijo menor lo abrió, era una bomba.

¿Cuánto tiempo estuvo preso?

Solo tres días; se legalizaron algunos documentos y ahora estamos en regla. En ese aspecto no hay problema, pero siempre tenemos limitaciones porque no podemos realizar la labor que aquí se hace, como una al aire libre, por ejemplo. Todo ese tipo de actividades las desarrollamos de modo distinto para poder llegar a las almas. También visitamos los hospitales y trabajamos con las personas de la tercera edad; como están enfermas, nadie prohíbe que escuchen el Evangelio.

¿Cuántos son en la Iglesia?, ¿tienen acceso a algún medio de comunicación, una radio o algún programa?

Somos alrededor de 50 personas. Tenemos visitantes de otros concilios también. Por ahora no contamos con ningún medio, están prohibidos en el país; por lo tanto, no hay permiso para realizar esa labor. La evangelización es directa, cara a cara.

Cuando hablamos de persecución, ¿cuál es el sector que más los persigue, el Gobierno en sí o algún grupo religioso como los musulmanes? ¿Cómo afronta la Iglesia ese clima de violencia?

Mayormente, los grupos religiosos. El problema, sobre todo, es de índole bélico. Para nosotros es casi normal, no nos afecta porque el pueblo ha asimilado la situación. Permanecemos juntos y nos reunimos para orar todos los días, con el propósito de que haya paz, como dice la Biblia en Salmos 122:6-9: “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros, diré yo: La paz sea contigo. Por amor a la casa de Jehová, nuestro Dios, buscaré tu bien”.

¿Ha escuchado casos de musulmanes convertidos al cristianismo?

Sí. Tuvimos la oportunidad de conocer al primo de Sadam Husein. Nosotros estábamos visitando algunos lugares, y tuvimos la oportunidad de predicarle en la calle; entonces, nos invitó a su casa y nos presentamos con nuestra Biblia en árabe porque hay que predicarles en su idioma. Me acuerdo que aceptó a Cristo. Fue una victoria. Probablemente, ahora está escondido. Otro es el caso del guardaespaldas de Yasir Arafat, que se convirtió al cristianismo Y así, hay muchos casos como esos, en los que han aceptado al Señor.

¿Usted también predica en hebreo? ¿Su vida ha corrido peligro alguna vez?

Si hay necesidad de predicar en hebreo, se predica en hebreo. Literalmente, que nos hayan atacado a muerte, no, pero en una ocasión, estando en un parque, nos atacó una turba de árabes que supuestamente eran nuestros amigos, ya que compartíamos alimentos con ellos. En esa ocasión perdieron los papeles, nos golpearon con palos y piedras, pero salimos libres gracias al Señor. Eso sucedió hace 10 años; lo realmente hermoso fue que a pesar de haber recibido tantos golpes estábamos en perfecto estado, sin dolor.

¿En estos últimos tiempos hay esos incidentes?

Claro que existen. Y mucho más todavía. Con todo el odio que tienen sobre el problema de Jerusalén, la situación es más tensa. Antes, por ejemplo, los terroristas venían de afuera; ahora, ellos están adentro. La situación se ha complicado. Una mañana, por ejemplo, mi esposa iba a tomar un bus para ir a su trabajo, pero antes de subir se entretuvo con una señora y el vehículo explotó. El Señor la cuidó, pero mucha gente murió ese día. Sin embargo, eso no nos ha asustado ni nos asusta, seguimos adelante sirviendo al Señor.

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