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05 de Octubre del 2018

LA ÉTICA PROTESTANTE DEL TRABAJO Y DEL BIENESTAR

La idea de Martín Lutero del “sacerdocio de todos los creyentes”, hizo añicos la estricta separación entre lo “secular” o lo “mundano” y lo “espiritual”, que era una idea común en la Iglesia antes de la Reforma.

  • LA ÉTICA PROTESTANTE DEL TRABAJO Y DEL BIENESTAR

Por José Hutter

La Reforma preparó el camino para lo que se llama la “ética protestante del trabajo”. A partir de entonces, ya no se vieron más las profesiones seculares como inferiores a la vida contemplativa de los monasterios o al ministerio de un sacerdote. Dios podía ser glorificado en cualquier tipo de trabajo honrado.

Este concepto y otros más llevaron al progreso industrial y la prosperidad más avanzada jamás conocida en la historia. Los emprendedores y negocios más dinámicos se encontraron en la Holanda calvinista y en Inglaterra.

Max Weber, en su famoso libro La ética protestante y el espíritu del calvinismo (1905), atribuyó la revolución capitalista al calvinismo con su austeridad y su ética de trabajo.

Calvino, además, defendió el derecho a la propiedad privada, enseñó el concepto bíblico de ser administradores de Dios, promovió la competencia libre y la prohibición de intereses abusivos, aceptando la posibilidad de cobrar intereses razonables. Como resultado queda una sociedad con libre comercio que ha generado los niveles más altos de vida y el progreso más grande jamás visto en la industria y la medicina.

Mientras que el ideal por alcanzar en nuestra sociedad hoy en día es trabajar lo menos posible y ganar lo máximo, la ética del trabajo en la tradición judeo-cristiana es glorificar a Dios.

EL TRABAJO Y LA BIBLIA

El trabajo antiguamente empezaba con la salida del Sol y duraba hasta su ocaso (Salmo 104:22-23). En el Nuevo Testamento vemos que era posible encontrar gente que buscaba trabajo todavía a las cinco de la tarde (Mateo 20:1-16). La misma parábola también nos enseña que el dueño de la viña podía tratar a los obreros de forma desigual. No iba en contra de la ley. Podía pagar a cada uno el importe que deseaba.

Esto quiere decir que la jornada laboral en el marco bíblico, tanto del AT como del NT, es de unas 12 horas, los seis días de la semana. Por supuesto, hubo también en Israel épocas festivas en que la gente no trabajaba.

Hay que constatar claramente que aquel que aboga por una semana de trabajo de 40 o 35 horas no puede apoyarse en la Biblia y está simplemente recitando demandas que vienen de una ética humanista/ideológica que nada tiene que ver con la enseñanza bíblica.

La forma de ganar dinero es trabajar y para el creyente es un privilegio. El trabajo del hombre se compara directamente con la obra creadora de Dios y lo mismo ocurre con el día de descanso (Deuteronomio 5:13).

La forma bíblica de ganarse la vida es trabajar. Nos damos cuenta de que el vago no llega a ninguna parte (Proverbios 13:4). El trabajo duro tiene la bendición de Dios (Proverbios 14:23). La meta del creyente es no depender de otros económicamente (1 Tesalonicenses 4:11-12).

Pablo tiene palabras duras contra los que viven a costa de otros. En 2 Tesalonicenses 3:10 escribe que esas personas ni siquiera tienen el derecho a comer.

El creyente es productivo y de esta manera imita a su Dios. Vivir una vida que produce nada no es la voluntad de Dios (Tito 3:14).

En consecuencia, la fe cristiana no habla de un igualitarismo o algo como un socialismo cristiano. No existe tal cosa. Los ejemplos que siempre se citan de los evangelios o del libro de los Hechos (vender todo y darlo a los pobres, tener todas las cosas en común) eran simplemente medidas de estrategia o de emergencia en una situación concreta.

La Biblia no se opone a que una persona gane incluso más de lo que necesita, siempre que esto ocurra con medios honestos.

Muchos creyentes, a lo largo de la historia, entendieron que correspondía al espíritu de las enseñanzas de Jesucristo el vivir una vida modesta. Esto llevó, en los tiempos de la Reforma, a muchos empresarios que habían abrazado las doctrinas de Lutero y Calvino a empezar a reinvertir las ganancias de sus negocios de nuevo en sus empresas y quedarse solamente con una ganancia modesta. Este fue uno de los factores decisivos para el gran éxito de las naciones calvinistas, como Holanda, en el comercio.

Esa ética del trabajo incluye unos principios muy sencillos que hoy por hoy siempre llamarán la atención en una sociedad en que prevalecen el engaño y la chapuza: el empresario que cumple sus promesas y entrega su producto al precio convenido, a la hora fijada y en las condiciones establecidas llamará la atención. Porque el trabajo honesto y bien hecho hoy por hoy es un reclamo excelente para el que lo hace y por extensión para el Dios al que sirve. Un cliente satisfecho vale más que todas las campañas publicitarias.

El ideal cristiano no es trabajar lo menos posible, sino usar el trabajo para la gloria de Dios.

Fuente: http://protestantedigital.com/blogs/45329/La_etica_protestante_del_trabajo_y_del_bienestar

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